Análisis

La Argentina de Márquez y Rossi

La Argentina de Márquez y Rossi

El italiano, contento por volver al podio tras diez carreras, rompe el hielo con el español, que arrasó en Termas de Río Hondo de principio a fin en un gran premio diametralmente opuesto al vivido en 2018

BORJA GONZÁLEZTermas de Río Hondo

Final de recta del Circuito de Termas de Río Hondo, 7.000 aficionados abarrotando la tribuna Valentino Rossi, de las pocas zonas del trazado argentino que había puesto el cartel de 'no hay boletos' un mes antes del inicio del gran premio. Seguida, en la curva 1, la tribuna Marc Márquez, algo más pequeña y con algunas calvas, pero animosa con su piloto. Los dos astros, el primero con 40 años y una leyenda a sus espaldas, el segundo con 26, una máquina de ganar y de destrozar récords y que año a año eleva su nombre a lo más alto del Olimpo del motociclismo. En 2018, en una carrera ganada por Cal Crutchlow y con Johann Zarco y Alex Rins en el podio, terminaron siendo los protagonistas negativos de un día que reabrió la vieja herida abierta en su relación por los incidentes de 2015 (con una tregua a raíz del fallecimiento de Luis Salom). Lo que Termas pareció destruir y convertir en un imposible hace un año se descongeló, aunque fuese un poco, este domingo, de manera inesperada.

     En la parte trasera del podio, justo antes de la ceremonia de entrega de trofeos, el italiano le tendió la mano al español como reconocimiento por su tremenda carrera, un gesto entre los dos grandes protagonistas de la carrera de MotoGP que terminó protagonizando la prueba argentina. «Sobre la mesa veía a cinco pilotos que iban a ir juntos, y he pensado que iba a ser muy duro», explicaba Rossi satisfecho tras terminar segundo, y después de haber reconocido el sábado que poco había que hacer contra Márquez en carrera. «He visto que Dovi iba con todo, y se ha puesto delante y hemos conseguido entre los dos hacer un poco una selección. Ese ha sido un buen momento, porque de cinco pilotos hemos pasado a cuatro, después a tres y después nos hemos quedado nosotros dos. Y en ese punto me he dicho 'lo voy a intentar', porque conseguía entrar muy fuerte en curva, me sentía bien con la moto, tenía una posibilidad de batir hoy a Dovi y a la Ducati y quería probarlo. Sabía que no podía fallar ni un centímetro porque si no Dovi me iba a pasar, y ha sido bonito, he hecho una frenada muy buena y después he podido adelantarle en la última vuelta, que es siempre algo muy emocionante».

     

Su particular 'victoria' hizo enloquecer a los muchísimos 'rossistas' desplazados hasta Termas, en un día muy especial para el de Yamaha cuando en MotoGP se había extendido la impresión de que la M1 es la más floja de las cuatro motos top de la clase reina. Un 31 de marzo, pero de 1996, Rossi debutaba en el Mundial, en Malasia; 23 años después celebraba su podio número 234, el primero desde el que logró en Alemania en la pasada temporada. «Vi las imágenes de mi debut el otro día y era muy gracioso, porque parecía que la televisión estaba en blanco y negro. Yo sigo aquí porque me gusta. En la primera parte de mi carrera ganaba muchas carreras y campeonatos, pero llega un punto en el que es más difícil, porque llegan rivales más jóvenes y fuertes. Y en ese momento decides si quieres quedarte mirando tus trofeos y durmiendo en esa gloria o si quieres continuar luchando porque disfrutas: y esta es mi opción».

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Uno de esos 'jóvenes y fuertes' es Márquez, que quería por encima de todo demostrar lo que se intuyó en 2018, que tiene un punto más que el resto en Termas, algo más incluso que en el Circuito de las Américas, en Austin, escenario de la próxima prueba del Mundial y donde sólo sabe ganar. Desde el inicio salió a tirar, sin especular, con un ritmo demoledor que le permitió pasar de los diez segundos de ventaja en 15 vueltas. «Creo que nunca había cogido en seco tanta distancia y ha sido uno de mis fines de semana más sólidos y más concentrado. Cuando tienes esta sensación tienes que saber aprovecharla. Es una lástima que den los mismos puntos por ganar con diez segundos que con uno, pero sí que te da un extra de confianza de cara al equipo y para que se vea que en Honda se están haciendo bien las cosas». Un triunfo que le permitió alcanzar el liderato, tras el que recibió la felicitación de Rossi y que hizo que su final de gran premio fuese mucho mejor que el de hace un año. «Honestamente, tenía dudas de qué pasaría, porque el año pasado casi que salí dentro de un coche camuflado. Pero he sentido un cariño muy bueno, sobre todo en el podio, donde han coreado mi nombre».