Más que amor, frenesí socialista

Más que amor, frenesí socialista

Berlín oriental, 4 octubre de 1979. El presidente soviético, Leonidas Breznev, besa a Erich Honecker, líder de la RDA (DDR en alemán y en las camisetas de aquellas invencibles atletas sin depilar y más puestas que Amy Winehouse). Breznev había sido reconocido 'Héroe de la República Democrática Alemana' y condecorado con la medalla de Karl Marx. Por sus cejas nunca lo premiaron.

Dentro también de la celebración del 30 aniversario de la fundación de la República Democrática Alemana, hay otro morreo anterior, en junio, más siniestro y lúbrico (y donde el ruso no lleva gafas, que después de los 'brackets' son los objetos más molestos si los dos besadores los usan) y que fue el tomado de modelo por Dimitri Vrubel para el graffiti del lado Este del Muro de Berlín. La chufla en Occidente por el morreo de jefazos comunistas fue monumental pero Honecker tenía mucho que agradecer a Breznev (con su apoyo había llegado tanto a líder del partido como a presidente de la RDA y sabía que si, como en Praga, el populacho se le echaba a la calle para protestar, el Ejército Rojo acudiría en su ayuda).

El espíritu de la 'detente' se acabaría. Y, después de Andropov y Chernenko, llegaría Gorbachov, más preocupado por su país, por su 'perestroika' y su 'glasnost' que por andar de metiche en otros estados teloneros. La 'doctrina Breznev' había pasado a mejor vida. Sólo diez años después del beso de hermanos, Gorbachov fue a la RDA de visita oficial. A Honecker y a su muro les quedaba medio telediario. Se besaron, pero no en la boca. El contacto fue mucho más ladeado, más despegado por parte de Gorbachov (Erich se habría dejado). Fue un beso 'The End'.

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