La OCDE anticipa el crecimiento más bajo de la economía mundial en la última década

La Bolsa de Kuwait, en plena efervescencia, durante una sesión. / AFP

Prevé que el PIB crezca un 2,9% este año y un 3% el próximo, con especial descenso de algunas potencias de la zona euro

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

«Fragilidad» e «incertidumbre». Son los dos adjetivos con los que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) describe el panorama que se cierne sobre la economía mundial. La actividad de la mayor parte de los países no crecerá tanto como en los últimos años, una circunstancia que ya vienen apuntando todos los analistas; y, lo que puede resultar más importante, la preocupación por un futuro que no se sabe con claridad por dónde va a ir, ni para bien ni para mal.

El último informe de las estimaciones de la OCDE difundido esta mañana explica a esa realidad hasta el punto de que ha revisado a la baja las perspectivas de crecimiento mundial para este ejercicio y el próximo. Lo ha hecho hasta su nivel más bajo en la última década, debido fundamentalmente a la incertidumbre económica y política. En concreto, la nueva previsión de la OCDE pasa por que la economía crezca un 2,9% en 2019, tres décimas menos de lo estimado hasta ahora, mientras que el ajuste para 2020 ha sido de cuatro décimas, hasta el 3%. «Las perspectivas mundiales se han vuelto cada vez más frágiles e inciertas», ha indicado el organismo con sede en París, añadiendo que los riesgos a la baja «siguen amontonándose».

Así, la OCDE ha explicado que la «intensificación» de las tensiones de las políticas comerciales está «afectando cada vez más» a la confianza y a la inversión, lo que a su vez se suma a la incertidumbre política, afecta al sentimiento de riesgo de los mercados financieros y «pone en peligro» las perspectivas de crecimiento futuro.

Prácticamente no hay un solo territorio que se libre de unas peores estimaciones. En el caso de la zona euro, la OCDE anticipa un alza del PIB del 1,1% para este año, una décima menos del cálculo anterior, y un 1% para 2020, cuatro décimas a la baja. Sobre Alemania recae buena parte de la culpa del empeoramiento de las estimaciones al vaticinar un crecimiento para la economía germana de apenas medio punto en 2019. Francia avanzará un 1,3% (un 1,2% en 2020) e Italia se estancará (subirá un 0,4% el próximo año).

En el informe no se analiza la situación actual ni el futuro de la economía española al tratarse de una revisión intermedia de la OCDE. En cualquier caso, fuentes del organismo aclaran que están analizando la situación política, con unas nuevas elecciones a la vista en noviembre por la propia incertidumbre que esa situación general. Pero constatan que España sigue creciendo por encima de los países de su entorno. En cualquier caso, los últimos cálculos de las casas de analistas han rebajado las expectativas de crecimiento del PIB español para este año y el próximo, hacia el entorno del 2% tras constatar el INE que la economía creció en 2018 dos décimas menos de lo previsto inicialmente.

La OCDE sí analiza el caso de Estados Unidos que finalizará 2019 con un crecimiento económico del 2,4%, cuatro décimas menos, mientras que para 2020 la OCDE ha revisado su previsión hasta el 2%, tres décimas menos que la cifra anteriormente estimada. Japón, en cambio, ha sufrido una revisión al alza de tres décimas para este año, hasta el 1%, mientras que para 2020 la estimación del 0,6% no ha registrado modificaciones.

Mención aparte tiene Reino Unido en el informe de la OCDE, al prever que crezca un 1% en 2019, dos décimas menos, y un 0,9% en 2020, una décima menos. De hecho, el organismo alerta de que Reino Unido podría entrar en recesión el próximo año en caso de que finalmente salga de la Unión Europea sin acuerdo. Por ahora, las estimaciones tienen en cuenta que Londres y Bruselas llegarán a un acuerdo. «La posibilidad de que se produzca una salida sin un acuerdo formal es un serio riesgo a la baja, y una fuente principal de incertidumbre. Si Reino Unido deja la Unión Europea sin acuerdo, las previsiones serían significativamente más débiles y más volátiles, especialmente a corto plazo», ha alertado el organismo presidido por Ángel Gurría.

La organización constata que la actividad manufacturera se encuentra en su nivel más bajo en siete años, mientras que la actividad industrial se está viendo especialmente afectada por las tensiones comerciales. La actividad del sector servicios, en cambio, ha logrado mantenerse, debido a las mejoras del mercado laboral y el apoyo de las políticas fiscales.

Entre los principales países emergentes y economías en desarrollo, China crecerá un 6,1% en 2019, una décima menos, y un 5,7% en 2020, tres décimas menos. Turquía observará una contracción de tres décimas este año, lo que supone una mejora de 2,3 puntos porcentuales con respecto a la anterior estimación, aunque para 2020 se ha mantenido sin cambios en el 1,6%.

Las mayores revisiones han sido para Argentina, cuyo PIB se reducirá un 2,7% este año, nueve décimas más, por la nueva depreciación del peso, la elevada inflación y los controles de capitales. Para 2020, el ajuste ha sido de 3,9 puntos porcentuales a la baja, hasta situarse en una contracción del 1,8%.

La política monetaria

Con respecto a las perspectivas a largo plazo, la OCDE ha alertado de que la coyuntura económica y financiera sugiere que la «moderación generalizada» del crecimiento del PIB y del comercio «posiblemente persista más de lo anticipado anteriormente».

En este sentido, los tipos de interés bajos deberían aprovecharse para «amortiguar» el impacto de la ralentización, a pesar de que el impacto del cambio del precio del dinero será «modesto», especialmente en economías avanzadas.

La OCDE concide con el diagnóstico del Banco Central Europeo (BCE), que ha reiterado en varias ocasiones que sus medidas se verían amplificadas si fueran apoyadas por medidas fiscales y reformas estructurales.

«La política fiscal debería ayudar a elevar el crecimiento a corto plazo haciendo uso de los excepcionalmente bajos tipos de interés, especialmente a través de medidas de gasto como una mayor inversión en infraestructuras que eleve la demanda a corto plazo y beneficien el crecimiento a largo plazo», ha argumentado el club de país desarrollados.