«Quiero seguir tocando en el metro»

El músico madrileño, jubiloso al conocer su victoria./
El músico madrileño, jubiloso al conocer su victoria.

Andrés Martín es el flamante ganador de 'La Voz'. «Me dolería mucho no poder seguir haciendo eso que empezó siendo una locura»

JULIÁN ALÍA

Diez paradas y once estaciones. De Plaza de Castilla a Batán, Andrés Martín (Madrid, 22 años) regalaba su música a aquellos que elegían el metro como medio de transporte. Un tramo de la línea 10 que ha ampliado una parada más, hasta Casa de Campo. Al 'casting' de 'La Voz' (Antena 3) lo apuntó su hermana, y el joven madrileño, que había sufrido 'bullying' en el colegio y pasado por una depresión, cumplió un sueño el miércoles al convertirse en el ganador de la sexta edición, la más vista de los últimos tres años (18,7% de cuota de pantalla y 2.592.000 espectadores), pero la que menos audiencia tuvo en su final (18% de 'share' y 2.169.000 espectadores).

- ¿En qué momento decidió empezar a tocar en el metro?

- Empecé a buscarme la vida como músico hace dos años. Recuerdo que fue el 10 de febrero, que es el cumpleaños de mi padre. Esa mañana me fui a tocar al metro con la intención de, aparte de disfrutar, poder comprarle un regalo, porque estaba a cero.

- ¿Lo consiguió?

- Conseguí suficiente, sí, pero sobre todo me dieron ganas de volver a tocar todos los días. Es muy distinto a cualquier otro sitio. Tiene la cercanía con la gente y puedes ver las distintas reacciones, también de los que no tiene ganas de escuchar a nadie.

- ¿Tenía algún plan B?

- Nada. Dejé el trabajo y los estudios por irme a tocar al metro. De hecho, mi madre se pensaba que estaba en clase mientras yo tocaba. Muchas veces iba a clase con la guitarra, y me quedaba en el banco de fuera, sin entrar a clase. Los profesores me decían: '¿No vas a pasar?', y yo: 'Ahora, ahora, entro a la siguiente'.

- ¿Qué ha aprendido de su 'coach' Pablo López?

- A valorarme, a hablar conmigo mismo, pero sin castigarme. Incluso a perdonarme. A no darle importancia a cosas que realmente no la tienen. A disfrutar haciendo música.

- ¿Por qué cree que ha ganado?

- Eso es entrar en el criterio del público y en gustos personales. Sé que durante todo el programa me he ido soltando. Y cuando más a gusto estás, más das de ti. Puede jugarte una mala pasada la presión, o los nervios, pero cuando llegas a cierto punto puedes mostrarte tal y como eres. Y eso es lo que pasó en la última gala.

- ¿Qué sintió cuando Eva González dijo su nombre?

- Un mareo. Si no me llega a sujetar María, me voy para atrás.

- ¿Había pensado en tirar la toalla?

- No puedo negar que alguna vez la había tirado. Hay días que dejé aparcada la guitarra, pero me di cuenta de que los días que no tocaba, que no iba al metro, o que no escuchaba música, estaba de mal humor. Mi madre me decía: 'No hay quien te aguante. Vete ya a tocar, o coge la guitarra o haz algo'. No hay que negar ninguna oportunidad a los sueños, aunque sea la más mínima hay que dársela.

Los compañeros de la Línea 10

- ¿Va a seguir tocando en el metro?

- Voy a hacer todo lo posible, y hablaré con quien tenga que hablar, para poder hacerlo todos los días que pueda. Estoy deseando descansar y tener un hueco para irme. Me cuesta, y lo digo de verdad, levantarme y en cierto modo no poder seguir siendo quien era. Obviamente lo sigo siendo, y me dolería mucho no poder seguir haciendo eso que empezó siendo una locura. Me da la vida ir cada día al metro.

- ¿Cómo va a ser el disco?

- Tengo clarísimo el título: 'Línea 10'. Eso no cambia. Voy a contar con artistas que nadie se espera, con compañeros míos del metro. Los quiero traer y darles visibilidad. A Javi, un estupendo violinista, a Tito, que toca flamenco y canta impresionante, y me enseñó el mundo del metro, a Josué, el cajonero... Quiero coger a esa gente y decir: Ahora es nuestro momento, nuestro pequeño reconocimiento a lo que hacemos cada día.

- ¿Cree que puede significar un punto de inflexión para esa gente?

- Yo solo quiero que nos dejen cantar en el metro. Alguien que se mete ahí con afán de regalar música no puede molestar. Hay gente que se piensa que mendigamos. Al contrario, vamos a dar. Algunos me dicen: 'Perdona, es que no tengo nada para darte', pero el mero hecho de que te escuchen, que te paren y te digan que les ha gustado, ya es más que suficiente.