Atletismo

Una herencia de padres a hijos

Una herencia de padres a hijos
PEPE MARÍN

Ochenta jóvenes desde los seis a los veinte años entrenan varios días a la semana en la pista de la localidad con una convivencia fantástica

José Ignacio Cejudo
JOSÉ IGNACIO CEJUDOGranada

Todos los deportes, y en especial uno como el atletismo, suscitan eternos debates sobre la fórmula del éxito, del rendimiento óptimo. Se ignora a menudo que se hace mejor lo que se disfruta, sobre todo cuando el atleta se siente respaldado por su familia, real o adoptiva, original o secundaria, sanguínea o de corazón. La Escuela de Atletismo de Atarfe presenta la particularidad de estar constituida por padres, algunos de ellos atletas que a su vez se convierten en entrenadores, todos formados y de nivel. ¿El resultado? Ni se busca. En la pista de esta localidad granadina lo único que se persigue son sonrisas.

La Escuela de Atletismo de Atarfe fue fundada por Miguel Ángel Montes y actualmente se encuentra presidida por Antonio López, con Antonio Carrillo como vicepresidente. Ambos tienen hijos en la escuela desde antes incluso de llegar a la junta directiva hace tres años, a la que hacen referencia como algo más forzoso que necesario, anecdótico. «Apostamos por una mayor seriedad con equipaciones y buen material gracias al Ayuntamiento, que nos ha ayudado bastante en ese aspecto, y a la colaboración de los padres. Todo lo que conseguimos económicamente a partir de cuotas bastante asequibles de 120 euros al año es para los niños, con ello se pagan entrenadores, equipaciones, material, viajes… todo», explica Antonio López. «Todos los padres colaboramos en la medida que podemos», le apoya Antonio Carrillo, que señala las casetas que consiguieron arreglar entre todos, invirtiendo el tiempo libre de los fines de semana.

De los apenas doce niños que componían el club en sus inicios se ha pasado a los ochenta, con deportistas de los seis a los veinte años y también una escuela de adultos que suma un total de 180 socios. «El ambiente es familiar por esa unión entre padres y críos, que no diferencian por edad entre unos y otros», remarca Antonio López.

Quienes no son familia por sangre en la Escuela de Atarfe lo son por corazón

La premisa principal de esta escuela de atletas se basa en el placer de practicar deporte, fuera toda presión. De ahí que se aguarde a que la disciplina emerja del atleta con el tiempo, gracias a sus aptitudes únicas y a la guía de los entrenadores que les observan. Sergio Aguilera, coordinador y entrenador, detalla que «entendemos que hasta cadetes lo ideal es que entrenen todas las disciplinas porque tienen interferencias las unas con las otras y son demasiado pequeños para saber en qué van a destacar en el futuro».

«Intentamos promulgar los valores del deporte ante todo. Los resultados llegan porque los niños crecen, se forman y mejoran gracias a un buen trabajo de base con entrenadores cualificados, pero lo principal es que tengan actitud hacia la vida, que sean valientes, se esfuercen y tengan capacidad de sacrificio. Que crezcan más como personas que como atletas», incide el coordinador, que también fue atleta. «Todos son un grupo, un club. Esa unión permite que todos avancen», determina Aguilera. «Existe un coliderazgo. Todos los entrenadores aportan, sin importar su talla. Me gusta este proyecto y que los padres practiquen el deporte, porque evita muchos conflictos cuando lo viven de cerca. Este deporte es de causa y efecto, la genialidad sin disciplina no vale de nada», observa Eduardo Ramos, quien se ocupa de un grupo de medio fondo.

PEPE MARÍN

Ejemplos

El haber sido atletas les beneficia a la hora de «anticiparnos en muchas situaciones que se van a encontrar y que ya hemos vivido antes». Tímidos los pequeños y adolescentes los adolescentes, los entrenadores atienden con cariño a las inquietudes de sus pupilos. «No queremos darle tanta importancia a los resultados en niños tan pequeños», se subraya. Manolo Jiménez es el responsable del grupo «Fuertes y rápidos», dividido entre los más jóvenes de cadetes a júnior, a los adultos y élite, entre los que se encuentran Arián Téllez, Dani Rodríguez o David Jiménez, ejemplos con los que conviven como hermanos mayores. «Con los pequeños tenemos algo de reseteo porque vienen de una filosofía resultadista, les enseñamos que el atleta bueno es el que disfruta, y que a partir de ahí puede pasar cualquier cosa», apunta Jiménez.

«Con Arián, Dani o David la filosofía es la misma, aunque nos cuesta porque al final son personas que ya han probado las mieles de las medallas y las competiciones internacionales», reconoce. «Arián fue cuarto en el pasado campeonato de España, a una centésima de Berlín, y tenía una depresión… me vine abajo. Me afectó porque no estaba cumpliendo con el núcleo principal del disfrute. Es lo primero siempre, seas de alto rendimiento o estés empezando», expone Manolo Jiménez. Su lema: «la velocidad no es una capacidad en sí, sino una manifestación de la fuerza bien entrenada».

Uno de sus jóvenes más brillantes es Manuel Jiménez, de 16 años, actual número uno del ránking andaluz en 3.000 metros con una marca de 8:47. «Mi padre quiso que siguiera su estela y me trajo, es una segunda familia. Nos inciden en que seamos constantes y disfrutemos», comenta. «Nos damos mucho cariño entre todos, pero también hay cachondeo. Siento que progreso y disfruto», asegura Celia Martín, velocista como Laura Aguilera, quien a sus trece años recuerda cómo «los veía desde la piscina y quería ser uno de ellos, hasta que lo conseguí». Una cuestión de familia.