El lugar imaginario de Antonio Chicharro

JUAN VELLIDO

COMO en el poema de Vicente Aleixandre 'En la Plaza' que dio título, primero a la sección homónima publicada durante dos años en el suplemento de Cultura de IDEAL y más tarde a este libro de la Colección Mirto Academia de la Editorial Alhulia, que acaba de editarse, Antonio Chicharro ocupa un luminoso cobijo, un lugar de encuentro, un paisaje imaginario, en el que la reflexión y la confidencia se funden con la palabra como si se tratara de concitar el pensamiento, de alentar el espíritu más libre, como si se reclamara con ello el descubrimiento de las musas, y así el lugar mismo donde el escritor encuentra su inspiración, el estro, el estímulo, el ardor preciso para acaparar el mundo en unas páginas, que no es sino la razón última, acaso, de toda obra literaria.

'En la plaza' es, pues, una metáfora que -al margen del libro en el que se recopilan ordenadamente una serie de escritos publicados en prensa diaria- sugiere la magia del encuentro, el lugar de la plática, el momento de la fascinación de ese imaginario que solo la literatura nos procura, y que únicamente el escritor advierte, en el momento mismo en que se siente predispuesto a la escritura. Es la hora de las musas. El lugar de las musas.

El catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Granada, Antonio Chicharro, hace, pues, uso metonímico de 'La plaza' para designar con esta locución el universo fantástico al que el escritor se asoma para encontrarse con sus colegas y sus vecinos, moradores de todos los mundos posibles, pero viajeros, al fin, con destino en esta plaza, en ese espacio imaginario donde se reúnen los poetas, los narradores, los músicos, los filósofos y acaso hasta las musas, pues todos ellos conforman no sólo el universo imaginario de que da cuenta este libro, sino también el ánimo o inspiración que arrastra a los escritores hacia su destino, sea éste reflexivo, crítico o ficticio.

PERO en este rango de la crítica, tan desatendido por otra parte en la prensa diaria, es meritoria la dedicación; son meritorios el esfuerzo, la erudición, el amor que se pone en el oficio, y el rigor que el autor de este libro presta a sus artículos periodísticos, elevados, así, a la categoría de breves piezas ensayísticas, pues mientras el estudioso de poetas y escritores conforma su alegato crítico y reflexivo sobre un determinado autor, desarrolla al tiempo un ejercicio de literatura, en tanto ejerce su función de análisis pormenorizado de un texto o de un autor y predica con el lenguaje, con el mejor de los verbos, con el mejor de los estilos.

En esta prédica de un texto y de un literato, Antonio Chicharro aprehende en sus puños todo lo esencial, y lo no esencial incluso, de la obra a la que se refiere, como si traspasara su alma, y su cuerpo, y adivinara así, con la sola lectura de sus textos, su imaginario, su filosofía del mundo, su actitud vital, sus anhelos.

Cumple así, Antonio Chamorro un doble ministerio en sus artículos: apela en ellos al noble oficio de las letras mientras da buena cuenta del saber de los poetas y los novelistas; y eleva el rango de la palabra escrita a pura literatura, en un ejercicio culto, erudito y primoroso de breves piezas

En el vértice de estos dos lados que confluyen: es decir, del análisis crítico y del lenguaje con que se expresan modos y conceptos, nos queda la pequeña obra maestra paradigma de estos breves ensayos: el artículo como género literario.

ANTONIO Chicharro agrupa sus escritos de 'En la plaza' en tres capítulos y un epílogo: 'De poetas, vida y poesía', 'De relatos, novelas y novelistas', y 'De ensayos y estudios literarios'. Es como si la plaza tuviera sus corrillos y sus ecos; sus voces propias y sus pequeñas tertulias especializadas; unos hablan del discurso de un texto en prosa, otros se refieren a un poeta sabio y pródigo de versos y de ideas; mientras que en otro rincón de la plaza se habla del pensamiento, de la estética y de la poética.

Es éste, pues, un libro que trata de los escritores y de sus escritos; pero trata, también, de la vida diaria, de lo común que ocurre en esta plaza: Sírvannos de ejemplo los artículos titulados 'Epitafio de un náufrago' y 'Juan Benet, corredor de fondo'. En el primero, el autor, so pretexto de la corrección del cuarto tomo de las galeradas de las Poesías Completas de Gabriel Celaya, que Antonio Chicharro corregía, en los primeros meses de 2004, se refiere a los titulados 'Penúltimos poemas', uno de los libros de su poesía órfica, para centrarse en el titulado 'Epitafio de un náufrago', poema éste que encadena a un titular de prensa tristemente común en nuestro tiempo: la noticia del naufragio de una patera en plena Bahía de Cádiz.

POESÍA y realidad en el mismo frente, en la misma plaza, como si el tiempo y el espacio únicamente fueran instrumentos literarios al servicio de un hecho, real o ficticio, pero colado en nuestras entrañas.

En 'Juan Benet, corredor de fondo' Antonio Chicharro se sirve de la reedición de los ensayos y novelas del escritor madrileño para poner a prueba la vigencia de su obra aun con el paso del tiempo. Y en un símil olímpico escribe: «Frente a tanto especialista de hoy en los cien metros literarios, frente a tantos corredores que entienden la escritura como una carrera fulgurante que te instala en una suerte de pódium social, Juan Benet eligió la práctica del fondo. Su carrera ha sido de resistencia, como resistente sigue siendo su obra al paso del tiempo».

Y es que Antonio Chicharro es consciente de que en literatura el mérito no está sólo en contar cosas, sino también en saber contarlas. Y nosotros, los lectores de sus artículos y de sus libros, somos conscientes de que el privilegio no está sólo en aprender lo que Antonio Chicharro nos cuenta, sino también, en aprender cómo nos lo cuenta.

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