«Estoy en contra de la operación bikini»

«Estoy en contra de la operación bikini»

Natalia de Molina confiesa que para hacer el amor lo que le pone es la música. «Hay canciones que me encienden»

ARANTZA FURUNDARENA

No es muy de playa, pero el miércoles por la noche acudió como invitada estelar a la inauguración de Casa Corona, lo más parecido a un chiringuito playero en la costa madrileña. Natalia de Molina compartió con Elena Furiase y Asier Etxeandia, entre otros famosos, la apertura en pleno centro de Madrid de un espacio veraniego de vanguardia destinado a aliviar durante un mes los rigores estivales a base de cerveza fría, gastronomía, moda, talleres de yoga (e incluso de surf) y conciertos acústicos. Un lugar perfecto para esta actriz andaluza que, tras el lanzamiento de la película Kiki, el amor se hace de Paco León, ha decidido tomarse unas vacaciones «para estudiar inglés, para bailar y sobre todo para tener tiempo para mí». Y en una época en la que, como ella dice, «el cuerpo te pide salir a la calle al atardecer, disfrutar con tus amigos y reírte».

Si algo tiene claro esta joven actriz de solo 25 años y ya ganadora de dos goyas es que no piensa renunciar a la buena vida. «Estoy en contra de la operación bikini», sentencia. «Hay que empezar ya a defender que cada una tenemos el cuerpo que nos ha tocado y que la belleza de la mujer está por encima de un canon». Y lo dice consciente de que este verano habrá moros en la costa en forma de paparazzi... «Si me pillan que me pillen. Y si tengo una lorza ¿qué pasa? Nadie es perfecto». Natalia confiesa haber sentido cada primavera la presión de adelgazar, pero ha decidido rebelarse. «Cada vez que me sorprendo renunciando a un pequeño capricho como un dulce me digo: tómatelo Natalia, que la vida son dos días. Una cosa es mantenerte en forma por la salud y otra caer en obsesiones absurdas».

En todo caso, no es probable que la pillen tomando el sol, porque es una «andaluza atípica» a la que no le gusta broncearse. «Quizá porque soy muy blanca y con esto del cáncer de piel...». Y es que Natalia «sin llegar a los extremos de Woody Allen», se confiesa «un pelín hipocondriaca». También le tiene respeto al mar, «desde chiquitita, no sé por qué, pero no soy capaz de irme hasta el fondo nadando. Hago mis buenos largos en la piscina, pero en el mar me quedo en la orilla». Nacida en Linares (Jaén) y criada en Granada, donde aprendió a practicar la malafollá, «ese humor un poco borde tan típico de los granadinos», Natalia de Molina desvela que de niña era muy dicharachera y cantaba a lo Whitney Houston, pero que en la adolescencia se volvió tímida y reservada. Creció «en una casa de mujeres fuertes y muy guerreras». Ella es la menor de cuatro hermanas «muy unidas». Las dos mayores son abogadas, y la tercera, Celia, fue la que le abrió camino en el mundo de la interpretación. Ahora Celia además de compañera ocasional de reparto es su vecina de abajo en Madrid, y a menudo la que cocina para las dos. Pero la protagonista de Techo y comida también se mete en los fogones. «Soy muy fanática de la cocina de mi madre: las cazuelas, los cocidos En invierno me encanta ponerme a hacer pucheros».

«Demasiado angelito»

La actriz lleva un prolongado periodo sin pareja. Alguna vez ha confesado ser «difícil». Su cara de ángel lo desmiente y ella admite que «a lo mejor mi problema es que soy demasiado angelito». Más que difícil, se considera exigente. «Estoy súper abierta al amor, pero no necesito una persona a mi lado para sentirme completa. Yo sé quién me gusta y quién no y prefiero esperar a que llegue el adecuado». En Kiki... rodó una escena de cama con Álex García especialmente intensa. «¡Dale un arañazo, dale un bocado! me pedía Paco León, pero hubo muy buen rollo y no lo pasé mal». Su personaje sufre de harpaxofilia, es decir, le excita ser víctima de un atraco... Y aunque también se llama Natalia, no tiene nada que ver con ella. A Molina lo que le pone es la música. «La recomiendo para hacer el amor. Yo he descubierto que hay canciones que me encienden». Pero no dice cuáles, quizá para que no le saquen, nunca mejor dicho, cantares.

Quien quiera saber más sobre Natalia de Molina tendrá que leer sus escritos... «No tengo un diario, pero escribo a menudo al final del día; cuando llego a casa con la cabeza como un bombo, vomito ahí lo que salga. Son cosas muy íntimas advierte la actriz, una manera mía de soltar presión antes de irme a la cama».