Una preciosa marea rosa por la causa más noble

Cientos de personas, en la X Carrera de la Mujer de Granada. /Alfredo Aguilar
Cientos de personas, en la X Carrera de la Mujer de Granada. / Alfredo Aguilar

Más de nueve mil corredoras y otros tantos cientos de hombres participan en la X Carrera de la Mujer

JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

:: josé ignacio cejudo

granada. Las mujeres mueven el mundo, más hermosas cuanto más orgullosas de serlo. Una radiante marea rosa protagonizó la mañana en Granada en la ya décima edición de la Carrera de la Mujer, contra el cáncer de mama y a beneficio de la AECC. Más de diez mil personas implicadas entre los 9.500 inscritos, cifra récord, y sus acompañantes y voluntarios. Más de diez mil razones, con tantas y tantas personas en el recuerdo, fotografiadas en el carrete del corazón. Ellas corrieron por ellas y ellos por ellas también. Todas, unidas y de la mano, contra esa jodida enfermedad llamada cáncer.

Todo el colorido que no había en el cielo gris lo hubo a ras de suelo, donde el precioso color rosa atrajo la atención por una causa común, mayor, por encima de la competitividad en una carrera que es para todos. Familias enteras y mujeres de todas las edades, desde niñas hasta ancianas, se echaron a la calle para integrar la marea que mejor las representa acompañados por sus hombres, los hombres para los que son el sinónimo de la vida. Fue una jornada festiva para muchos y emotiva para tantos, una ecuación compatible entre la batucada, las palmas y el baile y la conmovedora mirada hacia el ser querido que ya no está entre nosotros, o hacia el que lo está pero no pudo asistir a la carrera en pleno tratamiento.

Las lágrimas de Ana María brotaron antes incluso del pistoletazo de salida. «Me emociono nada más que viniendo, lloro y todo. Participo por mi prima María Isabel, que era como una hermana, y por todas las que han muerto por la enfermedad del cáncer», relataba, acompañada por sus amigas Toñi, que empalmó la carrera con su turno de noche en Trauma, y Araceli, quien se lo toma con más calma tras un infarto pero sin perderse una. Familias y amigos unidos como Juan, Guadalupe, Encarnita, Lourdes y Encarni con sus pequeños Martín y Dario en los carritos. «Va por nuestros familiares fallecidos y por quienes siguen con el tratamiento», admitían.

Ahí partieron, felices por estar, más de diez mil personas que desde Fermasa buscaron el centro de Granada para pasear su orgullo rosa, ese por el que demuestran que están orgullosos de nuestras mujeres, fuertes, rápidas, bellas y empoderadas. Incansables como la 'abuela' Pilar Moleón, mito del Gran Premio de Fondo, que la corrió por primera vez a sus ochenta años. «A ver cómo sale», comentaba tan prudente como siempre.

La primera mujer en recorrer los más de cinco kilómetros de carrera fue Ester Hidalgo, la atleta del club de Nerja. Lo hizo en 22 minutos y trece segundos, a poco más de medio minuto de María Dolores Arias Santiago y Amada Martínez, ambas del club Olimpo organizador. «Es la primera vez que vengo y tenía muchas ganas, siempre había querido participar pero nunca había podido por otros compromisos o porque me había cogido pariendo, esas cosas que hacemos las mujeres», señaló entre risas. «De pronto pasé de ir sola con toda la ciudad para mí a encontrarme volviendo con el resto de la carrera, animándonos los unos a los otros, fue muy emocionante», aseguró risueña la ganadora. «Siempre tienes a algún amigo o familiar que sufre cáncer. Hay que visibilizar la enfermedad y recaudar fondos porque te puede tocar en cualquier momento», expresó Ester Hidalgo, concienciada.

Miles de personas han madrugado para correr contra el cáncer de mama. / ALFREDO AGUILAR

Cinco minutos más tarde alcanzaría la meta María Luisa Cantón, corredora del club de Albolote, inmersa en un llanto infinito con dos margaritas en el hombro, las flores favoritas de sus amigas Ana y María José. «Ambas se fueron con poco más de treinta años y lucharon con mucha entereza hasta el último día, pero en esta enfermedad unas veces se gana y otras se pierde, y gracias a Dios cada vez se pierde menos», agradecida también a Amancio Ortega por su donación «porque ojalá hubiera habido más como él hace veinte años, pese a todo lo que se le ha criticado».

Besos y abrazos

Al cruzar la meta se multiplicaron los abrazos y los besos, silencios sobrecogedores en los que cualquier palabra habría estorbado. Sólo quien lo ha sufrido de una forma u otra podría saberlo. También hubo entre las diez mil corredoras ejemplos como el de Begoña, diagnosticada de cáncer de mama en 2013 y todavía en plena batalla contra una metástasis en el cerebelo. «Me pusieron la quimio el jueves y ha sido un esfuerzo muy grande venir, no me lo quería perder», afirmó acompañada por su hermana Esther y su marido Felipe, comprensivos en sus pequeños respiros.

Orgullosas de ser mujeres y orgullosas de plantar cara al cáncer de mama. Unidas porque así son invencibles, amuralladas en una marea rosa que todo lo puede. Por quien luchó y por quien todavía lucha.