Análisis

La depresión de los segundos de la general

La Yamaha de Valentino Rossi. /Jure Makovec (Afp)
La Yamaha de Valentino Rossi. / Jure Makovec (Afp)

Las Yamaha llevan 21 carreras consecutivas sin ganar, a una del récord del periodo que ocupó todo 1997 y las siete primeras pruebas de 1998

BORJA GONZÁLEZRed Bull Ring (Austria)

MotoGP parece ahora mismo un duelo entre la Honda de Marc Márquez y las Ducati de Jorge Lorenzo y Andrea Dovizioso, o por lo menos eso es lo que han marcado las dos últimas carreras. En Brno ganó Dovizioso, con Lorenzo segundo y Márquez tercero; en Spielberg la victoria cayó del lado de Lorenzo, con Márquez segundo y Dovizioso tercero. Y no es sólo esto. Conocido el estado de forma del actual líder de la general, de su moto y de su equipo, el regreso de la corta parada estival ha apuntado a una recuperación del buen estado de forma por parte del binomio Ducati/Dovizioso, y a la consolidación tardía (por cómo se definió el mercado de fichajes) del proyecto de la casa italiana con Lorenzo. Una serie de realidades a la que se suma otra: que los segundos de la general siguen siendo Valentino Rossi y la Yamaha. Y todo tras dos fines de semana horribles.

El de Brno por la explosión del 'caso Maverick Viñales', si por este nos referimos al hartazgo del piloto español con su situación profesional sumada a la confirmación por parte de su jefe de mecánicos, Ramón Forcada, de los problemas que tiene con su pupilo; para añadir más tintes dramáticos a esto, Viñales terminó por los suelos en carrera víctima del exceso de fogosidad de Stefan Bradl, un incidente del que salió con unos problemas físicos que arrastró este fin de semana en Austria y que le impidió participar en el test posterior al gran premio checo.

Tras lo vivido en Brno la cosa se agravó en Austria, donde las Yamaha quedaron fuera de los diez primeros en el entrenamiento oficial (algo que no se veía desde la carrera de Valencia de 2007), lo que provocó, a petición de Rossi, que la marca tuviese que dar la cara para entonar un mea culpa y para aliviar de los hombros de sus pilotos el peso por la responsabilidad de los malos resultados. «Somos conscientes de nuestra responsabilidad por no haber sido capaces de dar a nuestros pilotos un paquete con el que poder pelear con los de arriba, donde los dos se merecen estar, pero seguiremos peleando como equipo», reconoció el director del equipo, Massimo Meregalli, un reconocimiento que siguió a las palabras del máximo responsable técnico de la marca, Kouiji Tsuya, que el sábado sorprendió con un particular 'haraquiri' que no se acostumbra a ver en el paddock.

«A Valentino le he recuperado puntos y creo que nos podemos jugar con él la posición en el campeonato», opinó Dovizioso tras la carrera del domingo. «Aunque me espero a un Valentino fuerte hasta el final. Ahora, después de este fin de semana, se pensará que la Yamaha ya no estará en lo que queda de año, aunque no creo que vaya a ir así», un discurso, el de no fiarse del rival, que también aplicó Márquez.

«No les echo de menos», reconoció Márquez acerca de la ausencia de las Yamaha en las últimas peleas, y a la falta de victorias desde junio de 2017. «Lógico, es un rival… Ellos sabrán qué pasa en el box y con el desarrollo de la moto. Está claro que son un cúmulo de circunstancias. Cuando va bien la moto el piloto mejora, va todo mejor, el equipo está más motivado, cuando entras en una rueda así es cuando tienes que salir, yo lo hice en 2015 y ellos seguro que lo harán».

Problemas con la electrónica

¿Y qué le pasa a Yamaha? La respuesta no es fácil de dar. Por una parte, Viñales ha repetido en varias ocasiones que en su lado del box tenían que trabajar mejor, y que tenían que ser más ambiciosos; por ahí viene el cambio de técnico para 2019, con la llegada de Esteban García, con el que fue campeón de Moto3 en 2013. Por otra Rossi ha apuntado de manera más precisa al fallo de la M1. «Hace más de un año que les llevo diciendo qué hay que mejorar. Cuando yo llegué a Yamaha el equipo estaba peor que en apuros. Pero reaccionaron y metieron mucho dinero, y gente en el proyecto, y en 2005 piloté la mejor Yamaha que nunca he pilotado. Ahora hay que hacer lo mismo». El problema, esta vez, radica principalmente en la electrónica, aunque tras la carrera austriaca Rossi apuntó también a carencias en el motor.

Cuando Dorna, promotor del campeonato, introdujo la centralita única, Yamaha empezó con buen paso y eso les hizo caer en cierta autocomplacencia mientras los rivales exprimían las posibilidades de la electrónica común. Esto hace que Yamaha se vea obligada a dar un paso en este sentido, para recuperar parte del terreno perdido. «No lo sé, es difícil de juzgar y tampoco quiero pensar mucho en ello porque lo que me interesa es preocuparme de lo mío», dijo por su parte Lorenzo, el último campeón con la moto azul. «Desde fuera era un poco extraño el año pasado ver a Zarco delante de ellos en muchas carreras, y este año la verdad es que a Valentino le estoy viendo muy fuerte, a Viñales en dificultad, y para la moto quizás no es su mejor pero tampoco es una situación horrible, como se puede pintar a veces». De nuevo un discurso desconfiado hacia unos rivales que siempre parecen temibles pero que en este 2018 están atravesando una de sus peores crisis de resultados, 21 carreras consecutivas sin ganar, a una del récord del periodo que ocupó todo 1997 y las siete primeras pruebas de 1998.

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