Ciclismo

El 'Invencible' Luismi del Rosal

Luismi del Rosal posa junto a su bicicleta en la orilla del Río Genil a su paso por el paseo de la Fuente de la Bicha./ALFREDO AGUILAR
Luismi del Rosal posa junto a su bicicleta en la orilla del Río Genil a su paso por el paseo de la Fuente de la Bicha. / ALFREDO AGUILAR

El triatleta granadino ha sido tres veces campeón nacional por grupo de edad | Pretende bajar de nueve horas y media en el Ironman de Gandía en octubre, tras el que dejará de competir para ponerse a opositar

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

Al triatleta granadino Luismi del Rosal han empezado a conocerlo como 'el Invencible'. Se ha ganado su estatus, que lo conozcan, lo admiren y lo teman a partes iguales. Que quieran ser como él, con 23 años y devorando veteranos de la categoría élite en carreras de seis horas y más. Este año ha ganado prácticamente todo lo que ha competido: campeón de España en su grupo de edad 20-24 de duatlón en media distancia y de triatlón en media y larga distancia, ganador del triatlón de Sierra Nevada y rey también del circuito provincial de triatlón. Y, pese a todo, lo dejará en octubre para buscarse la vida que el deporte no puede darle.

Del Rosal contó con referentes triatletas en su familia en las figuras de dos de sus tíos. No fue, sin embargo, hasta que dejó el instituto cuando comenzó a rondar este mundo. «No tenía motivación y me pasé al grado medio de Actividades Físico-deportivas en el Medio Natural. Ahí empecé con el deporte en serio porque uno de los profesores era triatleta y siempre hablábamos de ello», rememora el granadino. Con 15 años compitió en la modalidad supersprint. La base del triatleta que es hoy la sacó del Gran Premio de Fondo, que compitió durante tres ediciones. «Gracias a esos años corro como ahora», admite.

Poco después, y ya hecho a la bicicleta y la natación para las pruebas de duatlón y triatlón, comprendió que su mejor rendimiento llegaba tras cumplir la hora y media o dos horas de competición. «Iba mejor en un triatlón olímpico que en un sprint, cuando con 20 años no debería ser así. A finales de 2016 debuté en Ironman y ya me centré en la media y larga distancia», repasa Del Rosal. «Influye la constitución de cada uno, pero también la capacidad de sufrimiento, y yo no decaigo. La cabeza es el 100%», marca.

Como es común entre triatletas, el granadino valora la diversidad de entrenamiento que ofrece este deporte. «No me genera estrés, no es tan rutinario ni monótono», observa. También resalta los aspectos tácticos del triatlón. «Existen muchas bazas porque no a todos se les da bien todo. Puedes trazar una estrategia y podría ganar un competidor que no sea favorito, según el circuito o las condiciones», describe Luismi del Rosal, cuyo fuerte es la carrera a pie. La natación, su viejo lunar, la mejoró con sesiones cortas de lunes a sábado durante años.

Al común de los mortales le cuesta comprender qué lleva a una persona hacia una carrera de diez horas, como puede ser un Ironman. Del Rosal tiene la respuesta: «La motivación personal de intentar ver dónde está tu límite». Para no desfallecer en el intento, el triatleta del club Silverback, que no tiene entrenador, se levanta muy temprano cada día para practicar dos disciplinas en la mañana y hacer una última sesión de gimnasio antes de cenar, al salir de su trabajo, en la piscina de La Zubia.

Para hacer posible la que ha sido la mejor temporada de su vida, el granadino se atrevió con una decisión trascendental. «Dediqué tres meses de invierno en Málaga a entrenar sólo ciclismo durante seis días a la semana. La bicicleta es la que te permite ganar las carreras en triatlón, llevando un nivel superior o castigándote menos para luego correr mejor», explica. Atrás los días de frío, Del Rosal volaba. «Llegaba con mucha confianza a las pruebas», admite. Además de ganar en su grupo de edad, el triatleta ha puesto pie en el podio de clasificaciones generales en campeonatos de España. «Eso vale casi que más. Los veteranos se sorprenden, no esperan que un chaval sin tanta experiencia vaya como voy en esa distancia», refleja.

«Escuchar al cuerpo»

Otro de los factores que seducen a Luismi Del Rosal es lo imprevisible de la larga distancia. «Te pueden pasar mil cosas, como quedarte sin gasolina de repente a falta de media hora tras nueve compitiendo. Es una incógnita, puro azar. Hay un 60% ahí que no se puede controlar, ese es el aliciente», certifica. El granadino vivió su peor pájara en el reciente campeonato de larga distancia en Pontevedra, que finalmente ganó. «En los últimos kilómetros veía doble, iba de lado a lado. Caí desplomado al llegar», escenifica. En su primer Ironman, en Portugal, pasó en diez kilómetros de ir muerto, a gritar eufórico, y caer de nuevo.

Su próximo reto, el Ironman de Gandía, lo está preparando «a pulso». «Voy a competir sin reloj. No quiero basar esas carreras en números. Baso mis entrenamientos en sensaciones, me gusta escuchar al cuerpo. Es clave», desvela. En algunas carreras, de hecho, ha decidido participar sin otro control que no fuera el propio a pocos minutos de echar a correr. Locura o genialidad, según el resultado. Del Rosal dejará de competir al nivel de este año tras la cita pendiente del Ironman, donde quiere bajar de nueve horas y media. «Volveré, pero hay que labrarse un futuro», se encoge. Estudia oposiciones para policía nacional. «El triatlón es muy bonito, pero no se puede vivir de ello. Lo echaré de menos, como que me miren, hablen de mí y me reconozcan. He estado en la cima, tengo mi estatus. Eso vale más que una medalla», hila, apenado, quien un día no tuvo rival.

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