Deporte adaptado

«Nadie es 'discapaz'; hace más el que quiere que el que puede»

Javi Gámiz, con su intérprete Javier Lorca, quien lo acompañó durante el Open de Almuñécar./DE HARO
Javi Gámiz, con su intérprete Javier Lorca, quien lo acompañó durante el Open de Almuñécar. / DE HARO

Javi juega al ajedrez, practica tiro de precisión y es sordociego. Entre sus retos: colarse entre los mejores de España, trabajar como informático y contárselo al resto del mundo

CÉSAR GUISADOGRANADA

Javi tiene 28 años y es administrador de sistemas informáticos, aunque ahora mismo no tiene trabajo. Es ajedrecista, tirador de precisión con la carabina y, desde los seis años, tiene una retinosis pigmentaria que apenas le permite ver. Y nació con sordera, por lo que puede decirse que Javi es un deportista sordociego. Y cuesta imaginarlo, hasta que se le conoce, al menos a través de WhatsApp. Una tecnología que se instala en el móvil y que es capaz de sacar lo peor de las personas en una comunicación y a la vez ofrecer la única herramienta que necesita toda sociedad para convivir en igualdad.

Este vecino de Huétor Tájar no ha cumplido los 30 años y ya desborda madurez. La derrama pulsando la pantalla de su teléfono. Habla de derechos, de capacidades y de todo lo que le gusta y lo que no, con una sencillez que pasma a quien formula preguntas sobre barreras y los 'no puedo'. Dice, por ejemplo, que no comulga con el término 'discapacidad', «prefiero llamarlo deficiencia, porque nadie es 'discapaz' de nada; hace más el que quiere que el que puede», apunta.

Desde los ocho años practica el ajedrez. Empezó jugándolo con su padre y cuando dominó los trebejos se apuntó a clases con otros niños. Al poco la Federación Española de Deportes para Ciegos (FEDC) descubrió su talento y le facilitó mejorar sus aptitudes con entrenadores profesionales. Primero con Juan Morales y después con los hermanos Cuesta Bustos. Llegó a disputar un Campeonato del Mundo, «una experiencia muy bonita», la describe, porque acudió con un asistente que le cantaba las jugadas, y esto a Javi le permitía tener una comunicación con el deporte que pocas veces había podido experimentar.

También tira. «No hace falta observar por la mirilla, sólo tienes que adaptar una señal acústica», explica a quien no entiende cómo puede empuñar una carabina y ser tan certero. «Cuando tú tiras a la diana, cada puntuación tiene una adaptación sonora y desde el centro hasta fuera se va incrementando de un sonido más agudo a más grave», describe.

Ahora, viene de competir en el Open de Almuñécar, campeonato de ajedrez para ciegos que organiza la FEDC. Se marchó el lunes «satisfecho». «Empecé mal porque no controlaba los nervios, pero desde la segunda partida remonté puestos y llegué a la última, algo cansado y fatigado. Tenía los recursos agotados y al final perdí», resume, con la seguridad de saber que ha dado todo lo que tenía.

Entre sus sueños; los deportivos, cuenta que le gustaría progresar y quedar entre los quince primeros clasificados del próximo Campeonato de España. Luego ya se verá. En lo laboral, trabajar para lo que estudió, ser un administrador de sistemas y de redes. Y en lo personal, que la ciencia lo acompañe. Recibir un tratamiento para su retinosis pigmentaria. Volver a llenar sus ojos de claridad para que la incomunicación deje de ser la gran barrera diaria.

Dice que es su gran reto pendiente. «Tengo derecho a disponer de una persona cada día para hacer frente a las barreras comunicativas», pero a día de hoy, ese derecho no se ha traducido en una realidad. Javi quiere poder comunicarse «con el resto del mundo». No con su entrenador, su rival en el tablero o sus vecinos en Huétor Tájar. Javi quiere contar su historia al mundo, pero mirando a los ojos, sin necesitar de pulsar las teclas de su móvil.

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