30 años del auditorio Manuel de Falla

JOSÉ LUIS KASTIYO

HOY hace 30 años que se inauguró el Centro Cultural Manuel de Falla, popularmente conocido como 'el auditorio'. Aquel 10 de junio de 1978 las voces del Coro 'Manuel de Falla' de la Universidad con Ricardo Rodríguez, ponían la primera música en una 'Invocatio' escrita en Granada en 1935 por el compositor gaditano. Pero fue la Orquesta Nacional de España, dirigida por Antoni Ros Marbá y Rafael Orozco como solista, quien dio vida al primer programa sinfónico escuchado en tan formidable sala de conciertos.

El hermoso edificio materializaba el homenaje permanente que nuestra ciudad quería rendir a la figura del músico que eligió Granada para vivir su más prolongada vecindad. Culminaba así una larga historia de ilusiones, florecidas de manera dispersa e inconcreta desde que el maestro muriese en Alta Gracia, Argentina, en 1946, pero que encontraron visos de realidad a finales de noviembre de 1961, a partir del estreno de la 'Atlántida' falliana en Barcelona y Cádiz. El alcalde Manuel Sola conoció entonces a María Isabel de Falla, sobrina del músico, y a su marido José María García de Paredes, a quienes comentó la próxima adquisición del carmen de la Antequeruela, en el que el compositor vivió durante cerca de veinte años, y que el Ayuntamiento compró unos meses más tarde, en 1962. Pero también les expuso su idea de construir un auditorio dedicado a Manuel de Falla, en el que la música del maestro fuese la principal referencia. Les habló de los cármenes de Matamoros, Santa Rita y Gran Capitán, colindantes al de don Manuel, que el Ayuntamiento pretendía tomar en arrendamiento como primer paso hacia su deseable compra. Esas tres fincas ofrecían suficiente superficie para un proyecto que debería ajustarse a la personalidad del compositor, a su humildad y sencillez, a su espiritualidad manifiesta. En muchas ocasiones escuché comentar a Manuel Sola que esa sala de conciertos debería ser «de una gran austeridad, casi monacal, en la que prevaleciese el blanco conventual. Incluso -decía- que en vez de butacas hubiese bancos corridos, confortables, sí, pero muy sencillos, similares a los bancos de una iglesia».

La idea ya estaba en marcha y las conversaciones con el matrimonio García de Paredes-Falla resultaron decisivas por el entusiasmo con que acogieron la iniciativa. La prueba más concluyente de ese apoyo fue el ofrecimiento de ceder los muebles y enseres del maestro, depositados en Granada desde que la vivienda fuese desmontada por sus amigos conforme a sus deseos; y lo que constituía el legado más valioso del músico: sus partituras, carteles, programas, correspondencia, libros y recuerdos custodiados por su familia. Esa propuesta se materializó en buena parte en la reinstalación del Carmen de la Antequeruela, inaugurado en junio de 1965 con los valiosos y auténticos elementos que conformaban el hogar de los hermanos Manuel y María del Carmen de Falla, y se completó años más tarde al constituirse la Fundación que trajo a nuestra ciudad esa inmensa fortuna cultural que situó desde entonces a Granada como la capital del mundo Manuel de Falla.

Los cármenes de Matamoros, Santa Rita y Gran Capitán eran propiedad de la madre Cristina de la Cruz de Arteaga, heredera de sus padres los Duques del Infantado, y a quien el Ayuntamiento ya había adquirido el Carmen de Los Mártires unos años antes. En mi calidad de secretario del Patronato de la Casa Museo Manuel de Falla, que lo era desde su creación en 1965, asistí a una visita de la reverenda monja a aquellos cármenes y escuché cómo el alcalde Manuel Sola le proponía la adquisición de las fincas que el Ayuntamiento ya tenía en alquiler. Cada vez que planteaba el asunto, la inteligente madre jerónima cambiaba de conversación con una delicada sonrisa, de manera que la operación de compraventa no pudo formalizarse hasta febrero de 1972. Por fortuna, aún permanecía activo el préstamo del ministerio de Información y Turismo, concedido al Ayuntamiento con anterioridad a 1968 por importe de treinta millones de pesetas. «Esto es para mi -decía el entonces alcalde Pérez Serrabona al firmar las escrituras- una herencia de don Manuel Sola quien consiguió dicha ayuda estatal, cuya cuantía no podemos invertir en otras necesidades. Si no se construye el auditorio habrá que devolver el dinero», declaraba a la prensa.

García de Paredes realizó el proyecto, presentado al público en julio de 1974 una vez que se superaron algunos problemas de diseño exterior. Las obras llevaron un buen ritmo y todos se mostraron felices cuando aquel 10 de junio de 1978 se escuchó la primera música en la sala de conciertos, mientras una gran exposición del granadino Manuel Rivera podía contemplarse en otros espacios del Centro Cultural. Antonio Morales Souvirón, alcalde en la inauguración, había sido decisivo en su etapa anterior de concejal de Hacienda.

Al cumplir el auditorio tres décadas el Ayuntamiento anuncia su cierre para acometer inaplazables obras que solventen el acusado deterioro del inmueble. La prematura vejez que presenta urge recomponerlo cuanto antes. Pero ésta no será la primera vez que los albañiles acuden a reparar el edificio. El 11 de agosto de 1986 fue incendiado por la venganza de un ex empleado del Ayuntamiento, ardiendo la mayor parte del mismo. La preocupación y sensibilidad del alcalde Antonio Jara hizo posible que sólo diez meses más tarde pudiese sonar de nuevo la música en el auditorio recuperado. Igual programa que en la inauguración de nueve años antes volvió a honrar a Manuel de Falla, esta vez interpretada su música por dos granadinos: Miguel Ángel Gómez Martínez en el podio y Maribel Calvín en el piano, con la Orquesta de Radiotelevisión Española. Confiemos que un mejor uso y aprovechamiento del Centro en el futuro y una más acorde tarea de mantenimiento prolongue la vida activa de unas instalaciones que, por su significado cultural y sus posibilidades, deben constituir un legítimo orgullo para Granada.

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