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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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En el nombre del padre
Los hijos de Virgilio Castilla, el presidente de la Diputación de Granada fusilado por los franquistas en 1936, se acogen a la Ley de la Memoria Histórica para reivindicar la figura de su progenitor

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En el nombre del padre
EMOCIÓN. La viuda de Virgilio Castilla, frente a una fotografía del fallecido. La imagen es de 1984, cuando su marido fue homenajeado.
A las seis y ocho minutos de la mañana del día de hoy se ha ejecutado la pena de muerte en la persona del paisano Virgilio Castilla Carmona, certificándose por un licenciado en Medicina su defunción».

El lenguaje de la muerte es siempre seco, burocrático, feo, gélido. El paisano del que habla el patético certificado era el presidente legítimo de la Diputación Provincial de Granada cuando se produjo el golpe de estado del general Franco, que degeneró en una sangrienta Guerra Civil y en una opresiva dictadura de 40 años.

Virgilio Castilla, un militante socialista de «justiciero proceder» -su preocupación por mejorar las condiciones de vida de los más humildes y desfavorecidos le granjeó la simpatía del pueblo, según las crónicas de la época-, fue fusilado en la madrugada del día 2 de agosto de 1936 en el cementerio de San José. Unas horas antes se había sometido a un juicio sumarísimo en el que fue declarado culpable de rebelión e insulto de obra, es decir, que su 'delito' fue oponerse a los golpistas y defender la legalidad republicana.

A Virgilio le cayeron dos penas de muerte en el consejo de guerra, una condena tan absurda como escalofriante, y el oprobio. Lo primero no tiene arreglo. Pero lo segundo sí. La entrada en vigor, probablemente esta misma semana, de la llamada Ley de la Memoria Histórica permite deslegitimar decisiones «radicalmente» injustas como la que condujo a Virgilio al paredón.

Sus hijos, José y Carmen, ya tienen preparada la solicitud de reparación y reconocimiento, una posibilidad recogida en dicha norma.

En este sentido, el escrito, elaborado por el letrado granadino Castillo Calvín, reclama que la condena a muerte impuesta a su padre sea declarada injusta. «Los consejos de guerra sumarísimos, como el que actuó en el presente caso, procedieron sin las más mínimas garantías de un proceso en una sociedad civilizada, al margen de cualquier sistema jurídico y careciendo de la más mínima legitimidad, constituyendo sus decisiones verdaderas venganzas políticas e ideológicas ajenas a todo principio de justicia y con ausencia de las más elementales garantías procesales y del derecho a la defensa».

Cuando Virgilio entró en la sala de vistas, era un 'pre cadáver'. No tenía ni la más mínima posibilidad. Desde el mismo momento de su detención, el 20 de julio de 1936, ya estaba juzgado y condenado.

«Absoluta indefensión»

Los hijos del infortunado político no albergan ninguna duda al respecto: «Es evidente que el juicio al que fue sometido (...), al igual que el de otros muchos españoles, tenía profundos vicios de forma y con ausencia radical de garantías, determinantes de una absoluta indefensión».

Los hijos de Virgilio actúan en el nombre del padre y buscan con su escrito la derrota del siniestro lenguaje de la muerte. Nada más y nada menos.

carlosmoran@ideal.es
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