Gracias, papá

ENCARNA XIMÉNEZ DE CISNEROS

A Manuel Ximénez de Cisneros Muñoz de León.

TENÍAS ya relación con esta ciudad antes de que un granadino, mi marido, me trajera a vivir a ella. Cada temporada, como jefe de excursiones de la Cruzcampo, visitabas con el grupo -y trajiste muchos- las nieves de la sierra y nuestra maravillosa Alhambra.

Luego has podido vivir días inolvidables, de Semana Santa, fiestas, amigos y, sobre todo, esa jura de bandera con la que cumpliste uno de tus sueños y, además, con tu familia.

Lo merecías por tu trayectoria. Tantos años en la fábrica de cerveza formando parte de la estirpe Ximénez de Cisneros; tu labor como secretario del Colegio Andaluz de Entrenadores de Fútbol -de ahí vendrá mi afición futbolística- ; tu buen hacer en cualquiera de los trabajos, muchos, que has realizado para sacar adelante a tu familia en años no fáciles. Luego disfrutaste de la jubilación y eso me alegra. Y con orgullo de ser medalla de la Orden de Cisneros y muchos otros reconocimientos que recibiste en vida.

Te has ido con la misma serenidad con la que viviste. Lleno del calor de tus cuatro hijos y sabiendo que mamá, en la nube del 'alemán traicionero' no sufre. Ya nos ocuparemos de ello.

Te has ido con el cariño de tus nietos, de tu primer biznieto -Alexander- y la alegría del segundo -la segunda- que viene de camino -Irene- y que será ya tu lazo definitivo de esta Granada a la que has querido mucho más desde que supiste lo feliz que me siento aquí.

Has sido un gran marido y un gran padre. No has dudado nunca en renunciar a todo por nosotros y has creado una gran familia, la que hoy te llora porque la ausencia es dolorosa, pero que también se siente feliz de los años que te hemos tenido, guiándonos.

Una vez nos dijiste que te preocupaba no haberlo hecho bien, y te contestamos que ningún padre tiene un manual debajo del brazo. También yo, después de despedirte, me he preguntado si fui la hija que tú te merecías. Espero que sí y, en caso contrario, sé que allá donde estés lo vas a disculpar.

Te hemos dicho un hasta luego, porque siendo verdad que nadie muere mientras se le recuerde, tú estás más presente que nunca. Porque tu amor, tu huella, tu ejemplo siempre nos acompañará.

Se me ocurren muchas cosas, pero esas ya te las dije antes de partir. Y también mis hermanos, el mejor legado -con sus familias respectivas- que me has podido dejar.

Hoy, mi 'Mirilla' tiene una sola negrita. La tuya, papá. Y no por luto, sino por orgullo.

Te querré siempre.

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