ATLETISMO

María Pérez reina en Europa

María Pérez recibe la felicitación de Álvaro Martín, el campeón de la prueba masculina. /EFE
María Pérez recibe la felicitación de Álvaro Martín, el campeón de la prueba masculina. / EFE

La granadina de Orce recibió dos amonestaciones pero «es una ganadora nata, su fuerza es portentosa»

JOSÉ I. CEJUDO

granada. Quería dar un golpe sobre la mesa y lo dio, indomable. La granadina María Pérez se proclamó ayer nueva campeona de Europa de los 20 kilómetros marcha tras una carrera extraordinaria en la que desglosó todas las virtudes mostradas hasta la fecha pero elevadas a la potencia. Fue una gesta difícil de calificar. Menuda ella, hizo que ayer en Berlín todo el mundo acabara mirándola desde abajo, con el himno de España como colofón. Compitió sin presión, con toda una vida por delante a sus 22 años y ninguna atadura. Escuchó a su entrenador y supo ser prudente hasta que le llegó la hora. Arrasó como un ciclón.

María Pérez se colgó el oro como campeona de Europa gracias a una marca de 1h 26:36 que supone nuevo récord de los campeonatos y de España –imbatido el anterior desde los Juegos de Pekín– y mejor marca mundial del año. Fue impresionante su tesón durante los veinte kilómetros e insultante la capacidad con la que abordó los últimos cinco, como si pudiera marchar durante mucho más tiempo y sólo lo hiciera para ella, sin posición que retener ni precauciones que tomar.

«¡Papá, mamá, que he ganado!»

María Pérez dejó mudos a los extraños y también a los propios. Su entrenador Jacinto Garzón lo calificó como «histórico». «Hasta que no llegó no fui consciente de su marca, es una brutalidad, nunca habría pensado que pudiera hacer esa marca, ni con 22 ni con 30 años. Tiene una cabeza... me dijo que iría a por la medalla», elogió para IDEAL. «No tengo palabras. Es un espectáculo, hace afición cuando marcha con esa fuerza y carácter», describió Garzón. María Pérez pudo celebrar en Berlín junto a sus nerviosos y emocinoados padres Luis Miguel y Paqui. «No esperábamos que fuese a ganar, nunca se espera. Te acuerdas de los viajes a Guadix o a Galera para que compitiera. Creías que se aburriría a los dos días, pero ha sido constante. Lo tenía muy claro, es una luchadora», señaló su padre. «La he visto marchar muchas veces pero nunca así. En cada vuelta me daba un ataque. El reencuentro ha sido muy emocionante, se ha tirado a por nosotros llorando y diciendo '¡papá, mamá, que he ganado!'», compartió su madre. «Siempre la hemos animado. Ha tenido que olvidarse de quedar y salir los fines de semana con los amigos. Se ha perdido muchas cosas sencillas siendo tan joven, como comidas o cenas. Hemos hecho muchos sacrificios», añadió Paqui, orgullosa de su niña.

La de Orce se sobrepuso a todo desde el primer momento. No le afectó un retraso de dos horas en su carrera, ya en pleno calentamiento, por un escape de gas que por seguridad obligó a suspender la prueba hasta el informe policial. Descartada cualquier tipo de amenaza, las mujeres marcharon junto a los hombres. Es decir, María marchó con Alberto, Amezcua, su compañero accitano de grupo de entrenamiento bajo la preparación de Jacinto Garzón, presente y tenso. «María está bien, a ver si no pasa factura calentar dos veces», transmitía con cierta inquietud a IDEAL. Garzón, un entrenador prudente y devoto de sus marchadores, marcaba en la previa como objetivo el acercarse a las primeras posiciones. Nadie vio venir lo que se cernía sobre Berlín.

Pérez se colocó en la salida junto a la italiana Giorgi, una de las favoritas que luego no rindió como se esperaba, y se sonrieron. A su lado, también, la imponente checa Anežka Drahotová, mucho más alta que la granadina. Tanto María Pérez como Alberto Amezcua se posicionaron rápidamente en sus grupos de cabeza. Cuando Drahotová quiso romper la carrera, la de Orce se quedó en segunda fila, paciente y cómoda, alternando posiciones en un grupo parejo. Más tarde intentó romper la lituana Brigita Virbalytė-Dimšienė. También peleaba ahí la italiana Antonella Palmisano.

María Pérez había recibido dos amonestaciones, pero decidió arriesgar y unirse a una pelea ya muy destacada junto a Palmisano y Drahotová. Tras unos instantes que parecieron de vacile, como si todavía no quisiera morder, pasó a la italiana y se fue a por la checa. Había completado los primeros diez kilómetros en 44 minutos y siete segundos, marca personal. Se encontró entonces con Amezcua, que tras una buenísima y valiente primera parte de la prueba, en la que llegó a ser segundo, perdía fuerzas. Se convirtió en el mejor apoyo para María, que lo usó como liebre para ponerse a la par de Drahotová y pasada la hora dejarla atrás, ya para siempre.

Siguió devorando hombres, cada vez más hambrienta pese a ostentar ya el primer puesto. Su entrenador Jacinto Garzón, satisfecho con el bronce, atendía incrédulo. No sólo no frenó sino que aceleró. Contra sí misma, sin mirar atrás. Constante y creciente, empapada en sudor y con sus poderosos cuádriceps pidiendo más. Se sabía campeona pero afrontó los últimos metros como si todavía quedase otra mujer por delante, o quizás para pasar a más hombres. En la recta final se encontró a Diego García, que festejaba su plata. La jaleó. Le pasaron una bandera de España que se colocó a modo de capa, como una superheroína de Marvel. Atravesó la meta eufórica, agitando el puño y señalando a los suyos. Campeona de Europa.

Ánimos de Ruth Beitia

María Pérez cerró la prueba en 1:26:36, a 27 segundos de Drahotová y a 54 de Palmisano. «Estoy como en una burbuja. Estoy viviendo algo para lo que había trabajado, pero no sabía que sería ahora el momento. Soy muy joven, tengo 22 años. Todos me chillaban, Ruth Beitia también. En la última vuelta tenía ventaja y he disfrutado la llegada. Sabía que estaba bien, también psicológicamente. Lo hablé con Bruno (Hortelano): si crees que puedes conseguir algo, lo vas a conseguir», declaró la de Orce nada más finalizar la carrera a Teledeporte. Tras mucho sufrimiento en los últimos cinco kilómetros, el accitano Alberto Amezcua fue 17º en 1:23:33, por debajo de su mejor marca de la temporada.

Quienes conocen a María Pérez destacan que es «una competidora nata, una ganadora». Ya no es que nunca se rinda, sino que su fuerza es portentosa. Una atleta gigantesca en un cuerpo pequeño. En su primer gran campeonato, el Mundial de Londres de hace justo un año, fue décima y tercera mejor europea. También brilló en la Copa del Mundo china. Fue un aviso. María Pérez no tiene techo y mira a Tokio.

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