Junot Díaz, escritor: «He ganado el Pulitzer, pero sigo siendo un completo desconocido»

El autor dominicano ha logrado este premio con su primera novela, un relato que pretende terminar con los silencios sobre la realidad caribeña

CÉSAR COCA

Junot Díaz (Santo Domingo, 1968) es la revelación literaria del año. Ha ganado el prestigioso premio Pulitzer con su primera novela, 'La maravillosa vida breve de Óscar Wao' (Ed. Mondadori), pero el escritor dominicano, afincado desde los 6 años en EE UU, asegura que ello no le aumenta la presión. «No me importa que haya millones de lectores o nadie esperando mi próxima obra», sostiene. Lo dice porque trabaja con la máxima autoexigencia. Tanta que terminar esta novela le llevó once años, ajeno a las expectativas creadas entre la crítica por su primer volumen, una colección de cuentos. En su último libro, el relato de la vida de un 'nerd' (un tipo inteligente, pero socialmente torpe y retraído) de origen dominicano en New Jersey, trata de luchar contra el tópico sobre el carácter de los caribeños y terminar con el desconocimiento que existe en EE UU en particular y en Occidente en general sobre lo que sucede y ha sucedido en esa parte del mundo. De todo ello habla con un acento suavemente arrastrado, como el de su propio personaje.

-Escribe su primera novela y gana con ella el Pulitzer. ¿Cómo ha cambiado su vida?

-Todavía no ha cambiado. Recibí ese premio y para mí es un gran orgullo, pero aún me levanto cada mañana y me siento ante el escritorio a tratar de escribir algo nuevo. El Pulitzer es un gran premio, pero no te coloca fuera del mundo. Sigo siendo un completo desconocido en EE UU y es mejor así. Vivimos en una cultura en la que la mayoría de la gente no lee. Tú puedes ganar cinco Pulitzer y eso no significa nada.

-Pero ante sus alumnos no podrá pasar inadvertido. Ellos sí sabrán que su profesor ha ganado el Pulitzer.

-No he vuelto a las clases desde entonces, pero efectivamente creo que allí será imposible pasar inadvertido.

Bajo una montaña

-¿Y eso cambia la perspectiva? ¿Saber que habrá más ojos mirándolo: de críticos, de alumnos, de lectores que esperarán su próxima obra?

-No lo sé, porque yo mismo me pongo tanta presión cuando trabajo que lo hago como si estuviera bajo una montaña. No me imagino que el Pulitzer pueda aumentar esa presión.

-No esperaba el premio, porque ni siquiera fue al acto de entrega. Así que se ha puesto el listón muy alto sin esperarlo.

-Sí, eso es cierto. Pero yo sólo puedo escribir lo que me inspira. Si hay un millón de lectores o nadie esperándome, es lo mismo. Trabajé once años en este libro, once malditos años, porque yo tengo esa disciplina. A mí no me importa si hay millones esperando el libro. Quiero hacer la novela que me interesa y esa otra vaina del público, de los críticos, no tiene nada que ver. En mi próxima novela, si tengo que estar otros diez años para escribirla, lo haré.

-En la premiada, cuenta la historia de un muchacho que está muy alejado de la imagen que la TV y el cine nos dan de los latinos en EE UU: buen estudiante, evita meterse en líos, sin el menor éxito con las mujeres... ¿Quiso hacer literatura del antihéroe?

-En la misma comunidad dominicana, nosotros tenemos una imagen muy fuerte del varón. Como yo lo veo, un 'nerd' no es un personaje muy reconocido entre nosotros. En los EE UU los dominicanos son peloteros, mujeriegos, músicos, machistas... Quería tratar de combatir, romper ese estereotipo. Pero no fue la única razón por la que quería escribir sobre Óscar. En la cultura dominicana y en la de EE UU hay un silencio sobre estas figuras. Pensé que una novela sobre estos temas podría ser muy útil.

-¿Cuando habla sobre silencios se refiere a que esos estereotipos del cine y la TV están ocultando la realidad de los latinos?

