Gallego Burín y los Festivales

ENRIQUE PÉREZ RAYA.

Sr. Director de IDEAL: Cada año, cuando aparece la publicidad del Festival Internacional de Música y Danza en Granada; cuando empiezan las representaciones y llegan las figuras internacionales, es el momento en que vuelvo a recordar, y creo que conmigo muchos granadinos, a don Antonio Gallego y Burín. Dejando a un lado la gran labor desarrollada por este granadino como alcalde, y centrándonos por estas fechas en el Festival, es motivo suficiente para recordar y reivindicar una vez más la colocación en un lugar emblemático la estatua que el Ayuntamiento de Granada encargó y se comprometió a colocar, pero que no sé dónde duerme, si a la intemperie o en un taller abandonada.

Y no podemos abandonar a una figura que desde que fue nombrado director general de Bellas Artes el 3 de septiembre de 1951, emprendió la tarea para que en Granada se celebrara el Festival Internacional de Música y Danza y que, como es sabido, la primera edición fue el 21 de junio de 1952, cuando en aquella ocasión se llamó Festival de Música y Danzas Españolas, consagrándose un año después como Festival Internacional, con la participación de figuras venidas de fuera de nuestras fronteras como Margot Fonteyn. En los sucesivos años con don Antonio Gallego y Burín como director general de Bellas Artes, el Festival Internacional de Música y Danza fue tomando una relevancia internacional sin límites.

Sólo por esto ya es suficiente que el Ayuntamiento, de una vez por todas, se decida a cumplir lo prometido y lo acordado en diversas ocasiones. No debemos olvidar que el 17/3/1995, IDEAL publicaba a tres columnas: «El Ayuntamiento dedicará el parque ubicado junto al Palacio de Congresos al alcalde Gallego y Burín». Es relevante recordar que la propuesta del alcalde socialista Quero contó con el beneplácito de la familia y de los partidos políticos con representación municipal. Y es indignante que el Ayuntamiento rechazara después la estatua y que el gobierno del PP para evitar polémicas retirara la moción en la que pedía la instalación de la escultura en el año 2001.

Mucho se ha escrito a favor de la colocación de este monumento a Gallego y Burín. Pongamos las cosas en su sitio, que se dé el paso de una vez y que la figura de Gallego y Burín ocupe un lugar de honor en nuestra Granada, a ser posible junto a la casa en la que vivió en la Plaza de Santa Ana, o en cualquier lugar de tantos como don Antonio embelleció durante su etapa como alcalde.

No esperemos más tiempo y aprovechemos ahora en vida de su hijo don Antonio Gallego Morell, darle este merecido homenaje a quien tanto hizo por Granada y por el Festival Internacional de Música y Danza que tanta fama, a nivel internacional, está dando a nuestra ciudad.

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