A Santiago en bicisilla

BEATRIZ CORRAL

Una fuerte meningitis a los 7 años provocó que Iñaki Gandía perdiera parte de sus piernas y tuviera que aprender a caminar con prótesis. Dos décadas después, la adaptación de este treintañero vitoriano es tal que ha emprendido todo un reto deportivo y personal.

Junto a Asier Domínguez, que padece una ligera paraplejia, y otros dos integrantes de una fundación dedicada a fomentar el deporte de personas con discapacidad realizan parte del camino de Santiago. Recorrerán los 400 kilómetros comprendidos entre la localidad palentina de Carrión de los Condes y la capital coruñesa, a razón de 40 kilómetros diarios.

Y lo hacen de una forma, cuando menos, original, ya que sólo utilizan la fuerza de sus brazos. Para ello, Iñaki y Asier han diseñado un práctico vehículo de doce kilogramos de peso y formado por una silla de ruedas adaptada para jugar al baloncesto y la parte delantera de una bicicleta. El invento, en el que han trabajado durante tres años y han denominado 'bicisilla', les permitirá subir las cuestas y superar los baches del camino con relativa facilidad. «Las bajadas son muy divertidas, hemos alcanzado los 50 kilómetros por hora, pero puedes llegar hasta los 60», reconoce Iñaki.

Muy preparados físicamente -llevan entrenando desde hace dos meses una media de tres veces por semana-, el apartado psicológico es otro cantar. «Aún estamos en ello, es un reto duro, con todos los puertos y cuestas que vamos a encontrar. Lo mejor es bajar la cabeza y seguir la carretera», apuntan con humor. Como incentivo, un poderoso motor para vencer todos los obstáculos: el de la ilusión. «Es la ruta más preparada, está muy estudiada y hay información de todo tipo», reconocen.

Claro que habrá que esperar a vivir esta experiencia antes de lanzarse a nuevas aventuras. «El año que viene igual lo hacen entero», sugirió el vicepresidente de la fundación Zuzenak, Roberto Galdós, ante las miradas circunspectas de sus compañeros. «Tienen un mérito terrible, 40 kilómetros diarios, son unos 'machacas'», reconoció a renglón seguido, antes de animarles y desear «que les vaya todo muy bien, su motivación es muy fuerte».

A la espera de la patente

Mientras Iñaki y Asier se lo piensan, también tienen tiempo para valorar la posibilidad de patentar su novedoso diseño. «Aún no nos lo hemos planteado, pero tampoco lo descartamos», reconocieron. Toda una prueba de fuego para un vehículo que surgió a raíz de preguntarse «cómo entrenar al baloncesto sin la limitación de las canchas y así poder hacer ejercicio físico por los caminos y otras zonas».

Desde entonces, es fácil verlos a bordo de este artilugio por los bicicarriles vitorianos. Hasta han corrido maratones como la de Martín Fiz, que concluyeron en tres horas y dieciocho minutos. Que tiemblen los corredores.