Pádel

La historia de superación de la palista granadina María del Mar Piqueras

El pádel da sentido a la vida de María del Mar Piqueras y la hace feliz. / PEPE MARÍN

María del Mar Piqueras lucha con su ejemplo y esfuerzo por el deporte que ama y apuesta por que sea igualitario

CAROLINA PALMAGRANADA

Para la granadina María del Mar Piqueras el deporte no es solo un simple pasatiempo. Fue algo de lo que se dio cuenta cuando aún era muy joven y lloraba si llovía por no poder ir a entrenar. En ese momento la disciplina a la que se dedicaba era el tenis, el que «me daba la vida», según recuerda ahora. A tal punto llegó este efecto del deporte en su persona que, a los once años, cuando su padre murió, «mis amigos me preguntaban qué hacía yendo a entrenar, pero es que aquello era lo que me hacía feliz, estar en las pistas me hacía sentir viva», recuerda. Se metió tanto en el mundo del tenis y de la competición que acabó sin casi poder concederle horas al resto de sus tareas, lo cual la llevó en una mala gestión de su rutina a abandonar el deporte para poder centrarse más en sus estudios y en el día a día.

El problema es que para María del Mar era imposible mantenerse alejada permanentemente de las pistas de entrenamiento, motivo por el que de carrera escogió estudiar magisterio especializado en educación física, para poder seguir conectada a aquello que tanto amaba. Además, no pasó mucho tiempo antes de que una raqueta volviera a captar su atención, tiempo y dedicación. Al fin, el deporte le dio una segunda oportunidad a ella, a la que tanta vida le daba el mismo. Esta vez, sin embargo, llegó de la mano del pádel. Entrenando este deporte fue como conoció a su marido y formó su nueva familia, como se volvió a llenar de alegría y ganas de vivir. «Comencé teniéndolo como una afición y, cuando me quise dar cuenta, estaba totalmente metida en ese mundo», afirma. De entrenar y aprender pasó ella misma a formar a otros jugadores y a involucrarse en la Federación. De ganar campeonatos provinciales a regionales y nacionales, llegando a ser dos veces campeona de España y otras dos de Andalucía por equipos.

Estando tan metida en pádel como pudo estarlo fue cuando recibió un nuevo golpe de la vida. Veinte años después de haber superado la muerte de un ser querido, tuvo que enfrentarse ella misma a la posibilidad de afrontar la suya propia. Le detectaron un tumor en el ojo que tuvieron que intervenir rápidamente por desconocer si era benigno o maligno. Le pusieron la anestesia para operarla, pero ella no sabía si alguna vez volvería a despertar. «En todo lo que podía pensar era en mi padre», relata, recordando que su muerte fue a causa de otro tumor en su cerebro. Pero, «gracias a Dios, fue benigno», suspira.

Aún así, no pudieron extirpárselo por completo y, a pesar de su miedo a un impacto que agravara la situación, llegado el momento, María del Mar decidió no dejar aquello que tanto amaba y que tanto bien le hace, dándole ella ahora otra oportunidad al deporte, que continúa practicando. «Para mí es vida, tanto a nivel físico como mental. Me ayuda a valorarme más como persona», asegura.

Uno de los momentos más emotivos de su carrera fue cuando consiguió que el equipo de veteranas granadino llegara a proclamarse campeón de Andalucía por primera vez en la historia, siendo ella seleccionadora. Fue «sobre todo por la discriminación hacia la mujer que existe en este deporte. A nivel de distribución de pistas, horarios e incluso premios, hay una gran diferencia entre hombres y mujeres», indica María del Mar, quien confiesa que esta diferencia la «desanima mucho a la hora de competir». La situación se torna bastante clara para la granadina al compararla con la de su marido, que «paga la misma inscripción que yo y compite en los mismos torneos, pero recibe un trato muy distinto». Es por esta razón por lo que María del Mar siempre ha intentado estar lo más involucrada en la Federación granadina de pádel como le fuera posible, para cambiar la situación desde dentro sin que esto le impidiera presentarse a un solo campeonato. «Todas las mujeres en pádel deberíamos movilizarnos para conseguir un cambio, haciendo caso omiso al miedo a perder lo que ya hemos alcanzado por luchar por algo más», reivindica la jugadora granadina. Una certeza que podría ser fácilmente extrapolada al resto de áreas de la vida.

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