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Ángela, un ejemplo a seguir

Ángela juega al tenis de mesa con los niños de Oncología Infantil del Materno./RAMÓN L. PÉREZ
Ángela juega al tenis de mesa con los niños de Oncología Infantil del Materno. / RAMÓN L. PÉREZ

La vegueña vuelve a correr por el pasillo de Oncología Infantil y jugar partidos de tenis de mesa con los niños que pasarán la Navidad en el hospital

CÉSAR GUISADOGraanda

No se trata de una peregrinación, es un compromiso adquirido con los demás, pero sobre todo con uno mismo. Agustín Guerra, que por encima de presidente ejerce como el motor del equipo, acude cada año religiosamente a su cita con la séptima planta del Materno. Aquí pasó su sobrina las navidades de 2015 y aquel trago no se olvida en la familia.

Ángela está bien. Se recuperó de un tumor maligno en su cabeza, pero todavía recuerda lo largos y tediosos que se hacen los días en los pasillos de Oncología Infantil. Por eso acompaña cada año a su tío Agustín con un par de mesas, varias palas y un puñado de bolas, para romper la monotonía de quienes van a pasar estas navidades aquí, mientras se curan como hizo ella antes.

Para ella, que por entonces tenía doce años, el tenis de mesa era una meta diaria. Se decía a sí misma que cada tarde iba a reunir fuerzas para acercarse a su pueblo a entrenar. En la nave de Vegas del Genil donde el equipo prepara sus partidos, sus compañeros siempre la esperaban y lo cierto es que para sorpresa de los médicos acudía con cierta frecuencia. ¡Incluso llegó a jugar el torneo provincial!

Desinteresados

Por todo aquello el CTM Vegas del Genil muestra su cara más solidaria durante estos días, aunque el espíritu acompaña durante todo el año. Sus jugadores y entrenadores son conocidos y muy queridos en el Materno y aprovechan el viaje hasta el Barrio de los Doctores llevando algunos juguetes debajo del brazo. Son días para tratar de arrancar sonrisas pero, sobre todo, para llevarles un mensaje. Que los esperan en casa para seguir jugando.

De comprar los regalos se encarga el Ayuntamiento, que colabora desinteresadamente en lo económico pero con mucho interés en lo intangible. El alcalde Leandro Martín mira la escena desde la distancia, observando cómo juegan los chavales de la Séptima y pensando en voz alta, «el mejor año será el que no tengamos que venir», desea. «Es el tercer año que venimos por aquí y la verdad es que lo hacemos encantados porque sabemos lo importante que es para Ángela, para Agustín y para estos niños. Les rompemos la monotonía del día, para ellos es una actividad especial», dice el alcalde.

Lo importante es jugar. Al tenis de mesa, como ayer, o a lo que quieran. El traqueteo de bolas pegando en la mesa, dando en la puerta del ascensor o cayendo al suelo, aquí suena distinto. Suenan a actividad, a gestos de cariño cuando se anota un punto y a complicidad. Y esto es lo que cuenta, aunque sólo sea un día. Misión cumplida, se dice Agustín Guerra, siempre en una esquina del recibidor, sabiendo que los protagonistas de este día son quienes disfrutan cogiendo una pala por primera vez en su vida.

«El año que Ángela pasó aquí las navidades, todos pasamos un mal trago. Pero afortunadamente ella salió adelante, hoy está muy sana y es el mejor ejemplo para estos niños. La ven, y saben que tienen mucho camino por delante», dice el presidente. Y con el agua que caía ayer en Granada... «Y qué nos cuesta cargar un camión y venirnos hasta aquí, lo de hoy es impagable», tercia, vigilando para que todos tengan una pala en la mano. Ángela se permitió ayer faltar un rato al instituto. Regresó a las doce del mediodía a la Séptima y volvió a correr por el recibidor buscando a sus enfermeras y auxiliares. Les dio un abrazo sabiendo que no hacían falta las palabras. Ahora le gusta llevar el pelo corto. ¡Con las ganas que tenía de volver a verlo crecer! Pero lo luce sintiéndose fuerte y guapa, diciéndoles a quienes hoy andan por el mismo pasillo, que sean tan fuertes y pacientes como ella aprendió a ser, que pronto van a volver a jugar a lo que quieran. Y donde quieran.