«'MasterChef' saca el animal que llevas dentro»

Defiende las arrugas. «Mi ejemplo es Ángela Molina»./R. C.
Defiende las arrugas. «Mi ejemplo es Ángela Molina». / R. C.

María Castro relata su experiencia en el 'talent' culinario y justifica a Santiago Segura.«Un calentón lo tiene cualquiera»

ARANTZA FURUNDARENA

Para conocer mejor a María Castro (Vigo, 1981), es preciso saber que de los 6 a los 18 años estuvo metida en un pabellón deportivo. «Veía más a mi entrenadora que a mi madre», recuerda la actriz. Hoy está convencida de que todo lo que es se lo debe a la gimnasia rítmica. Su paso por 'MasterChef' descubrió a una parlanchina muy disciplinada, autoexigente y tremendamente competitiva, pero solo consigo misma. «En casa me inculcaron un principio: Antes que como actriz o gimnasta, que te recuerden por buena persona». Y en ello anda esta pelirroja, gallega militante y madre de una niña de dos años llamada Maia... En eso, y en sacarle partido a sus habilidades culinarias. Esta semana ha participado en Madrid, junto a Saúl Craviotto y el chef Martín Berasategui, en 'Eat like a pro', una campaña para promover la alimentación saludable patrocinada por la firma de electrodomésticos Beko.

María está satisfecha de su paso por 'MasterChef Celebrity 3', aunque fue expulsada cuando menos lo esperaba, tras un duelo con la incombustible Antonia Dell'Atte. Hasta el mal perder de Santiago Segura lo justifica. «Un calentón lo tiene cualquiera. Pero yo estoy contenta con lo que veo. La esencia de cada persona está muy bien reflejada. Es que con lo cansado que estás es imposible fingir otra cosa que no eres. Al final, aunque quieras colocarte una careta, la parte animal tuya aparece, porque estás agotado y sin ningún tipo de filtro». Ella dio una imagen de mujer alegre, positiva y de buen carácter. Su expulsión dejó a sus compañeros en un 'shock' que duró varios segundos. «Ese cariño en forma de silencio es con lo que me quedo».

Castro sin embargo dista mucho de ser perfecta. «Tengo un montón de defectos pero no te los voy a decir todos porque entonces enseñaría mis cartas». Sí reconoce que la autoexigencia llevada al extremo no es sana, «y yo me machaco y me flagelo en exceso. Les doy mil vueltas a las cosas, analizo una y otra vez en qué me he equivocado». Por suerte la maternidad ha suavizado su naturaleza obsesiva. «Ya no me dura esa resaca tres días, ahora me perdono mucho antes. Cuando tienes hijos aprendes a relativizar, te das cuenta de que mientras estén bien de salud lo demás no tiene tanta importancia».

Inmersa en la veterana serie 'Amar es para siempre', María asegura que vive al ritmo frenético de «grabar seis y siete secuencias diarias». Y aún así confiesa: «Nunca he estado tan cansada física y mentalmente como en 'MasterChef'». Pronto estrenará 'Memorias de un hombre en pijama' con Raúl Arévalo'. Y no puede olvidar el rodaje de '22 ángeles'. Sobre todo, el día en el que, embarazada de seis meses, se tuvo que sobreponer al efecto de unas olas de seis metros en la bahía de Ferrol. «Mirando al horizonte desde la cubierta del barco me sujeté la barriga y le dije a mi hija: Maia, tenemos que aguantar, no podemos marearnos». Entonces supo que el nombre sobre el que había dudado estaba decidido. Su hija se llamaría Maia, «que es María en ruso y en hebreo, una de las estrellas más brillantes de Las Pléyades, una ninfa... Y el velo que separa lo visible de lo invisible».

Pedida de mano en directo

Hace un año, el padre de su hija, el bailarín José Manuel Villalba, le pidió matrimonio por sorpresa en directo durante la emisión de 'El Hormiguero'. «Es lo más privado que te puede pasar -defiende María-. En cuanto empezó a pronunciar aquellas palabras mágicas para mí desapareció el público, Pablo Motos, el plató...». La boda se celebró en el Parador de Bayona. Y duró tres días. El primero, contribuyeron a la reforestación de un bosque arrasado por el fuego. El último se fueron a comer pulpo a las islas Cíes. «Yo tiro mucho para mi tierra», reconoce.

Ser pelirroja no siempre le entusiasmó. «De niña me sentía diferente y para colmo mi madre me peinaba con dos trenzas y en el cole me llamaban Pippi Calzaslargas». Hoy, a sus 37 años, María está feliz en su piel clara y llena de pecas. En su cuenta de Instagram, donde tiene 380.000 seguidores, celebra la aparición de cada arruga. Porque para esta gallega la arruga es realmente bella. «No hay nada más bonito que ver en tu rostro la historia de la vida que has llevado. Si has sonreído mucho como es mi caso. Para mí, el mejor ejemplo de belleza es el de Ángela Molina».

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