La mutación del bipartidismo

Albet Rivera (i) y Pablo Iglesias. /AFP
Albet Rivera (i) y Pablo Iglesias. / AFP

Las fuerzas políticas afrontan las generales divididas en dos bloques cuatro años después de la llegada de Podemos y Ciudadanos al Congreso

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Cuando la demoscopia pronostica que vuelven a ser PSOE y PP los partidos con posibilidades de liderar el próximo Gobierno, cabe pensar que el bipartidismo, más que extinguirse por completo, ha mutado. La irrupción de Podemos y Ciudadanos en la política española, al calor del descontento social, hizo tambalear en 2015 un sistema en el que las dos fuerzas políticas hegemónicas habían llegado a concentrar hasta un 80% del voto. La nueva realidad, que no parece reversible en el medio plazo, obliga ahora a populares y socialistas no a despedirse de la Moncloa, pero quizás sí de antiguas formas de gobernabilidad en solitario.

Podemos y Ciudadanos ni tan siquiera han esperado al final de la campaña para plantear, uno a Pedro Sánchez y, el otro, a Pablo Casado, gobiernos de coalición. Su oferta previa a la contienda, que oficialmente comienza este jueves, no sólo da por sentado las tremendas dificultades que tienen para lograr un 'sorpasso', sino que define los dos bloques políticos que concurren a estos comicios. El eje izquierda-derecha, que había quedado desdibujado, vuelve a regir la batalla electoral.

La clave

416
cuentas falsas llegaron a difundir 3.648 tuits con bulos durante la campaña en la que los británicos optaron por el 'brexit'.
1-O
Se difundió la foto de un niño herido que correspondía a un suceso de 2012 en Madrid.

El doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Pompeu Fabra, Pablo Simón, sostiene que no está ocurriendo nada que no acontezca en otros países de nuestro entorno. «España -concluye- es europea. Tenemos ya dos familias tradicionales en decadencia y con ajustes, partidos de extrema derecha nuevos que entran en el Parlamento, mayor volatilidad y mayor fragmentación, mayores dificultades también para formar Gobierno. Esto es algo que ha ocurrido en Suecia, Alemania, está pasado en Italia y el resto de países». Y, a su juicio, esta segunda fase en la que Vox obtendrá representación parlamentaria es ya «el final del principio» de un nuevo modelo. No hay vuelta atrás.

Una vez asumida esta tesis, Simón apunta que lo preocupante es «haber cambiado el 'software' sin cambiar el 'hardware'». En otras palabras, no tener las instituciones diseñadas para el multipartidismo. «Por ejemplo, el proceso de investidura. El artículo 99 de la Constitución estaba diseñado para un sistema en el que estaba muy claro quién iba gobernar: el primer partido, el que ganaba las elecciones. Ahora podemos tener más situaciones de bloqueo», augura.

Hasta diez meses les costó a los partidos formar Gobierno tras los comicios de 2015. Y fue necesario volver a convocar elecciones para investir a un presidente. Nada garantiza que no vaya a pasar lo mismo ahora. La noche electoral del 28 de abril puede alumbrar una mayoría clara, fruto de la suma de formaciones dispuestas a pactar, o dejar más incógnitas que certezas.

Las coaliciones

El pronóstico de las dificultades con las que se iba a topar llevó al equipo de campaña de Rajoy en 2015 a barajar, días antes de las elecciones, la posibilidad de un Gobierno de coalición con el PSOE. En aquella fecha, José Luis Ayllón ejercía de secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. «Esa oportunidad la perdimos, porque nos tocó vivir con la persona más convencida de esa coalición, que era Rajoy, y con la persona menos convencida, que era Pedro Sánchez», lamenta cuatro años después.

Hoy aquel planteamiento parece imposible. Pero más aún, Ayllón ve serias dificultades para tender puentes entre dos bloques tan definidos y, al mismo tiempo, fragmentados en su interior. No cree posible buscar el entendimiento con el contrario sin que los socios de tu propio espacio ideológico «se lancen al cuello». Y eso, a su juicio, es un camino directo al «abandono de la moderación».

La eurodiputada y exvicesecretaria general del PSOE Elena Valenciano considera que ha sido Cataluña, el desafío independentista y la reacción de los partidos, lo que ha roto cualquier posibilidad de «transversalidad» en este momento. El debate parece enconado. «Y el futuro del país -advierte- no puede ser una política de bloques, porque España siempre ha funcionado cuando ha habido diálogo entre las distintas fuerzas».

Valenciano puso rumbo al Parlamento Europeo antes de que la fragmentación se escenificara en el Congreso. Y desde Bruselas ha podido seguir la misma crisis política, que llegó junto a la económica, en otros Estados de la UE. Su análisis no es tanto el de la transición del bipartidismo al multipartidismo, sino el de un proceso que tiene que llevar a la «redefinición de la democracia representativa» tras la «reprimenda» de los ciudadanos.

 En este sentido, Simón da por descontado que ni PP ni PSOE hicieron los deberes entre 2011 y 2014, cuando surgieron los primeros síntomas como el 15-M y cabía acelerar la regeneración interna ante los escándalos de corrupción. «Pero, claro, agua pasada -señala- no mueve molino». Y el reto que ahora tienen por delante todos los partidos, el de encontrar la forma de gobernar de manera efectiva, tampoco es despreciable.