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Las palabras dedicadas
Los poemas de homenaje de Elena Martín Vivaldi son un testimonio para el conocimiento de la autora
08.10.07 -

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LA escritura se presenta plenamente como un proceso histórico, de tal manera que ningún escritor inventa nada. Porque el escritor se encuentra ya con que las palabras existen y también con que, cuanto le preocupa al ser humano, ya ha sido dicho con anterioridad. La única novedad en todo esto radica en el modo en que el escritor expresa su concepción del mundo. Por eso, un escritor no es sino un hilo solitario de una urdimbre cuya trama teje la palabra.

En tal sentido, la escritura se nos aparece como un suceso de aprendizaje. Y, siendo así, hay escritores que se afanan en ocultar sibilinamente a sus maestros, tal vez un ramalazo de vanidad mal entendida, no vaya a ser que se les descubra más de un derroche de originalidad. Y, por el contrario, hay también escritores que declaran la filiación de sus preferencias ya sea de forma implícita ya con la revelación de sus nombres y sus obras. A la primera forma le corresponde a la crítica literaria su desentrañamiento.

Sea como fuere, parece que siempre es bueno saber qué autores hay detrás de cada escritor. Y eso no significa nunca la confesión de un secreto, pues no debería ser secreto lo que ha de presentarse como un ejercicio de honestidad.

Pues bien, Elena Martín Vivaldi pertenece a este grupo de escritores que no sólo no tiene ningún reparo en que se sepa qué espejos le sirven a su poesía para identificarse, sino que además lo dice expresamente.

Los homenajes

Una forma de decirlo es a través de los poemas de homenaje.

En principio, un homenaje es en sí mismo un acto de la memoria. Para un escritor el recuerdo se le convierte en otro modo de escribir: la memoria es una fuente de palabras, por muy caprichosa -y, a veces, hasta falaz- que sea, a la memoria pertenece el pasado, esa habitación donde la poesía suele acomodarse.

En Elena Martín Vivaldi los homenajes están dedicados a los que, de alguna manera, fueron sus escritores preferidos.

En todos los libros publicados en vida por su autora tan sólo dos ejemplos hallamos de poemas de homenaje. El primero de ellos apareció en 'Cumplida soledad' (1958) y fue la 'Elegía a Celia Viñas', maestra y poeta almeriense fallecida en 1954 y muy querida de Elena por su libro 'Canción tonta en el sur' (1948). Es entrañable el final tan becqueriano del poema: 'Estarás con nosotros mientras tiemble/un verso entre las manos de un poeta'.

El segundo poema fue el que Elena incluyó en 'Durante este tiempo' (1978) en homenaje a Vicente Aleixandre: 'Porque unos labios dicen'. Pero al poeta de 'Espadas como labios' le dedicó nuestra poeta otro texto más. Se trata del 'Homenaje a Vicente Aleixandre' que yo tuve la oportunidad de incluir en la sección 'Poemas inéditos y publicados fuera de libro. (1943-1984)' de las por entonces poesías completas y que se publicaron en Granada en 1985 bajo el título de 'Tiempo a la orilla'. El poema consiste en una elegíaca evocación del mar malagueño de Vicente Aleixandre.

Otro de los poetas de la Generación del 27 con los que Elena mantuvo una profunda amistad fue Jorge Guillén. Con el autor de 'Cántico' la relación fue más intensa y de mayor -y mutua- admiración. En mis conversaciones o correspondencia con ambos poetas, ellos siempre se referían a 'nuestra Elena', con ese posesivo de amor indudable. Pues a Jorge Guillén le dedicó Elena un texto dedicado a uno de sus árboles preferidos de los jardines urbanos de Granada: el ginkgo biloba del Jardín Botánico de nuestra Universidad, hoy Facultad de Derecho. Elena quiso que lo publicase por primera vez en mi antología 'Los árboles presento', selección de poemas sobre tal tema vegetal en su poesía que, gracias a la necesaria y cómplice mediación de Antonio Gallego Morell, publicó en 1977 la Universidad de Granada. Finalmente este poema, formado por tres décimas, se completó con un soneto que había aparecido en el homenaje que Pablo Luis Ávila le dedicó a Jorge Guillén en Milán en 1984 bajo el título de 'Sonreído va el sol'.

Otras amistades

A otro de los poetas que le unió una fuerte amistad fue con el poeta del grupo 'Cántico' Pablo García Baena. El poema se publicó en el volumen de homenaje a Pablo García Baena que le dedicó el Ayuntamiento de su Córdoba natal.

