Deporte adaptado

«Quisieron que viera la Alhambra, pero yo vengo a escalar»

Urko deja su muleta para iniciar la subida a una pared./IDEAL
Urko deja su muleta para iniciar la subida a una pared. / IDEAL

Este escalador, que perdió su pierna derecha en un accidente de tráfico, es fiel a las paredes de Cogollos y Los Cahorros. Ahora prepara junto a Javi Aguilar, invidente total, su participación en el Campeonato del Mundo que se celebrará en Innsbruck (Austria)

CÉSAR GUISADOGRANADA

Urko Carmona Baradiarán nació en el 81 en Barcelona. De madre vasca y padre leonés, dice que «en algún sitio tenía que nacer yo». Con doce años la familia de Urko se establece en Alicante y allí comienza él a descubrir que las montañas también están para afrontarlas a través de sus caras más verticales. Fue un amigo de su padre, Joan Martí, guarda del refugio pirenaico de Pedraforta, quien le enseñó los secretos de la escalada.

Siendo todavía un niño, aprendió que una vía no es sino un reto cargado de ayudas y de obstáculos y que el resultado, tu éxito o tu fracaso, dependerá siempre del esfuerzo que estés dispuesto a hacer. Y no tardó la vida en ponerlo a prueba. Con dieciséis años vio como un camión se lo llevaba por delante. A él, a su motocicleta y su pierna derecha.

«Cuanto más rápido asumes lo que te pasa, antes consigues retomar tu vida. Yo sabía que no iba a parar porque me faltar una pierna, sabía que tenía que tirar hacia delante como fuera, quería seguir escalando, también probar otros deportes, aunque lo que más me llenaba era la escalada», recuerda.

El contacto con la naturaleza, con los compañeros mal llamados rivales en la competición y todos esos valores que se agarran al arnés. «Las sensaciones», lo resume. Cuenta que la primera vez que pasó por Granada fue «para escalar, evidentemente. Mis amigos querían llevarme de tapas, que fuera a ver la Alhambra, que por supuesto la vi y me encantó. Pero yo había venido para escalar», cuenta. Probó Cogollos, la Alfaguara y Los Cahorros y desde entonces su vínculo con Sierra Nevada es muy fuerte.

«Intento siempre encontrar nuevas vías, otros sectores, pero al final siempre voy donde me lleva la gente. Muchas veces viajo solo y escalo lo que me voy encontrando allá donde voy». Tanto, que con la falta de su pierna derecha ha sido capaz de conseguir escalar un grado 8+, hasta el momento. Y no es fácil. «La psicología es una de las cosas más importantes en este deporte. Es lo que te permite subir. Si dices que no puedes hacerlo, Urko no lo va a hacer», se dice.

Pero Urko sí puede. Ha sido campeón del mundo en los años 2012 y 2014. También de la Copa del Mundo, de Europa y de España desde que se celebra este campeonato para personas con discapacidad física. Hace unos días estuvo presente en el Máster de Beijing y acaba de regresar de Innsbruck, donde se ha entrenado con el paraescalador invidente Javi Aguilar, ya que ambos preparan la próxima edición del Campeonato del Mundo, que tendrá lugar en Austria.

«Para afrontarlo tenemos que estar lo mejor preparados posible. Para ello tenemos que invertir nuestro esfuerzo y también nuestro propio dinero. Lo hacemos con la ilusión de acercar a la gente con discapacidad al deporte de la escalada», asevera.

A él la escalada le ha dado «fuerza. Ganas de volver a creer en mí, de ver que las cosas no son imposibles y que con esfuerzo todo lo puedes hacer. Engancharse a una vía durísima es como afrontar un reto, trabajándolo lo consigues superar y eso para mí no tiene precio».

Si Urko Carmona tiene un sueño, este se dibuja en una pared que bien podría estar en Tokio, dentro de dos años. De momento la paraescalada no es paralímpica. Y no lo es, a su entender y al de muchos de sus compañeros, porque la Federación Internacional no está trabajando lo suficiente para conseguirlo. Se celebrará una reunión durante el Campeonato del Mundo de Innsbruck y desde allí saldrá una decisión definitiva. Pero hace falta compromiso. También en lo económico. Y lamentablemente, parece que los esfuerzos federativos no se encauzan por estas vías.

«Nos dijeron que para nosotros no, porque no somos tan importantes dentro de la Federación, somos una minoría», dice Urko, explicando que son los paralímpicos quienes «ponemos más esfuerzo, pero necesitamos más recursos para controles médicos más exigentes y mejores», y sobre todo, para la adaptación del deporte a cada clase de discapacidad.

«Es como una carrera de 100 metros, si le pones baches por medio», explica. «Tenemos que hacer vías acordes con la discapacidad de cada uno para que sean igual de justas para todos porque no es lo mismo que te falte el brazo derecho que el izquierdo. Por eso pedimos vías equipadas para nuestra discapacidad y que eso no afecte tanto a la hora de la clasificación», exige.

Pero, para que esto sea una realidad, la escalada necesita de una nueva revolución. La encontró después de Londres, en 2010, cuando el organismo internacional que rige este deporte se propuso ser olímpico. Consiguieron el objetivo para las categorías absolutas y desde entonces se agotaron los esfuerzos. Los paralímpicos, de momento, no lo serán. «No dan el mismo dinero por una medalla olímpica que por una paralímpica. Montar la pared de un campeonato para nosotros requiere mucho más esfuerzo que equipar unas vías para uno de categoría absoluta». Que el esfuerzo que hacen los deportistas sea mayor que el de quienes los representan puede ser la verdadera raíz del problema.

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