Discapacidad y buen ritmo

El teatro José Tamayo muestra las habilidades escénicas del recién creado grupo SuperarT, formado por alumnos con síndrome de Down

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COMO para cualquier buen espectáculo, los asistentes se aglomeraron en la puerta del teatro José Tamayo con una hora de antelación. Los alumnos del Taller de Artes Escénicas y Discapacidad no se hicieron de rogar y comenzaron su Psico ballet, de forma puntual, con más de la mitad del aforo lleno.

«Sí, sabíamos que este espectáculo era hoy y por eso hemos venido», comentaban dos amigas en la puerta del Teatro, «además nos ha parecido una idea muy positiva», añadían. No era para menos, este año, como bien explicó Susana, una de las trabajadoras de la Asociación Síndrome de Down, «ha venido un profesor iraní y hemos tenido la oportunidad, para darle más vida al espectáculo, de trabajar la danza y la percusión simultáneamente». Otros años este evento ha sido un éxito y «sin duda este también lo será», decía sonriendo la trabajadora.

Como en las grandes representaciones teatrales la voz de megafonía anunciaba al público el inicio de la interpretación. Un miembro del equipo de profesores del Psico Ballet, que realizó el papel de presentador, explicó que «el espectáculo es el resultado final de un taller de voz, ritmo y discapacidad impartido en seis días». Distintos tipos de música con una adecuada iluminación, cambiante según la tensión del momento, preparaban a los espectadores para sentir «algo que hemos creado con esfuerzo e ilusión», añadió el presentador.

Mucha gente joven, muchos niños y también, padres, madres y abuelos orgullosos de sus nietos. «Qué te digo yo, como padre pienso que mi hijo es un artista, le encanta la música y en cuanto oye algo se pone a inventar coreografías», comentaba un padre orgulloso. «He venido a ver a mi hermano», apuntaba una joven espectadora, «yo no estoy nerviosa, pero él sí, mucho», decía. Esta vez muchos de los presentes no venían como asistentes al Fex, así lo aseguraba una mujer que afirmó que su presencia se debía «al compromiso social que implica; hay que aplaudir a estos jóvenes que con tanto entusiasmo luchan cada día».

Los alumnos del taller salían acompañados de bailarines guías que marcaban los pasos con las indicaciones pertinentes. Una de las coreografías, que abrió con el mensaje «cuando duermo me siento yo, me siento grande», con ritmos de nana, transmitió a los espectadores las «dificultades que tienen estos jóvenes para afrontar la vida».

El espectáculo sirvió también para dar la bienvenida al nuevo grupo de la Asociación Granadina de Artes Escénicas, SuperarT, que se inauguró sobre el escenario con un público muy volcado.

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