Andrés Molinari: «El cine, la tele, Internet... han pasado sobre el teatro, pero nadie logra matarlo»

La Compañía Corral del Carbón estrena este jueves su obra 'La catedral inacabada' en el Isabel la Católica para celebrar el Día Mundial del Teatro

INÉS GALLASTEGUI

Andrés Molinari (Granada, 1951), crítico teatral de IDEAL, salta de vez en cuando del patio de butacas al escenario. Este profesor, educado en el amor al teatro por sus padres, actores aficionados, es también ensayista y dramaturgo. Ha publicado media docena de piezas teatrales y estrenado varias de ellas, como 'Mi nombre es Dulcinea', un encargo de la Universidad de Granada con motivo del Año Cervantes que disfruta de cierto éxito y este verano se representa en México DF. Este jueves, Día Mundial del Teatro, verá la luz otro de sus textos, 'La catedral inacabada', en una producción de la Compañía Corral del Carbón (Teatro Isabel la Católica, días 27, 28 y 29 de marzo).

-¿Qué es 'La catedral inacabada'?

-Es una obra basada en un grabado de Velázquez sobre la Catedral de Granada cuando estaba inacabada, antes de que Alonso Cano terminase la fachada. En realidad sigue inacabada: nunca se pudo terminar una torre ni hacer la otra. En aquel momento Velázquez estuvo aquí pintando lo que sí estaba acabado, la parte de atrás, la de la girola. La obra se desarrolla en esa época en el Albaicín, desde donde se hizo el dibujo, en el Alminar de San José. El decorado es precioso. La compañía ha conseguido de la Biblioteca Nacional los derechos para reproducir el dibujo en el cartel y en el programa de mano.

-Aunque se trate de una obra histórica, ¿tiene una lectura actual?

-Tiene veinte lecturas por lo menos. Hay referencias al tema de los moriscos, de los perseguidos, de la justicia... En toda la obra hay una reflexión sobre qué es la obra de arte y cuándo se termina: si debe salir acabada de las manos del artista o la tiene que terminar el espectador cuando mira. A lo largo de la historia el artista siempre se queda insatisfecho y se pregunta: '¿La he terminado o le falta algo?'. También esta obra mía es inacabada y actual, porque yo tampoco estoy satisfecho...

-¿Cómo surgió la producción?

-La gente de la compañía Corral del Carbón, que hace teatro de forma altruista, me comentó que qué pena que Granada se hubiera quedado sin un dramaturgo tras la muerte de Martín Recuerda y me pidió una obra. Les dije que yo no tenía categoría para eso, pero esta obra les entusiasmó. El Colegio de Aparejadores ha pagado la edición y el Ayuntamiento ha cedido el teatro. En esta obra nadie gana dinero; al revés, nos está costando dinero. Es el regalo que la compañía hace a Granada por el Día Mundial del Teatro.

-¿Volverá a representarse la obra?

-Si gusta, la compañía le gustaría que fuera la obra estrella del Corpus. Lo ideal sería que se representase en las Pasiegas o cerca de la Catedral. Después ellos tienen su circuito por veinte o treinta pueblos de la provincia.

-¿Qué reacción espera del público?

-El sábado pasado vi los ensayos con público en Alfacar y la gente estuvo aplaudiendo muchísimo rato. Va a gustar a gente con cierto nivel intelectual. No es una comedia de risa; es una comedia de pensamiento, que hay que escuchar, porque tiene mucha información. Es muy cariñosa con Granada, su paisaje y su ambiente. Es muy emotiva.

Crítico criticado

-¿Es difícil para un crítico estrenar una obra? ¿Se siente expuesto?

-Sí, lógicamente. Pero también hay un punto de seguridad. Yo escribo en mi casa cuando he visto algo mal hecho. Cuando algo es bueno, te echa para atrás, es insuperable... Pero cuando es malo, se me dispara la mano nada más mandar la crítica al periódico. Entablillo una o dos escenas, tres conversaciones, cinco frases... Y un día que tengo tiempo las voy enhebrando. He publicado media docena de obras de teatro y en el cajón tengo una docena. Pero no soy un autor nervioso por publicar ni representar. Las escribo casi por gusto, se las doy a los amigos y los amigos son los que se entusiasman y tiran de ellas...

