El seguro de las estrellas

El seguro de las estrellas

Ninguna ‘celebritie’ pisa la alfombra roja sin consultar a sus estilistas. Catapultan carreras artísticas y descubren firmas de moda. Manejan un negocio descomunal

LUIS GÓMEZ

Qué puede llevar a a actrices poderosísimas y de apabullante personalidad a no salir a la calle sin recibir el visto de su estilista? No solo es el caso de Julianne Moore, una de las artistas más reputadas y elegantes de Hollywood, ni tampoco el de la estilosa Lupita Nyongo, tan respetada por la comunidad cinematográfica como deseada por las firmas de lujo. Es tanto lo que se juegan que casi nadie se atreve a dar un paso en falso y arruinar un negocio millonario. Las consecuencias pueden ser fatídicas para sus carreras profesionales y sus cuentas corrientes desde que las intérpretes se han convertido en las principales embajadoras de las industrias de la moda y la belleza.

Su influencia cada vez es mayor. Solo ellas deciden cómo visten en publico las estrellas. Su poder es superior al de las marcas de lujo, necesitadas de rostros famosos para alimentar el glamour. Detrás de las inevitables listas de las mejor (y peor) vestidas aparece su mano porque también a veces se equivocan, pero se han convertido en imprescindibles y en las verdaderas protagonistas de las alfombra rojas. Micaela Erlanger presume de haber dado con la fórmula para lanzar iconos de estilo globales. Hizo brillar a Nyongo, protagonista de 12 años de esclavitud, con un inolvidable vestido azul de Prada. Una elección histórica que orilló su extraordinario trabajo en la película dirigida por Steve McQueen. Pese a que su agenda está cargada de contactos, se cuida mucho de modelar estrellas en serie y crear una especie de franquicia estilística. Su habilidad consiste es construir un estilo acorde a la personalidad de cada actriz.

Aparte de su estilo y belleza, un nexo une los destinos de Natalie Portman, la creadora de tendencias Sienna Miller, Dakota Johnson y Michelle Williams. Antes de colocarse ante los focos piden consejo a Kate Young. «Lo peor que te puede pasar cuando tienes que vestir a una estrella es que no tenga la misma visión de la moda que el diseñador», confesó a la revista Woman. Kate está acostumbrada a lidiar con todo tipo de egos, aunque, «cuando pasa algo así, te quieres morir», reconoce esta experta que encuentra inspiración en Blondie, Bob Dylan y Keit Richards. Factura estilos minimalistas y desenfadados e innovadores.

Tras asesorar a Amy Adams, la explosiva Megan Fox o Mila Kunis, pocos son los que cuestionan el liderazgo de Petra Flannery. La revista The Hollywood Reporter la eligió el año pasado la estilista más poderosa del planeta tras dar el campanazo y plantar a Emma Stone un mono de Lanvin para la entrega de los Globos de Oro. Tiene muy claro cómo hacer que sus chicas sean las más elogiadas: probándose ella misma o su hermana la ropa a la que echan el ojo. Nada más se sabe de su, por el momento, infalible método, pero Zoe Saldana no da un paso sin ella: «Lo nuestro fue un flechazo. Llevaba años buscando la química que tenemos Petra y yo», reconoce.

La envidia de directores

Complicidad y confianza. Son dos claves que explican las profundas relaciones que, a través de la ropa y las joyas, establecen actrices y estilistas. Elizabeth Stewart es la envidia de muchos directores. Empezó con Calista Flockhart en la época de Ally McBeal y ahora atiende a Cate Blanchett, Julia Roberts, Sandra Bullock, Amanda Seyfried y January Jones, además de la estrella más potente del Hollywood de los últimos años: Jessica Chastain. «Sus vestidos van más allá de la belleza, proponen una conservación», ensalza la artista sobre la antigua redactora del Womens Wear Daily y New York Times. «Intelectualizo tanto los looks que propongo que cuando debo vestirme yo me da pereza», relata Stewart.

No es el caso de Leslie Fremar, un caso excepcional, ya que rivaliza en estilo con muchas de las mujeres que habitualmente encabezan la lista de las más elegantes. Casi siempre acierta. Pocos deslices se le conocen a Julianne Moore, Charlize Theron o Jennifer Connelly, pesos pesados de las alfombras rojas. Fremar, que fue asistenta de Anna Wintour, trabaja con coherencia y sentido común. «No sigas las tendencias, viste según tu tipo de cuerpo», recomienda.

A otras, sin embargo, no les queda más que remedio que arriesgarse con resultados de imprevisibles consecuencias. Es lo que hizo Rebecca Corbin-Murray con Lily James, la actriz de la serie Downtown Abbey durante la promoción de la película Cenicienta. «Lily es un poco chicazo a la hora de vestir y decidí crearle unos modelos muy de princesa», cuenta. La pareja Karla Welch y Kemal Harris, cada vez más pujante, lo tiene claro. Aun a riesgo de pasarse, prefieren pecar por exceso que por defecto. «Nuestras clientas necesitan destacar entre la multitud, por lo que un color llamativo o un detalle de pedrería ayuda a marcar la diferencia», sostienen estas estilistas que visten a Zooey Deschanel, Olivia Wilde o Robin Wright.

Aunque ha perdido algo de fuerza, Rachel Zoe mantiene un ojo certero. Trabaja habitualmente para Jennifer Lawrence, Jennifer Garner y la nada discreta Sofía Vergara, pero ella es una celebritie en sí misma. La mediática asesora es protagonista de un programa de telerrealidad. Pese a ser una de las más cotizadas, este lucrativo negocio le impone sus límites. Jennifer Lawrence y su contrato millonario con Dior (15 millones de dólares) obligan a Zoe a escoger únicamente entre los modelos de la legendaria casa francesa. Así que no le queda otra que hilar muy fino porque lo que se traen entre manos estos ángeles de la guarda del estilo vale su precio en oro.

Jeannan Williams, que figura entre las asesoras más influyentes, reconoce que lo más fácil es colocar a la estrella de turno el vestido más llamativo de la pasarela. «Pero no se trata tanto de lucir un Chanel o unDior de alta costura a toda costa como de encontrar el outfit perfecto para la ocasión, la medida del cuerpo y el estilo de la actriz. No hay que disfrazar, sino vestir». Con sus elecciones pueden catapultar a una nueva a actriz al éxito o elevar a una firma de moda al estrellato.