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La expansión urbanística en el litoral allana el camino a riadas catastróficas
La Guardia Civil de la Costa presentó el año pasado catorce denuncias por la ocupación supuestamente irregular de cauces fluviales Sólo en Almuñécar, Medio Ambiente ha abierto una decena de expedientes sancionadores por la invasión de los dominios del agua Xxx xxx
27.09.07 -
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La expansión urbanística en el litoral allana el camino a riadas catastróficas
DEPRIMENTE. Vecinos de Almuñécar adecentan sus casas tras el paso de la riada. / ALFREDO AGUILAR
El viernes, 21 de septiembre, un cielo sombrío descargó a plomo 180 litros de lluvia por metro cuadrado sobre Almuñécar. Los remolinos de agua enloquecida se llevaron un puente por delante y un vecino de la localidad murió ahogado en la cenagosa balsa que momentos antes era su cochera. Los daños ascienden a seis millones de euros.

Nadie podía prever que la tormenta estival fuera tan belicosa, tan violenta. Dicen los geólogos que la naturaleza odia las revoluciones y cuando encuentra a su paso un obstáculo inesperado se lo lleva por delante sin contemplaciones.

Al final, las aguas continentales siempre acaban reclamando lo que es suyo. El hombre tiende a olvidar ese detalle e invade con tozudez los dominios de la naturaleza.

El ladrillo ha conquistado la Costa granadina en la última década. Y las nuevas construcciones no han respetado en todos los casos los cauces naturales del agua. A veces, las obras humanas se han convertido en un tapón, en una presa que revienta cuando se le echa lo que los técnicos denominan el 'mudflow', una mezcla de agua y barro que puede ser letal.

Mercadillo en río Seco

Ese afán por ocuparlo todo ha producido episodios que serían cómicos si el riesgo no fuese real: en Almuñécar, por ejemplo, el Ayuntamiento autorizó la instalación temporal de un mercadillo en el río Seco, cuyo nombre no debe llamar a engaño. Efectivamente, lo normal es que no tenga agua, pero el aciago viernes, 21 de septiembre, se desbordó y causó estragos.

Los expertos nunca descartaron que algo así pudiese suceder. Desde la playa de Velilla hasta el Aquatropic, el terreno está compuesto de una especie de pizarra que impide que el agua cale. Los montes inclinados hacia el mar son un peligro, advierte un geólogo consultado por este periódico. La voracidad urbanística se han comido las ramblas, los desagües que la naturaleza previó para cuando los cielos se encabritan.

La Delegación de Medio Ambiente de la Junta ha abierto una decena de expedientes sancionadores en Almuñécar en los últimos tres años por la supuesta invasión de las servidumbre de protección o del tránsito y dominio público marítimo terrestre. Buena parte de ellos acaban archivados con el paso del tiempo.

Entre estos expedientes destaca uno por la construcción de un 'parking' subterráneo sin autorización de la Junta en una zona 'hurtada' a un cauce natural.

Parece que las 'reivindicaciones' y las costumbres del agua se toman a la ligera. En 2005. Medio Ambiente llamó la atención al Ayuntamiento sexitano porque se estaba realizando un desmonte de 50 metros lineales de cimentación para construir un muro de unas instalaciones deportivas. Cuando se redactó la denuncia, el tabique ocupaba la zona de servidumbre de protección sin autorización.

En 2006 Almuñécar copó la lista de municipios investigados por Medio Ambiente, con ocho expedientes sancionadores, la mayoría por invadir el espacio exclusivo de las aguas continentales.

En toda la Costa

Pero Almuñécar no es un caso aislado. El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil presentó el año pasado catorce denuncias en la Costa granadina por construcciones que afectaban al cauce natural del agua. Resulta preocupante la insistencia por ocupar lo que no debe ser ocupado.

Las lecciones del pasado caen invariablemente en el olvido. Lo que sucedió el viernes 21 de septiembre, volverá a ocurrir en el futuro. No es alarmismo: es la verdad.

carlosmoran@ideal.es
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