Atletismo

Los más pequeños despliegan sus alas en los paseos de Fuentenueva

Las mejores imágenes de estos grandes atletas./RAMÓN L. PÉREZ
Las mejores imágenes de estos grandes atletas. / RAMÓN L. PÉREZ

Doscientos menores se ponen a prueba y conocen la velocidad en la primera jornada de la Carrera de la Universidad

J. I. CEJUDOGRANADA

Por más pantallas que se interpongan, nada hará nunca tan feliz a un niño como correr. Correr sin más. Acelerar todo el cuerpo, sentir la descarga de energía y correr, tirar adelante, perseguir o huir de alguien, correr como si no hubiera otra opción en la vida. Un placer que dan las piernas pero que repercute en el alma. Doscientos menores han tenido la oportunidad este sábado de correr pero con un sentido concreto, el de participar en una carrera y, en la cabida de lo posible, ganarla. Para muchos fue su primera vez. Para la inmensa mayoría, una de tantas otras que están por venir. Esas primeras experiencias son la esencia de la Carrera Universidad-Ciudad de Granada, que este fin de semana celebra su quinta edición con 1.400 inscritos.

Llamados a filas por sus nombres y apellidos, niños y niñas desde chupetines, nacidos ayer como quien dice, fueron posicionándose en la línea de salida atentos a la señal para desplegar sus alas, con pasitos todavía torpes y tímidos, más embravecidos algunos. Padres y madres los seguían a modo de coche escoba, lo suficientemente alejados como para hacerles saber que podían completar aquel reto solos pero lo suficientemente cerca como para que no se sintieran desamparados. Algún desorientado, inmerso en su propio universo infantil, precisaba de la ayuda de los adultos tras la valla para recordar el camino de vuelta hasta la meta sin desviarse. Amigos muchos, fueron tirando los unos de los otros incluso dándose la vuelta para tomar de la mano al exhausto.

Tiernos

Unos corrían con ternura, otros con ímpetu y algunos, los más maduros, con inteligencia. Los atletas del mañana asoman en frascos pequeños. Los rostros de todos ellos se iluminaban al alcanzar la meta con sus padres y hermanos jaleándolos. Se sucedieron carreras de infarto, adelantamientos inverosímiles en plena celebración sin que el rebasado se inmutase y carreras exhaustas, apenas sostenidas sus piernas por la suspensión de la pisada. Se arrojaron algunas toallas por el cansancio, desconsolados luego en busca de la comprensión materna, y también se vieron resurrecciones repentinas cuando todo parecía perdido. Hoy les tocará a los mayores en la prueba absoluta, que con 1.200 corredores tomará las principales calles de la ciudad desde las 10 de la mañana de este domingo.

 

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