Bienvenido el apagón

Antes veían 'de milagro' dos o tres cadenas. Gracias a la clausura de la señal analógica, en el pueblo de Fonsagrada (Lugo) se verán veinte y con calidad digital

I. ÁLVAREZ
SUSO QUEIPO. Todos acuden a su tienda para comprar el descodificador./
SUSO QUEIPO. Todos acuden a su tienda para comprar el descodificador.

MANUEL López de Vidal mira al cielo para ver qué tiempo va a hacer mañana, pero no tiene la certeza hasta que sigue el parte meteorológico de Paco Montesdeoca en La Primera. En el resto de los canales sólo veía hasta ayer un montón de garabatos y aunque ahora puede sintonizar 24 y por fin distinguir en los partidos de fútbol a los jugadores del árbitro, ya no hay quien le quite la costumbre a este hombre de 78 años, que aprieta con demasiado vigor los botones del mando a distancia. Lo hace con sus dedos curtidos por el trabajo de toda una vida en la tierra de este pueblo situado a 63 kilómetros de Lugo y frontera natural con Asturias, depositado a 900 metros sobre el nivel del mar entre cumbres escarpadas que se alternan con valles surcados de riachuelos.

Quizás a fuerza de no verla, la 'caja tonta' ha logrado agudizar el ingenio de los lugareños: «Esto es Fonsagrada, con efe», concede Manuel a los recién llegados. «Es que muchos ya empiezan a pensar que el 'concello' se escribe con 't'... de TDT». Se refiere al descodificador que los responsables de Protección Civil del municipio han enchufado gratis a su televisor Thomson, un modelo sin edad que adelgaza los rostros de los presentadores y regala imágenes en sepia ahora, coloradas después. Para qué cambiarlo ahora que su mujer se ha enganchado «a los concursos de Telecinco y de la 3» y puede saber lo que se cuece en los fogones de Karlos Arguiñano.

La pareja goza de buena salud, inmune a las interferencias a fuerza de acostumbrarse, aunque como el resto de los fonsagradinos hayan vivido siempre al límite de la anemia televisiva. La orografía del lugar daba, en el mejor de los casos, «para ver bien la Gallega y bastante, con alguna interrupción, la Primera y la Segunda», explica Argelio Fernández. El alcalde socialista, funcionario de profesión, se sabe estos días metido en «un acontecimiento de igual calado» que el que supuso, cuando no era él más que un chaval, el cambio de la televisión en blanco y negro a la de color. «Ya iba siendo hora de que fuésemos los primeros en algo, sobre todo en lo referente a las vías de comunicación», advierte. Por delante incluso de Estados Unidos, que apagará la televisión tradicional (analógica) en 2009.

Promesa electoral

Facilitar una buena cobertura en los 438 kilómetros cuadrados de extensión que se lleva este municipio lucense -son más de doscientas aldeas, algunas con un puñado de moradores de edad avanzada, pues la media ronda los 55 años- fue siempre la recurrente promesa electoral. Votaron primero a unos, luego a otros, y después a los primeros, pero la única inquebrantable siempre resultó ser la adhesión a la televisión de los habitantes de Fonsagrada, donde las tardes de los fines de semana sin poder ver los anuncios que interrumpen las películas se han hecho siempre más largas que un día sin pan. Hasta que ahora, a dos años de la fecha oficial de la implantación obligatoria de la televisión digital terrestre en España, la mala calidad de la recepción analógica y los condicionantes técnicos del lugar, disperso y metido entre cotas que van de los 200 a los 1.200 metros y sesenta kilómetros de curvas por carretera, han sido las claves para materializar la transición a la TDT en este ayuntamiento. «Si el experimento funciona aquí, será extrapolable a cualquier lugar», asegura el secretario de Estado de Telecomunicaciones, Francisco Ros.

El primer apagón de la tele tradicional del país en un municipio completo se oficiaba ayer a media mañana, en medio de gran expectación y chispa -de alegría, por un momento se temió lo peor-. Ver para creer. De sintonizar de milagro dos o tres canales en casa, hoy se pasa a poder ver una veintena, y con calidad, en los hogares que han instalado el descodificador, «alrededor del 75%», apunta el alcalde.

Siete emisores

Para «disfrutar de la calidad de un DVD a través de la señal digital de la antena del televisor» y hacer que las emisiones lleguen a los 4.800 habitantes del concejo por igual, se han instalado dos potentes emisores y cinco secundarios. Ha sido preciso desactivar los antiguos, algunos de los cuales ni siquiera estaban documentados. «Había un repetidor en un precipicio que hoy nadie se atrevería a instalar», explica Manuel Fernández, director general de Comunicación de la Xunta. Otro más hubo que arrancarlo de las entrañas de una zona boscosa de difícil acceso. Sin contar los microemisores «artesanales», algo así como «cajas de madera con antenas», encontrados. 'El precio justo' de este plan piloto, que incluye el reparto de un millar de descodificadores (uno por núcleo familiar) ha sido de 305.000 euros.

José Alonso y Carmen Méndez dejaron por un momento sus quehaceres en el campo para comprobar que a mediodía «había electricidad en casa, por eso del apagón». Ahora que su pueblo ha escrito un capítulo en la historia audiovisual española, el hombre pasa cada tarde las páginas del 'Diario de Patricia', «qué chica tan amable». Lo prefiere a los larguísimos anuncios de la teletienda, «a veces se corta la imagen o se queda sin voz y me quedo sin saber en qué colchón se duerme mejor». Entonces sale a comprobar la antena y, subido en una escalera, prueba a enfocar la estructura incrustada en un lateral del inmueble, «hacia los montes de Asturias».

Otilio Alonso, a quien le gusta «un ratito la televisión por la noche y el 'Luar' de Xose Ramón Gayoso también», tiene claro que seguirá fiel a la Televisión Gallega, «porque es la nuestra». En la aldea de San Pedro de Neira, probarán con los nuevos canales «porque algo hay que hacer». Suso Queipo y Rosario Fernández, de la tienda de electrodomésticos, volverán a llenar el almacén de euroconectores -el dichoso cable que «se precisa para que non pare de verse a televisión»- a medida que indican cómo salir del entuerto a los que se han liado con el mando de la TDT. Y de paso, los que están al otro lado de la línea, lo mismo «aprovechan para quejarse de que la lavadora ya no centrifuga como antes». «Y cuántas veces es también por accionar el interruptor erróneo».

Argelio Fernández, que hasta ahora se las apaña «más bien que mal» con los dimes y diretes de sus ciudadanos, se pregunta cómo hará para «robar» a su hijo adolescente el mando de la tele y estar al tanto de «los informativos, por lo menos». Y Víctor Lombardía, el jefe de Protección Civil de Fonsagrada, se ríe al pensar que, ya sea para ver un solo canal «de aquella manera», los cuatro televisores de casa, «el de la cocina, el del salón, el de nuestra habitación y el de la chavala están todo el día encendidos». Todo este asunto le recuerda a cuando llegó la tele al pueblo. «Si no había sitio en la cantina, pegábamos la cara al cristal y desde fuera veíamos lo que podíamos. Las películas de John Wayne, 'Kung Fu', 'El Santo'...», comenta mientras avanza con el todoterreno entre las huertas. Casa por casa, ha sido el encargado de repartir los descodificadores. Pero nada de dejarlos en el buzón. Le toca conectarlos y explicar su manejo, casi siempre acompañado del agradable aroma de un café recién hecho. Se estira un poco y se frota los ojos. Ayer por la noche vio que Fonsagrada salía en la tele. Le llenó de orgullo.