La abuela atleta: «No le doy importancia a los kilómetros, sólo pienso que quiero hacer las carreras»

Pilar Moléon posa con las medallas de su participación en las carreras./RAMÓN L. PÉREZ
Pilar Moléon posa con las medallas de su participación en las carreras. / RAMÓN L. PÉREZ

La 'abuela' Pilar Moleón logró el pasado domingo completar las quince pruebas del Gran Premio de Fondo Diputación a sus 79 años

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGRANADA

El suyo es el rostro del Gran Premio de Fondo Diputación, sempiterno. Es Pilar Moleón, 'la abuela' del atletismo granadino. Una figura venerada, reconocida siempre, admirada y querida. A sus 79 años, ha conseguido completar las quince carreras de las que consta el circuito casi una década después de haberlo hecho por última vez, venciendo todas las adversidades. «No le doy importancia a los kilómetros, sólo pienso que quiero hacer las carreras. ¿Cómo no voy a hacerlas?», se pregunta, sencilla y graciosa, Pilar Moleón.

Su promesa de completar las quince pruebas del Gran Premio fue totalmente espontánea, como es ella. «Como me encontraba bien, al llegar a la de Baza me propuse hacerla. Enrique (Carmona), que es como mi niño porque lo conozco desde que tenía siete años, me dijo que no me lo aconsejaba por el sufrimiento, pero le dije que me tiraría al toro aunque tuviera que terminar en la ambulancia», comenta divertida. «Fue un buen día y luego vino Órgiva e igual. Cómo no la iba a hacer. Con la de Guadix, le dije que podía hacer las quince y estoy muy contenta por haberlo hecho», agradece ahora Pilar Moleón. «No es la primera vez que las completo. Antes me cundía un poco más, pero eso es lo de menos. Llego a la meta», afirma con voz de hierro, como su espíritu.

Su descubrimiento del deporte fue tardío, con 45 años, y gracias a su marido, que ya marchaba con su grupo de amigos hasta que decidieron echar a correr. «Yo le decía que no podía, pero me aseguraban que me esperarían. Corría diez pasos y me paraba, sufría mucho. Pasó el tiempo y me di cuenta de que ya no paraba en los recorridos, y hasta hoy, que tenga los kilómetros que tenga la carrera no paro. Por más que tarde tres horas, empiezo y termino», cuenta Pilar. «¡Yo no sufro, ah! Eso lo echo atrás. Cuanto más corro, más animada voy porque me gusta, voy distraída y no me doy cuenta. Lo importante es lo que viene luego: que toda la gente te salude y te anime. Eso vale mucho también. Cada uno me dice una cosa y se pasa el tiempo dejando kilómetros atrás hasta que llego a la meta», expresa la veterana atleta del Maracena.

Aunque entregada a su hogar, Pilar tiene claro que su prioridad es el deporte desde que aprendiese a amarlo y a dejarse amar por él. «Me he acostumbrado a correr y no me importa levantarme antes de las siete de la mañana y perder dos horas por ahí, o la carrera del domingo porque el domingo es para descansar. No pierdo por nada mi día de entrenamiento; dejo las cosas de la casa para la tarde si hace falta. El deporte es fundamental y va antes que todo», sostiene 'la abuela' del atletismo granadino. «A veces me doy diez días de vacaciones, pero acabo deseando que pasen», reconoce.

Los amigos que le ha dado el atletismo le dicen que no puede tener 79 años, que no lo diga. «Tengo la edad que tengo, cómo no lo voy a decir, pero estoy ligera y ágil, no me duele nada», aprecia Pilar Moleón, que ya va oteando febrero en el calendario para un nuevo comienzo del Gran Premio, la rueda que no deja de girar gracias al apoyo de los corredores populares. «El atletismo granadino es una segunda familia. Todos me miran bien y me acarician, hay muy buena gente», valora la del club de Maracena.

El pasado domingo en Santa Fe recibió el homenaje que merece por su hazaña, con cientos de corredores acompañándola a su espalda en los últimos metros. «No me imaginaba nada, aunque Enrique me dijo que me harían un regalo. Cuando di la primera vuelta, al kilómetro 7, vi a cuatro o cinco personas en mi búsqueda. Luego, a ocho o diez, y más. Eso era muy raro, porque normalmente vienen Enrique y pocos más. Al final todos empezaron a cantar y a decirme cosas, me mantearon… lo pasamos bien. Fue muy emocionante. No había visto algo así nunca, sólo con futbolistas o toreros», describe Pilar todavía con el recuerdo fresco, agradecida a todos los que hacen posible el Gran Premio, incluidos «los motoristas, Protección Civil, jueces, las chicas de Amarga y Pica y los que dan las cervezas».

Pese a que se acerque irremediablemente a los ochenta años, el espíritu y las piernas les piden a Pilar Moleón que siga participando en el circuito. «Algunas veces no hago algunas carreras porque tardo mucho, y luego me preguntan y me dicen que no tiene importancia lo que tarde, que me esperan. Que si quiero ir, que vaya. Y siempre me animo», admite. «Luego me meto entre los hombres en la salida y me digo 'que sea lo que Dios quiera'. Carrera a carrera, y no quiero perderme ninguna. Si estoy bien, volveré a hacerlas, incluidas Guadix y Baza», se vuelve a retar, como si no lo hubiera hecho ya antes, el ejemplo para los atletas más jóvenes, alguien que no dejó de entrenarse ni siquiera durante los días en que su marido convalecía en el Hospital 12 de octubre de Madrid por una operación del corazón. Pilar Moleón, una atleta única. Queda 'abuela' para rato: «Me veo hasta los 90».

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