El eterno alcalde pedáneo

Antonio Álvarez desempeña su cargo de forma altruista en su pueblo de Cojáyar desde 1979

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Antonio Álvarez, en un rincón de Cojáyar, anejo de Murtas, al que ha dedicado parte de su vida./
Antonio Álvarez, en un rincón de Cojáyar, anejo de Murtas, al que ha dedicado parte de su vida.

Antonio Álvarez se ha convertido en uno de los alcaldes pedáneos más veteranos de España. Antonio nació hace 67 años en Cojáyar (anejo de Murtas desde 1927), y desde 1979 ejerce como alcalde pedáneo en su pueblo sin cobrar nada a cambio. A Antonio Álvarez lo designó primeramente, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Murtas, presidido por Cecilio Martín (padre), que primeramente perteneció a la UCD, después al un grupo independiente y después al PP. Martín ejerció de alcalde 16 años. En la actualidad es teniente de alcalde con su hijo, que se llama como él, y que es el alcalde de Murtas desde que sustituyó a su progenitor.

Según Antonio Álvarez «cuando en un principio fui concejal y alcalde pedáneo de Cojáyar, el pueblo que ahora tiene unos cien habitantes y que antes tenía muchísimos más, carecía de saneamientos, agua potable en las viviendas, carretera de acceso, farolas, etcétera. La luz eléctrica era muy pobre, era monofásica y fallaba más que una escopetita de plomos de una caseta. Y la verdad es que con la ayuda de nuestro alcalde, Cecilio Martín, se fue subsanando todas las carencias para que los vecinos vivieran mejor y con más comodidades».

Nunca ha cobrado

Antonio Álvarez asegura que nunca ha cobrado por ser alcalde pedáneo. «Yo sigo siéndolo sin percibir remuneración alguna. Yo me apaño con mi trabajo, con mis fincas y si sigo siendo el alcalde pedáneo de Cojáyar es porque quiero mucho a mi pueblo y porque el actual alcalde, hijo del anterior alcalde, me lo pide cada vez que gana las elecciones municipales. En un principio, recuerdo que tenía que ir andando, recorrer unos siete kilómetros por trochas y caminos (entre la ida y la vuelta) para asistir a los plenos en Murtas. Por aquellos entonces a Cojáyar no se podía llegar en vehículo. Sólo había un camino de tierra».

Antonio Álvarez pudo ir a la escuela. A corta edad comenzó a ayudar a sus padres, Manuel y Trinidad que tuvieron cinco hijos. Antonio hizo el servicio militar en Zaragoza. A los 24 años se casó con Isabel y fruto de esa unión nacieron Isabel y Antoñita. Antonio es en gran devoto del patrón San Antonio. Sobre la imagen de San Juan asegura que, y según le aseguró un anciano llamado Luis «cuando en la Guerra Civil la quemaron en la puerta de la iglesia unos republicanos, la cabeza de San Juan, como por arte de magia, dio tres votes mientras ardía».

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