Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Más Actualidad

Estás en: Ideal > Más Actualidad
HISTORIASDEAQUÍ
Francisco Guerrero
30.12.07 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
ES verdad que nació en Linares en 1951, pero donde gozamos de su presencia musical y formativa fue en Granada. Madrid lo consagró y desde entonces sus notas recorren todo el mundo, porque la música es lo que tiene, que no necesita la presencia de su autor, para propagarse sin límites en un espacio libre y a la vez, matemático. Y esa quizás sea la cualidad más importante en la obra de Francisco Guerrero. Su música es una ciencia exacta, cuyas ecuaciones son el producto de la búsqueda constante de la belleza sonora a través de un pentagrama que jamás deja cabos sueltos. Algo tal vez impropio de su edad, pero virtud que sólo poseen los genios, esos que la madre naturaleza toca con su batuta muy de tarde en tarde, y pese a declararlos de existencia corta, condensa en ellos y en pocos años, la generosidad creativa que otros no conseguirían ni viendo tres vidas. Los dioses son así de caprichosos.

En aquel viejo Seat 124 de color amarillo, que Juanón conducía al más puro estilo Fangio, con el amanecer de la década de los setenta, José Antonio Lacárcel durmiendo en el asiento de atrás y yo como copiloto conversador, por la España carente de autovías, el trayecto Granada-Madrid no bajaba de seis horas, ni volando, que es como nos llevaba el entusiasmado conductor, con una cinta inacabable en el casete, en la que Jaime Aragall se estiraba por napolitanas, con el infortunio de que nosotros le hacíamos los coros, sobre todo en la primera hora de viaje que es cuando estábamos más animados. Lacárcel mordía la boquilla del 'ducados' hasta quedársela en la boca, Juanón encendía el siguiente Habanos con la colilla del anterior para no distraerse de la conducción, y yo no dejaba enfriar la pipa, llenándola una y otra vez de Apolo o Cibeles, que era lo único alcanzable en los estancos de la época. Y de aquesta guisa, como los tres mosqueteros en busca de Daltañán, entrábamos a toda velocidad por López de Hoyos, hasta el final con el Parque de Santa María. En la calle Santa Susana, teníamos parada y fonda en el coqueto piso que Paco Guerrero compartía con Beatriz Elorza. De inmediato los tres recién llegados de provincias, sometíamos a interrogatorio sumarísimo al amigo compositor residente en los madriles. Su próximo estreno, la partitura que tenía a medias, el trabajo en Radio Nacional, la próxima grabación y la obra con la que participaría en el concurso Arpa de Oro, de la confederación nacional de cajas de ahorros, que por cierto, ganaría con brillantez.

Tras el paseo obligado por el Madrid de los austrias, la visita a los mesones de la Plaza Mayor y posterior degustación de licor y cultura en el café Gijón, retornaba la comitiva a la calle Santa Susana para continuar la charla musical, seguir tomando el pulso a la carrera imparable de Paco Guerrero compositor contemporáneo, y darle la oportunidad de que a altas horas de la madrugada y con el balcón abierto, como le gustaba a Federico García Lorca, sobresaltara al vecindario con una vibrante interpretación de la internacional socialista. Una noche, un vecino afecto al régimen, llamó a la brigada político-social de Franco, al que todavía le quedaban tres años de vida, y al instante vimos como un Seat mil quinientos gris, con un destelleante azul en su techo se aproximaba al portal. De él se bajaron dos policías armadas vestidos con abrigo gris y correaje acharolado, y otro de traje marrón y corbata azul muy mal conjuntado, por cierto. Como si le hubieran advertido con un resorte hidráulico, Paco Guerrero, sentose de nuevo al piano interpretando con auténtico ardor guerrero el himno nacional. Aquel gesto bastó para que los que intentaban encerrarnos en la Dirección General de Seguridad por rojos y masones, dieran media vuelta, subieran al coche y nos dejaran hablar de música y músicos.

Incansable observador de reacciones en los humanos, Paco Guerrero gustaba de provocar las sensaciones más insospechadas en el auditorio, de ahí que su música no deje indiferente a nadie. Muy al contrario, la primera vez que la oyes, adviertes que no puedes desecharla, sino, que tienes que rumiarla en el oído, para sacar de ella todo el mensaje hermético que Guerrero le ponía. La música de Paco es como las muñecas chinas que encajan una tras otra de manera perfecta, pero formando un todo. En una obra de Paco Guerrero hay muchas, por eso hay que dedicarle tiempo a oírla una y otra vez, para descubrir su auténtico significado y el mensaje oculto que encierra. Cuán alquimista del pentagrama, Paco Guerrero no se lo pone fácil al oyente, pero menos aún al intérprete o director.

Asistíamos los ya mencionados a un ensayo de la obra de Paco Guerrero en el teatro Real de Madrid, cuando el paciente director, José María Franco Gil, interrumpió la ejecución, y mirando a uno de los tenores le preguntó: Usted, ¿qué está cantando? Y el hombre, levantando la vista de la partitura guerreriana le contestó: Señor director, hace tiempo que estoy con el coro de Las Lagarteranas. La carcajada fue general de todos, incluido el propio Guerrero.

Nada en la obra de Paco Guerrero está puesto en el pentagrama al azar. Todo se corresponde entre sí, con una milimétrica obsesión por la música perfecta y la exactitud matemática, de ahí su desarrollo de los sistemas fractales. Guerrero no es un compositor de arrebato, muy al contrario, sorprende en plena juventud la madurez y densidad de sus planteamientos musicales, que en ocasiones le atormentan impidiendo la progresión creativa, alternándola con espacios de negación musical, que le sirven de desintoxicación y sosiego. No es desdeñable su producción musical a pesar de su desaparición prematura, pero es más sorprendente todavía, que alcanzara el éxito sin repetirse asimismo, moneda esta de uso corriente en otros de su generación. Cada obra de Paco Guerrero, es un universo distinto que nada tiene que ver con el anterior ni con el siguiente, y ese don sólo lo alcanzan los llamados a la gloria.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
Proveedor Servicios InternetRSS