-¿Cómo empezó su relación con el teatro?

-Debió de comenzar mamando del pecho de mi madre, que era actriz aficionada, como mi padre, que era maestro, en un pueblo donde se hacían comedias. Mi padre nunca fue buen actor, y se dedicaba a hacer la utilería, porque era buen carpintero. Pero mi madre sí era buena actriz. Me llevaban al teatro un año y otro año y otro año.... Mis primeros recuerdos son quedarme dormido, pero me fue gustando... Ya en Granada formé parte de tres o cuatro grupos de teatro universitario: hacíamos de actores, decoradores, directores, autores... y ahí conocí toda la carpintería teatral.

-En el mundo del teatro hay una queja permanente sobre la falta de interés del público y de las instituciones. ¿Se acabará alguna vez esa eterna crisis?

-Creo que no. La crisis es totalmente ficticia. El teatro cuenta con muchos ganchos. Primero, la palabra teatro es una de las más bonitas del castellano: se dice 'Vamos al teatro', pero nadie dice 'Vamos a ver la tele'. Segundo: es curioso que al teatro le ha pasado por encima todo el mundo -el cine, la televisión, el vídeo, Internet, los videojuegos...- y nadie logra matarlo. A todo el mundo le gusta el contacto directo hombre a hombre; entrar a una sala y ver a un ser humano que está padeciendo, riendo, soñando, a dos metros de ti. Eso no tiene precio. Y el tercer gancho es su enorme variedad: hay un teatro popular, un teatro de Semana Santa, un teatro musical, un teatro de alta esfera, como el de Shakespeare, un teatro normalito, un teatro de pueblo y uno de ciudad, un teatro para jóvenes punkis... Hay de todo, y eso hace que nunca pueda morir.

Sin programación

-Esa es la situación del teatro en general. ¿Y en Granada?

-Granada es una de las peores ciudades de España con mucho. Granada tiene ahora mismo media docena de festivales internacionales y una docena de festivales no internacionales y ni uno, ¿ni uno!, es de teatro. La Junta de Andalucía hace lo que puede, pero programa desde Sevilla. El problema gordo es del Ayuntamiento y la Diputación. La Diputación es una auténtica mierda, con perdón: no tiene teatro ni programación para la ciudad; nada. Toda su labor cultural es poner unos cuantos euros para el Festival de Música y Danza. El Ayuntamiento es un desastre; nadie le dice al alcalde o a quien sea qué hay que sacar adelante, qué programar...

-¿Qué ocurre en las ciudades de nuestro entorno?

-Hay ciudades maravillosas. El Ayuntamiento de Sevilla sí se esmera con el Teatro Lope de Vega -que es como el Isabel la Católica- y programa cosas muy buenas: por ejemplo, acaba de estar Bob Wilson. Málaga es incomparable: tiene el Festival Internacional de Teatro en invierno, con grupos de lo mejorcito de Europa. Murcia tiene una Escuela de Arte Dramático y una Cátedra de Teatro de donde salen no sólo actores, sino sobre todo grandes espectadores que saben lo que piden. En ese triángulo, Granada es de lo peorcito.

-¿Sale de Granada para ver teatro?

-Claro. A veces por obligación. Por ejemplo, en verano me llaman como crítico de Almagro (Festival de Teatro Clásico), que también está cerca y es otro elemento de comparación: Granada en verano no tiene ni un festival; es un desierto. Muchas veces la única opción de ver cosas buenas y estar al día de lo que se está haciendo es irme fuera.

-¿Cree que el futuro espacio escénico mejorará el panorama o el problema es la programación?

-Parece que aquí lo único que funciona es el consorcio entre instituciones, como ocurre con el Festival de Música o con el Parque de las Ciencias: todos ponen dinero y nadie tiene la última palabra. Como no haya un consorcio que programe, eche el resto y traiga buen teatro y buena ópera... eso se queda como el Auditorio Manuel de Falla, que si no está la OCG, está vacío.

igallastegui@ideal.es

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