Atletismo

Entregados en el camino de Boabdil

Entregados en el camino de Boabdil
FOTOS: RAMÓN L. PÉREZ

Más de ochocientas personas participan en una carrera dura bajo una temperatura amable con triunfos de Manuel Santiago y Jessica Petersson

JOSÉ IGNACIO CEJUDO

Han pasado más de cinco siglos desde que Boabdil entregara las llaves de Granada y se marchase suspirando hasta romperse en lágrimas al volver la mirada. En su camino pisó lo que ahora es Dúrcal y el acontecimiento terminó dando nombre a la que ahora es su carrera por excelencia. Ya no son los miembros del séquito del último rey Nazarí sino los locos del atletismo popular de la provincia quienes toman sus calles, no como proscritos sino todo lo contrario, héroes del pueblo que se vuelca con ellos.

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Más de ochocientas personas cogieron el coche el domingo por la mañana para poner rumbo a Dúrcal, quizás ya con resaca de Corpus y con toda probabilidad del sorpresivo alcalde Salvador. Tampoco es que no se hablara de otra cosa porque en una cafetería de pueblo se hablan muchas cosas y no todas buenas, ni la capital es tan importante. Quedaba más de media hora para el pistoletazo y ya se veía al bueno de Manuel Santiago correteando en dirección contraria a la salida en el Parque de la Estación, casi que en los confines del municipio durqueño, como si aquello no fuera con él o como si quisiera dar una primera vuelta de reconocimiento a los once kilómetros. Una hora después todo se entendería mucho mejor.

La salida fue accidentada. Se insiste y se insiste bien en que los corredores respeten una jerarquía orientativa a la hora de posicionarse entre el tumulto para que los menos rápidos no frenen a los que lo son y mucho. Algo así debió suceder para que un participante acabara rodando a los pocos metros. Salió conmocionado y no hubo más carrera para él, pero todo pudo acabar mucho peor. Es una advertencia. Aunque se le veía en forma, nunca se sabrá si el pobre pagó por rápido, por lento o por desubicado.

El cielo nublado dio paso a una temperatura agradable, nada que ver con lo que un año atrás fue un infierno. Ayudó en una prueba que es dura, en especial el tramo que ronda la autovía. Ahí arrancó Manuel Santiago dispuesto a comerse el mundo después de varios meses muy complicados, mermado en la salud. Llevaba dos semanas sintiéndose mejor y quería terminar de reencontrase consigo mismo en el espejo de una carrera ante rivales como Modesto Álvarez que alguna vez le han derrocado. El reflejo le devolvió una sonrisa.

Santiago pasó por la curva de la calle Barrio Bajo sobre la meta ya destacado a los trece minutos. Le animaban vecinos como un abuelo incansable que tuvo aliento para todos. «¡Vamos, que los llevas ahí encima!, ¡que no decaiga, que no decaiga la fiesta, que después nos vamos a la discoteca!, ¡venga, Marcos, que tu padre te lleva un minuto!», fueron algunas de sus perlas. También en aquella curva iban cantando los dorsales de los corredores los empleados de la Federación Andaluza de Atletismo, como si de la bonoloto se tratase.

Manuel Santiago llegó a la meta pletórico, entero y eufórico, puño reivindicativo en alto como un 'pantera negra'. Se permitió el lujo de adelantar a Pilar Moleón a 500 metros de la meta, una imagen ya memorable de por sí que podría haber sido histórica de darse en meta. Santiago se reconcilió consigo mismo rebajando en más de cuarenta segundos su tiempo del año anterior hasta los 37 minutos y 30 segundos, a casi un minuto y medio de Modesto Álvarez.

«Estoy muy contento, he vuelto a competir bien y es que he estado muy mal, que no podía. Salí tirando desde el principio y me quedé solo rápido. Es un recorrido muy exigente con alguna rampa criminal», admitió, con el título del circuito por tercer año consecutivo ya en el bolsillo tras ocho pruebas y cinco victorias.

La sonrisa danesa

El nieto de aquel abuelo desatado, entusiasmado también con la carrera, preguntó si corría alguna mujer. Y vaya si corren. La respuesta vestía de negro con el rostro muy serio, el ceño fruncido. Jessica Petersson ganó la prueba en 44 minutos y 58 segundos, por debajo de su mejor forma, a dos minutos y medio del gran registro que firmó la joven Claudia Estévez en la pasada edición. La del Granada Run Project superó a Zhor El Amrani (Maracena) por minuto y medio.

«Realmente lo he disfrutado. Sufrí al principio el tema de la caída y me gustaría recalcar que en estas carreras somos todos familia y hay que tener cuidado, salir de los primeros no es lo más importante», quiso subrayar la danesa. «No estoy entrenando mucho y estas carreras me ponen a prueba. Ahora voy más lenta que antes y hago amigos nuevos. Sinceramente, mi motivación para acelerar al final ha sido el perro que acabo de adoptar porque lo dejé solo en casa por primera vez», reconoció Petersson con una sonrisa, encantada con la carrera risueña como es, encantada con todo el mundo.

Cientos de fieles al fondo, a quienes ni el verano termina de disuadir, fueron dejándose caer hasta la meta ya en las últimas como Cesáreo Ceballos, del Todo Suma, que terminó mareado. En la última curva les esperaría el abuelo de Dúrcal, con su tierno nieto y su esposa sobre una silla, admirando a esos hombres y mujeres que habían corrido once kilómetros, cada uno con sus convicciones, sus dolores y sus promesas. Algunos como Manuel Santiago volvieron a reconocerse.