Los ases del oro

En el pueblo asturiano de Navelgas la búsqueda artesanal de oro es una suerte romántica En julio se celebran allí los campeonatos del mundo en un ambiente multicultural

PEDRO TOUCEDA

LA noticia de que se puede encontrar oro en Asturias no es nueva, pero tampoco está muy extendida. «Haberlo, haylo», nos dice un paisano que se sostiene en su cachava, mientras contempla el trote bullicioso del río Navelgas, en la localidad del mismo nombre perteneciente al Concejo de Tineo. Sin embargo, a los menos avisados y a los más dispuestos conviene anticiparles que no existe en una cantidad importante como para desatar «ni mucho menos» una nueva fiebre del oro como la vivida en California a mitad del siglo XIX y que tan bien narraran escritores como Mark Twain o Jack London. El romance de las tierras astures con el preciado metal viene de antiguo, pues ya los romanos supieron de la riqueza aurífera de ciertas zonas de la Península y realizaron una explotación sistemática de distintos yacimientos, incluidos los que se encontraban en Navelgas.

«El método que utilizaban los romanos para arrancarlo de las extrañas de la tierra era el llamado 'ruina montium' (derrumbe de los montes) -cuenta el pintor Manolo Linares, uno de los impulsores de las actividades de esta villa-. Consistía en oradar las montañas formando una gran red de galerías y pozos por la que posteriormente se introducía agua para provocar el total derrumbamiento del monte. Así se lograba llegar de una sola vez a los lugares que contaban con más oro».

Parece ser que los romanos no dejaron mucho por la zona, pues los intentos más recientes de algunas empresas por explotarlo, como sucediera con Aurífera Asturias en los años cincuenta del pasado siglo, no han dado grandes frutos. Pero sí quedó en la comarca, según dicen, un recuerdo áureo y no se perdió del todo el bateo, el arte de buscar oro por los ríos de una forma romántica y ocasional.

Sin embargo, el verdadero impulsor del actual rebrote de la búsqueda de oro fue Enrique Sanfiz, antiguo empleado de Aurífera Asturias que se entregó a este arte más como una afición que como una forma de ganarse la vida. Sus hijos siguieron la tradición y hoy están entre los mejores bateadores de España.

'Sartén', pico y pala

«Antes de nada conviene aclarar que hay dos formas de bateo -explica Ismael Sanfiz-, el de río y el de competición, que no se hace en los cauces sino en unos recipientes preparados para ello. A mí, personalmente, me gusta más el de río. Eso de salir con la fresca por la mañana y perderte por los montes con tus aperos: el bateo o 'sartén', que es con lo que se batea; el pico y la pala para remover el lecho del río, el cubo y una barra de acero por si hay que romper alguna roca». Sus ojos verdes se iluminan como pepitas cuando rememora sus andanzas. «Esto es un poco como lo de ir a pescar, pero en lugar de peces, los trofeos son pequeñas partículas auríferas. No se encuentran grandes cosas, pero siempre sacas algo, sobre todo si conoces el río. Este deporte, como todo, tiene su arte y sus secretos».

En sus búsquedas nunca ha olido el fétido aliento del 'cuélebre', esa serpiente alada tan presente en las leyendas asturianas, ni ha recibido la inesperada visita de las 'xanas'. En algunos relatos sobre estas divinidades acuáticas se habla de que se aparecen a los viajeros con su imponente belleza y con animales de oro. «Yo nunca vi 'cuélebres' ni 'xanas', no creo en esas cosas, pero sí he visto nutrias, jabalíes y miles de truchas por los cauces. Esta tierra conserva una fauna muy variada».

Desde los 3 años

¿Y cuál ha sido la pieza más grande de oro que vio salir del río? «Una que no saqué yo, sino uno de mis sobrinos. Había estado todo el día por ahí bateando y recuerdo que hice una pequeña poza. El caso es que ese día tenía que ir a arreglar un asunto y tuve que dejar solo al chaval. Y fue algo prodigioso, porque en el primer cubo que metió en la poza sacó una pepita de casi 28 gramos, que creemos que es la mayor que ha salido de aquí en el último siglo».

Junto a Ismael, su hermano Luis y su sobrino Hugo, aseguran que los ríos que tienen fama de llevar oro son el Navelgas y el Bárcena, que más abajo dan cuerpo al Esva. Los tres buscadores, aunque predican su fascinación por el río, han competido en la modalidad deportiva del bateo con buenos resultados. Hugo, de tan sólo 13 años, ha ganado premios en diversos campeonatos. «Llevo bateando por el río desde los 3 años. Y la verdad es que en competición he ganado muchas medallas y trofeos. Quizá el que me hizo más ilusión fue el segundo puesto que conseguí en la categoría alevín en los Campeonatos de Europa que se celebraron aquí en 2005. Este año, por supuesto, competiré en el Mundial».

La organización de este campeonato corre a cargo de la Asociación Barciaecus de Navelgas, que preside Pedro Queipo. «A mí también me metió la afición del bateo en el cuerpo Enrique Sanfiz, y estoy al frente de la Asociación Barciaecus desde su comienzo, hace unos diez años. En todo este tiempo hemos ido subiendo muchos peldaños que culminan ahora con la celebración del Campeonato del Mundo. La Federación Internacional aglutina a 22 federaciones nacionales y nos eligió para organizar el evento después del éxito del Campeonato Europeo que tuvo lugar aquí hace tres años».

Para Queipo, el buen bateador debe tener «intuición y serenidad. El manejo del agua en la batea también es fundamental. Uno tiene que hacer una ola en ella para que se quede la pepita y se vaya la arena». Entre las piezas que «pescó» en el río, destaca una pepita de 5,5 gramos mezclada con cuarzo.

Joya engastada

¿Y cómo separan el oro del cuarzo? «No se separa -explica Queipo-. Los bateadores guardamos la pepita con la piedra madre en la que está engastada por la propia naturaleza. Para nosotros tiene más valor así. Luego estas piezas las cambiamos con bateadores de otros sitios del mundo y poco a poco uno va haciendo su colección. La mía, realizada con la colaboración de mis hijas, que también batean, cuenta con piezas de numerosos países. Los campeonatos son el mejor momento para realizar estos trueques».

En Navelgas también existe la asociación Buscadores de Oro, creada por la familia Sanfiz y que intenta promover el bateo de río. «Nosotros estuvimos en el origen de Barciaecus y siempre hemos colaborado y participado en los diferentes campeonatos -dice Luis-. Pero hace unos años vimos que era necesario potenciar también el bateo de río. Hacemos rutas para que cualquier persona, venga de donde venga, pueda batear en esta comarca. De los miles de visitantes que han pasado por aquí, ninguna se ha ido con la manos vacías».

Luis asegura que en su vida habrá recogido unos 400 gramos de oro. «Lo que pasa es que igual que viene se va. La mayoría lo he cambiado o regalado», explica.

Otro lugar de obligada visita en Navelgas es el Museo del Oro de Asturias. Situado en una añeja casona, está preñado de curiosidades acerca de este metal. «A la gente que nos visita le llama la atención muchas cosas -explica Alba Iglesias-, pero quizás una de las que más sorprenda es que con un gramo de oro de 24 quilates se pueden hacer 3 kilómetros de hilo de oro». Tirando del hilo, acabamos en el río y llega el momento crucial. En un bateo de poco más de treinta minutos, aparecen varios brillos dorados posados en la 'sartén'. Son partículas minúsculas, pero uno piensa que lucen como todo el oro de California.

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