Judo

Respeto, amistad y judo en Albolote

Blas González supervisa una clase en Albolote./RAMÓN L. PÉREZ
Blas González supervisa una clase en Albolote. / RAMÓN L. PÉREZ

El club nació en mayo de 2016 de la mano de Blas González y a día de hoy cuenta con más de 150 alumnos

CAROLINA A. PALMAGRANADA

Jorge es el más pequeño del club, tiene solo cinco años y, cuando termina su hora de entrenamiento, aprovecha el cambio de clases para buscar al compañero de mayor edad que se encuentre en ese momento sobre el tatami y lo reta a un duelo. Se agarra fuertemente del judogui de su nuevo contrincante y procura, con todas sus fuerzas, hacer que su espalda toque la colchoneta. Muchas veces acaba con los pies en el aire, muchas otras parece que su intento fuera el de mover un muro de hormigón, pero al final su adversario siempre acaba cediendo en una mezcla de misericordia e impaciencia y deja que el pequeño Jorge, no solo lo tumbe, sino también asimile el mérito como propio. Hoy parece un juego de niños, un tierno gesto hacia el joven judoca, pero en su interior se está gestando la fuerza emocional y mental a la que pronto acompañará la física, acabando por convertirle en un potencial campeón provincial, nacional o incluso internacional, quién sabe. Y todo porque Jorge pensó que podía, y nunca dejó de intentarlo.

Esa es la filosofía de Blas González, entrenador y fundador del club que lleva su nombre y que él mismo rige en tres pueblos de Granada, además del colegio Mulhacén. Lo fundó hace apenas dos años y, hoy en día, ya ronda los 150 alumnos. El éxito se lo achaca a esta filosofía suya, que ya es también la de su alumno Jorge. «He creído en ellos cuando nadie lo hacía y quiero transmitirles la idea de que todos somos iguales. Veo reflejado lo que yo era en muchos de los niños, los entiendo y, por eso, los ayudo», afirma Blas, refiriéndose al tiempo en el que él mismo descubrió el judo, con tan solo seis años, y con él un lugar donde al fin era respetado y tratado como uno más.

«Veo reflejado lo que yo era en muchos de los niños. Los entiendo y, por eso, los ayudo»

«Era muy tímido y sufría bullying en la escuela», recuerda el entrenador natural de Albolote, y del judo le encantaron sus valores -entre los más destacados, el respeto y la amistad-. «Te sentías más reforzado, te subía la autoestima», manifiesta el judoca, que vivió enganchado a esta disciplina 15 años más, hasta sus 18, cuando acabó por dejarlo por «cuestiones de trabajo». Recuerda también que en su club eran como una gran familia, y que su entrenador era un segundo padre para todos ellos. De hecho, fue él mismo el que volvió a reenganchar a Blas a esta disciplina japonesa, cuando ya rondaba los 30 años y «había asumido que no iba a seguir en esto. Mi maestro me llamó porque necesitaba monitores, y me preguntó por qué siempre me había negado a dedicarme al deporte cuando era para lo que había nacido, y yo me di cuenta de que tenía razón», rememora el actual profesor, que emplea todo su tiempo a la formación de luchadores y deportistas. Ahora trabaja de lunes a sábado y, prácticamente, todas las horas del día, porque ya solo se dedica a esto; pero en sus comienzos, las clases que impartía, por amor al arte, no las cobraba, y procuraba ganarse la vida con trabajos esporádicos de albañilería o «de lo que saliera». Poco a poco comenzó a hacerse un nombre y los diferentes colegios acababan pidiendo clases solo si eran impartidas por él. Al final, cuando su antiguo maestro acabó por dejar oficialmente el club y la situación se hizo insostenible, Blas fundó el suyo propio en Albolote, que no deja de expandirse hasta el momento. Ya está intentando abrir otra escuela en un cuarto pueblo. Pero al principio, en mayo de 2016, solo eran seis niños: sus dos sobrinos y cuatro amigos suyos.

Entre los títulos de los que hoy gozan sus más de 150 aprendices se encuentran cinco oros en Campeonatos de Andalucía, 25 medallas en total en los mismos campeonatos, y otras siete en Copas de España.

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