Y como sabemos de la especial unión que significó la pintura a su poesía, Elena también cumplió su amistad con el pintor almeriense Miguel Cantón Checa con la realización del poema 'Ventana con gato', sobre un cuadro de igual título del artista indaliano y que Ángel Caffarena editó en 1979 bajo el título de 'Homenaje poético al pintor Cantón Checa'.

Con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo le sucedió a Elena un fenómeno de identificación literaria en cuanto vio la obra 'La tejedora de sueños' (1952). Le motivó la escritura de un poema homónimo cuya protagonista era una suerte de Penélope tan cotidiana que la poeta se vio reflejada en ella, motivándole un texto que resulta ser un autorretrato de los más estremecedores de nuestra Elena.

De la historia

Además, los escritores preferidos de Elena constituyen verdaderos hitos fundamentales de nuestra historia literaria.

Así, por ejemplo, hallamos a Ibm Hazm de Córdoba, al que le dedicó un poema publicado en 1963 con motivo del IX Centenario del autor de 'El collar de la paloma'. Y así también nos encontramos con Góngora, ejemplo máximo de la poesía barroca. A Elena le interesaba mucho aquel ejercicio de lenguaje y ese despliegue metafórico que siempre consideró como un taller imprescindible. El soneto fue escrito el 17 de mayo de 1966 y también tuve la suerte de disponer de él para publicarlo por primera vez en 'Tiempo a la orilla'.

Caso aparte es el de san Juan de la Cruz. En él tanto poesía como religiosidad fueron para la poeta escuela de maravilla. Dos poemas le dedicó al autor del 'Cántico espiritual'. El primero escrito en Sevilla en 1943 con el título de 'Glosa profana' y que ofrecí como inédito en la mencionada edición de las entonces poesías completas de 'nuestra señora de los amarillos'. El segundo lo conservo en copia mecanografiada con el título de 'Oración para pedir la inspiración en la palabra'.

Más cercanos a la poesía de Elena se encuentran tanto Antonio Machado como Juan Ramón Jiménez. Al primero le dedicó dos romances escritos en octubre de 1959 y al segundo un texto -'Atardecer'- redactado en noviembre de 1956. Ambos poemas aparecieron en la revista malagueña 'Caracola', que dirigió Bernabé Fernández-Canivel.

Otro poeta clave en la lírica de Elena Martín Vivaldi fue Pedro Salinas. A él le escribió en 1984 un poema estremecedor acerca del sentimiento amoroso y que también ofrecí como inédito en 'Tiempo a la orilla'.

El poema se iniciaba con un verso definitivo: «¿Qué eterno es el amor cuando se acaba!». Recuerdo que por aquel momento de redacción del poema yo le dejé a Elena una edición del poeta portugués Luis de Camoens cuyos sonetos fueron tema de muchas de nuestras conversaciones.

El granadinismo de Elena

Hay tres nombres en la poesía de Elena que resumen a la perfección su granadinismo: Ángel Ganivet, Manuel de Falla y Federico García Lorca.

Al autor de 'Granada la bella' le dedicó nuestra escritora un poema escrito el 13 de diciembre de 1965 y que como inédito apareció en 'Tiempo a la orilla'. En el soneto se anotaba: 'Una fina niebla envolvía a Granada la mañana en que algunos poetas visitaron el monumento a A. Ganivet, la víspera de su centenario'.

A Manuel de Falla le dedicó Elena el poema 'Poniente en los jardines' que se publicó en la revista malagueña 'Litoral' en 1973. Bajo el eco del piano de 'Noche en los jardines de España', Elena evoca un atardecer en los jardines del Generalife con un despliegue de elementos vegetales como sólo ella sabía hacer.

En 1986 Ángel Caffarena publicó en las bellas ediciones de 'Los cuadernos de María Cristina' el libro de Elena 'Desengaños de amor fingido', con dibujos de Mª Victoria Atencia. Se trata de siete sonetos al modo del poeta barroco granadino Pedro Soto de Rojas. Este título está tomado del 'Desengaño de amor en rimas' (1623) del citado canónigo del Albaicín.

Con Federico García Lorca era otra cosa. Elena le dedicó textos en distintas épocas de su vida. Por fin -y de la mano de Juan de Loxa, el entonces director de la Casa-Museo de Fuente Vaqueros- se reunieron los doce poemas en el volumen 'Con solo esta palabra' (1990), con un cuidado diseño, obra de Claudio Sánchez Muros.

Nos encontramos, pues, con un ramillete de versos que hacen honor tanto a quien se dedican como a quien los escribió. Unas palabras de homenaje a quien dedicó su vida a la poesía en la intimidad de una Granada siempre revelada.

Una poesía dedicada a todos nosotros, sus lectores.
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