Raquel Revuelta vive 'Lo imposible'

Raquel Revuelta, asomada a una paradisiaca playa indonesia antes de comenzar su pesadilla. :: redes sociales/
Raquel Revuelta, asomada a una paradisiaca playa indonesia antes de comenzar su pesadilla. :: redes sociales

La ex Miss España relata en primera persona su escalofriante experiencia en el terremoto de Lombok

ARANTZA FURUNDARENA

Todavía con el miedo en el cuerpo y cierta mala conciencia por «haber salido de estampida dejando atrás el horror», Raquel Revuelta relataba ayer a este periódico su terrible experiencia mientras viajaba en el AVE de las siete de la tarde rumbo a Sevilla, su ciudad natal, donde ansiaba abrazar a sus tres hijos y a su madre. La modelo, ex Miss España y creadora de la empresa de moda y eventos 'Doble Erre', aún no sabe si algún día podrá superar lo que ya define como el peor trauma de su vida... Y no para de repetir un mensaje. «Si yo accedo a contar mi historia es para que la gente se sensibilice y ayude. La situación es terrible y los supervivientes nos necesitan».

Ella también es una superviviente. «Una privilegiada», matiza. Tenía muchas ganas de conocer Indonesia y el 29 de julio se embarcó en un avión, con Luis, su pareja, rumbo a Bali. Después de una semana de turismo, llegaron a la isla de Lombok, donde pensaban descansar los últimos tres días. El domingo por la mañana fueron de excursión a las paradisiacas islas Gili, convertidas hoy en dramático escenario donde se amontonan centenares de turistas a la espera de ser evacuados. «Pasamos una jornada maravillosa practicando snorkel y nadando con tortugas». Por la tarde, regresaron al 'resort' y, después de recibir un relajante masaje, se fueron a descansar a su bungaló. A Raquel el terremoto de casi siete grados de magnitud, que ha matado a más de 300 personas, le pilló recién salida de la ducha y envuelta en una toalla.

El epicentro estaba a solo 20 kilómetros de su hotel y la modelo no olvidará jamás ese ruido espeluznante para el que no acaba de encontrar sinónimos... «Es como que viene de lejos pero llega rápido. Es un chasquido, una rotura de huesos, fortísimo, como si estuvieran sacudiendo la habitación con todo lo que hay dentro. Es una bestialidad que te deja paralizada. Solo acerté a tirarme en el colchón y cubrirme con almohadas». El techo era de palma y no se desplomó del todo. Ella resultó ilesa. Su pareja, con algunas contusiones. «Cuando aquello terminó salimos afuera. De noche. Casi a ciegas. Había otros huéspedes. De pronto empezaron a gritar '¡Tsunami, big wave!' y echamos a correr, descalzos, yo envuelta en la toalla, en busca de un lugar más alto...». Como en la película 'Lo imposible', el 'resort' de Raquel estaba junto a la playa. No oculta que tuvo en mente «todo el rato esa película».

Una noche interminable

Llegaron a campo abierto, unos locales los acogieron en torno a una hoguera. «Nos dieron una especie de pan de arroz y bebíamos buchitos de agua. Un holandés me regaló unos zapatos de hombre. Estuve con ellos más de 24 horas. Fue una noche interminable, llena de estrellas fugaces, pero también con el terror de sentir constantes réplicas del seísmo, algunas bastante fuertes. Y las picaduras de todo tipo de insectos». Al día siguiente, entre temblores de pánico y ataques de llanto, Raquel regresó al hotel. Les prometieron una evacuación que nunca llegó. «La embajada española no ha estado a la altura -protesta-. Nos dejó desamparados». Un nuevo terremoto los catapultó a todos a las lomas del campo de golf.

Al final, Raquel y su pareja se encaminaron a un pueblo cercano donde vieron casas aplastadas con familias enteras dentro, gente sin rumbo por las calles y también aprovechados dispuestos a sacar tajada como improvisados taxistas de turistas desnortados. Uno de ellos, por unos 400 euros, y tras sortear desprendimientos y barrancos, les condujo por fin hasta el aeropuerto. «Pudimos tomar el vuelo que teníamos previsto. Fue como un milagro», relata la empresaria. «A mí me cuesta la vida dormir en un avión, sin embargo dormí profundamente de Lombok a Yakarta y de ahí a Doha, y no desperté hasta Madrid».

Ahora, esta sevillana no sabe cómo podrá gestionar esa mezcla de «terror y pena» que se le ha metido en el cuerpo. «No puedo dejar de pensar en ellos. Los gritos de los niños llorando, la gente desesperada... Por favor, hagamos algo -repite-. Ayudemos».

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