600 valientes completan el durísimo desafío de Órgiva

600 valientes completan el durísimo desafío de Órgiva
FOTOS. ALFREDO AGUILAR

José Francisco Delgado y Jessica Petersson ganan la durísima carrera de 18.5 kilómetros

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Hace falta mucha motivación para correr veinte kilómetros, y algo más que eso para hacerlos cuesta arriba desde Órgiva. Es cierto que no fueron los 1.500 de Salobreña siete días atrás, pero tiene su valor que 600 personas madrugaran esta mañana para coger el coche y tomar carretera para meterse semejante paliza en lo que prácticamente es una media maratón. La localidad alpujarreña se movilizó para dar cabida al Gran Premio de Fondo y a sus protagonistas y estos se lo agradecieron con sudor, mucho sudor en una mañana calurosa.

Los seiscientos corredores aguardaban puntuales e impacientes en la plaza García Moreno el paso del autobús del pueblo para que la carrera pudiera tomar salida. Esas cosas son así. La organización pidió silencio para un anuncio importante que levantaría los primeros aplausos de la jornada: se habían dispuesto puntos de avituallamiento cada tres kilómetros para compensar la alta temperatura, por encima de los veinte grados y cerca de los treinta. Dosis de vida embotelladas. Sorprendía ver en la fila frontal a varias mujeres, valientes ellas, y sin embargo no encontrar a los principales corredores del circuito, a los que aspiran a ganarlo y a los que no suelen perderse una. Varios se desfondaron en Salobreña con motivo del Campeonato de Andalucía en ruta y prefirieron descansar. Otros directamente eligieron participar en la de los Volantones de la Base Aérea el día anterior. Algunos, como Ester Hidalgo, hicieron doblete, infatigables.

La prueba se puso en marcha con el pistoletazo y los ánimos de los familiares desplazados ante la mirada curiosa del vecino que apuraba el café del domingo por la mañana en su terraza habitual. También se interesaron algunos hippies, quizás de Beneficio. Se preguntarían, como se preguntaban tantos, qué movía a esas seiscientas personas, que ni siquiera aspiran a conquistar el circuito, a irse a Órgiva un domingo por la mañana para meterse en el cuerpo los 18 kilómetros y medio de su carrera, subida y bajada por Lanjarón incluidas. Es la esencia del atletismo popular, porque los grandes artífices del Gran Premio no son quienes llegan los primeros sino los últimos, para los que quizás una carrera de veinte kilómetros con ese desnivel sea incluso demasiado. El asunto es que a muchos les encanta. Adoran sufrir.

Para afrontar la prueba de fondo Ciudad de Órgiva se necesitan muchas fuerzas propias y también ajenas. Es una de esas carreras inexplicable sino desde el compañerismo. Kilómetro a kilómetro como metro a metro, como pulgada a pulgada, los seiscientos participantes fueron avanzando por el recorrido trazado casi que sin tiempo de pararse a disfrutar de un paisaje para disfrutarlo. Energía visual en los momentos críticos junto a las palabras del camarada, el que te dice que puedes, el que te miente y te dice que ya casi está. Con quien cruzas la meta y le agradeces el servicio.

Ganadores

Se adjudicaron las victorias, aunque todos ganan cuando se sobrevive, José Francisco Delgado y Jessica Petersson. El del Team Halcón fue el más rápido en una hora, cuatro minutos y 19 segundos, un tiempo apenas quince segundos por debajo del de Manuel Santiago un año atrás. Tercero entonces, Delgado consiguió al fin una victoria que perseguía desde hace tiempo. Decidió que se escaparía en solitario cuando pasó lista de sus rivales, arriesgando, y nadie le siguió luego. José Rodríguez (Maracena) y Diego Varela (Bewor) llegarían más de dos minutos después. «Se me dan bien las carreras con cuestas, aunque en los 'toboganes' no se sabe lo que puede pasar. Le pedía a Dios llegar ya», admitió.

Coronó entre las mujeres Jessica Petersson, ya recuperada aun con la rodilla vendada, tras asestarle un golpe inesperado a Ester Hidalgo a falta de apenas tres kilómetros. «Me hace muy feliz volver al circuito. Es una carrera muy dura pero me habría parado por las vistas», contó la danesa del Granada Run Project. El sufrimiento que se escoge por el placer de la compañía.