Balonmano

El diamante sexitano que reluce ahora en Rumanía

La jugadora granadina se emplea a fondo en defensa en un partido con su equipo. /P. G.
La jugadora granadina se emplea a fondo en defensa en un partido con su equipo. / P. G.

Paula García fue elegida mejor pivote de la temporada pasada por la Federación Española de Balonmano

CAROLINA A. PALMAGRANADA

En junio de 2005, hace exactamente 13 años, se encontraba sentada entre las gradas del Estadio de los Juegos del Mediterráneo de Almería una pequeña sexitana que comenzaba en el mundo del balonmano. Junto a ella, su padre, que la llevó para que conociera un poco más sobre aquel deporte que tanto la había conseguido enganchar.

La pequeña, que por poco pasaba los diez años de edad, miraba con admiración a los deportistas que, en su misma disciplina, subían al podio y se echaban al cuello las medallas conseguidas. Los miraba y deseaba poder llegar algún día a ocupar su puesto.

El tiempo pasó, y se volvieron a celebrar otros Juegos en España, en Tarragona. Esta vez desde las gradas solo observaba el padre. Su hija se encontraba frente a él, subida a un podio, recibiendo su primera medalla de oro en unos Juegos. Se trataba de la jugadora Paula García, recientemente elegida como mejor pivote de la pasada temporada por la federación nacional de balonmano.

Paula siempre fue una chica alta, y por sus cualidades físicas se notaba que aún le quedaba mucho por crecer, por lo que la apuntaron siendo pequeña al equipo municipal de baloncesto, en el que no terminó de cuajar. Con once, el entrenador del club de balonmano de Almuñécar, Segundo Muñoz, llegó a su colegio a través de una captación, y la altura de Paula consiguió que sobresaliera una vez más. Segundo la fichó y comenzó a volcarse en su entrenamiento. Incluso realizaba sesiones privadas para la pequeña, que sabía acabaría despuntando, aunque seguramente el entrenador nunca llegó a imaginar que algún día la vería jugar y ganar una final de los Juegos del Mediterráneo.

El primer año en el club sexitano quedó junto a sus compañeras campeona de la provincia en alevines, «se formo un equipo bastante bonito en mi categoría y me enganché a este deporte. En verano fui a un campamento de la federación andaluza con gente a la que le gustaba hacer lo mismo que a mí y fue una experiencia nueva. Un punto de inflexión en el que me apasioné por el balonmano, y yo no soy una persona que vaya a medias tintas, así que lo di todo. En la temporada infantil de primero me convocó la selección andaluza y fui a competiciones más serias. Recuerdo esos años de una manera especial, los inicios. Cuando jugamos en Iznalloz, el pueblo de mis padres, y pudo venir toda mi familia».

Paula pasó seis años más entrenando con Segundo, hasta que la fichó el Elda Prestigio, el mejor club de España del momento. Hasta entonces, la joven sexitana nunca había siquiera pensado dedicarse a este deporte de manera profesional.

«Estaba en el autobús camino a Sevilla para disputar un campeonato de balonmano playa junto a mi equipo cuando me llamó la entrenadora del Elda y me dijo que Ángel Sandoval me había visto y estaban interesados en mí, que era una jugadora joven con proyección y que apostaban por mí de cara al futuro. Tenía otras compañeras que habían dado ese paso y dije ¿por qué no? Así que decidí que me iba y eso hice», recuerda Paula.

Estudiante de enfermería

Allí acabó bachillerato y comenzó sus estudios en enfermería, inspirada por el magnífico trato que recibió durante la recuperación de su primera lesión de rodilla, cuando tan solo tenía 15 años y nunca había pisado un quirófano, «y no sabía lo que era eso, excepto por lo que había visto en la serie 'Hospital Central'», afirma. Militando para el Elda se lesionó por segunda vez, y a pesar de haber sido un golpe tan duro por encontrarse en su primer año a nivel profesional, el tiempo de reposo y recuperación le dio la oportunidad de vivir un año como una universitaria más.

Después de cuatro temporadas junto al Elda, Paula pasó a jugar para el Helvetia Alcobendas. Durante el último año con ellos la invitaron a disputar por primera vez una competición con el nacional absoluto, en la que compartió vestuario con las que le han dado nombre a la selección de guerreras. Ese mismo año fichó por el equipo francés Union Mios Biganos-Begles, pero a principios de mayo sufrió la tercera lesión de rodilla, por la que casi se retira estando en el Mecalia Atlético Guardes de Galicia.

Ese verano, por fortuna, fue el campeonato del mundo universitario 2016, al que Paula García asistió y se proclamó campeona junto a sus compañeras, recuperando así su pasión por el deporte que desde chica la había conquistado.

En 2017 fichó por el Rincón Fertilidad de Málaga, donde ha estado las últimas temporadas.

«Han sido las dos mejores temporadas que he vivido hasta ahora en mi carrera deportiva, porque es donde he encontrado mi mayor rendimiento. Me he terminado de consolidar como una jugadora completa, he recibido mucha confianza por parte de mi entrenador y me he encontrado muy a gusto», manifiesta. En septiembre recibió la llamada para unirse a la selección absoluta; y el pasado febrero firmó el contrato para jugar durante la próxima temporada en el equipo rumano CSM Bistrita, donde milita actualmente.

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