-Hay otros silencios mayores: en EE UU, el Caribe casi no existe. Es un lugar de playa, donde uno va a gozar, a beber, a buscar morenitas, y fuera de eso no existe. Pero el Caribe es donde está el origen del Mundo Nuevo. Y en cambio, hay un gran silencio sobre las dictaduras, las masacres, el racismo, que también está en EE UU. Hablar de eso era para mí el tema más importante.

Diversidad literaria

-¿El mayor mérito de la literatura es hacer interesantes las vidas normales?

-No siempre es así. Yo quería hacerlo en esta novela, pero no es un criterio estético. Vale la pena, pero en otras novelas el autor puede escribir sobre un personaje del siglo XV, y también eso está bien. No soy un fanático. No apoyo sólo una estrategia para la escritura. Hay muchas opciones y no quiero rechazar ninguna. Quizá en mi próximo libro haga algo totalmente diferente.

-Ha comentado que quiere escribir una ficción sobre la destrucción de Nueva York.

-Sí, eso es lo que estoy pensando, pero de hecho aún no he empezado a escribir, así que no sé qué saldrá.

-A usted no le gusta el añadido 'dominicano' al sustantivo 'escritor'. ¿Hay una literatura blanca y otra mestiza, o negra? ¿Una americana y otra europea?

-Es una cuestión muy política. Hay gente que dice que sólo hay una literatura, sólo hay seres humanos. Pero le digo algo: si yo reconozco que hay seres humanos que son latinos y otros blancos, eso no significa que sea racista. Significa que reconozco que hay diversidad en este mundo. Si me dicen de alguien que es un escritor latino, para mí eso no significa mucho. Pero vale la pena reconocer que venimos de una comunidad muy diferente, con historias particulares. En EE UU, cuando uno es un escritor blanco, te llaman sólo escritor.

-Lo que a usted no le gusta.

-No, lo rechazo. Yo lo llamo escritor blanco. Pero eso no significa que sea una limitación. Si a mí me llaman escritor dominicano, no lo veo como una limitación, aunque hay gente que te lo dice para limitarte, para apuntarte que no eres un escritor universal. Un escritor blanco, como uno dominicano, puede alcanzar de la misma forma la universalidad. Hay gente que dice que si nombras la raza o la cultura de un escritor le quitas su onda universal. Todo el mundo sabe que Cervantes era español, y Shakespeare, inglés. A los muertos nadie tiene problema en citarlos con su raíz cultural.

-Antes comentaba que ha tardado once años en escribir este libro. ¿Se han convertido de alguna forma la historia y sus personajes en una obsesión personal?

-Quizá lo ha sido, pero espero que no se note en ella lo que he sufrido mientras la hacía. Creo que tiene alegría, vida. Conozco escritores que trabajaron toda la vida en una obra y sufrieron mucho. Pero yo apagué la luz el día que terminé y dejé de pensar inmediatamente en ella. Dejé la novela como se deja una novia malísima. La dejé y empecé a descansar.

Luchar contra el silencio

-¿Qué importancia da a la verdad histórica cuando escribe ficción?

-Para esta novela estaba luchando contra el silencio que existe en EE UU sobre la historia dominicana. Para mí era muy importante hablar sobre ello. Por eso era útil referirme a la verdad histórica. Pero si escribo otra quizá no haga lo mismo. Eso cambia de un trabajo a otro. De todos modos, aunque haya muchas referencias históricas, todo es ficción.

-Y abundan las largas notas explicativas a pie de página. Algo insólito en una novela.

-También es un recurso que he meditado mucho y sirve para esta ocasión. Esta novela trata de enfrentar a una dictadura. Las notas hablan de la relación entre el autor y el lector, es una forma de relacionarlos.

-Miramax ha comprado los derechos de la novela...

-Sí, pero no sé cuándo harán la película. Ni me han mandado aún el chequecito...

-¿No teme que el lenguaje de la obra quede desvirtuado al pasar la historia a imágenes?

-Claro, cuando una novela se pasa al cine pierde mucho, pero también puede ganar otras cosas. Es un intercambio. Hay novelas que pierden sin más, pero otras ganan energía. Espero que eso suceda con la mía, aunque uno nunca se sabe qué gana hasta que no la ve.

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