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El ebanista de kayaks de mar navega hacia su oficio soñado

Roberto Yáñez repasa uno de los kayaks con los que trabaja actualmente en el taller de su casa./FERMÍN RODRÍGUEZ
Roberto Yáñez repasa uno de los kayaks con los que trabaja actualmente en el taller de su casa. / FERMÍN RODRÍGUEZ

Roberto Yáñez, un amante de la madera criado en el Realejo, aspira a dedicarse de forma exclusiva a la confección de este artículo

JOSÉ IGNACIO CEJUDO

granada. No existen demasiadas referencias en el mundo del oficio que el granadino Roberto Yáñez aspira a ocupar con dedicación exclusiva. A nivel nacional, asegura, ninguna. De hecho, su web es siempre el primer o el segundo resultado que aparece en el buscador si se teclea 'kayaks de madera'. Este romántico ebanista criado en el Realejo entrega horas y horas en el taller de su cochera en Armilla en busca de un sueño que no sabe si podrá completar, porque no depende de él. Quiere que la construcción de kayaks de madera se convierta en su oficio único, sin necesidad de otros trabajos con este material. No es fácil, pero está decidido. Por pasión.

Roberto Yáñez ha trabajado siempre en la ebanistería, aunque este oficio empezó a cambiar hace ya muchos años. «En el trabajo actual de la madera no existe la ebanistería clásica salvo en niveles muy elitistas. Ya no se encargan cómodas de nogal», ejemplifica el granadino. Dedicado a su oficio, entre penurias y alegrías, Roberto descubrió el universo del kayak de mar gracias a su pareja. «Me monté por primera vez en uno hace ahora doce años en una playa granadina porque me aburría, de alquiler, y empecé a interesarme hasta aficionarme», cuenta. Compró una piragua recreativa en sus inicios hasta que se le quedó pequeña. «Quería un kayak en condiciones, de travesía y cómodo para mí. No me gustaba lo que probaba. Empecé a indagar en los kayaks de madera con libros en inglés y me planteé hacerme uno para mí», afirma.

Para hacerlo acudió a un curso sobre laminación en Vigo para aprender sobre fibra de vidrio y familiarizarse con las resinas y tejidos bajo la intención de aplicarlo luego a la madera. «Me veía capacitado para hacerlo y lo hice. Quería hacer uno con las mismas prestaciones de un kayak comercial, que no tuviera nada que envidiarle», rememora. Tras muchos meses de trabajo tuvo el resultado. A Roberto, habitual en concentraciones del mundillo, empezaron a pedirle kayaks. «Encantaron», admite el ebanista, que tuvo que marcarles un precio por primera vez. Desde entonces, allá por el 2013, hace dos o tres al año. Lo que comenzó como un extra durante la crisis le ocupa cada vez más cuota de negocio. Sueña con vivir de ello.

El proceso

«Fui probando por ensayo y error, con distintos materiales y métodos, adquiriendo mis propias mañas y trucos, equivocándome y pasándolo muy mal», señala Roberto. Su trabajo comienza sobre la madera flexible, a la que da forma de casco desde el bruto hasta dar con un contorno redondo. «Inserto las formas del kayak a partir de planos que compro a diseñadores y los inserto en una estructura de aluminio, similar a la raspa de un pez», explica. El resultado es una estructura ligera pero débil que forra con fibra de vidrio -de categoría aeronáutica- a dos caras. «Al mojarla, la resina se vuelve transparente y endurece la madera pero manteniéndola ligera», comenta el ebanista, que puede rebajar hasta en doce kilos el peso de un modelo de plástico de 5,5 metros. Un último baño en barniz marino facilitará su conservación ante la erosión de, por ejemplo, el sol.

Roberto Yáñez no se permite trabajar con más de dos kayaks al mismo tiempo, lo ideal para alternar entre ambos. Tampoco ofrece fecha de entrega. «Me niego a condicionar la calidad del artículo, no se pueden acelerar ciertos acoples», justifica. Los vende a 3.000 euros con IVA incluido. Su inversión en material por cada kayak se va a los mil euros. Los conserva hasta su venta en un club náutico de San Fernando, donde este deporte se vive durante todo el año. También vende palas groenlandesas, a un precio económico y por todo el mundo gracias a Internet.

«Necesitaba un argumento de venta y fui sincero. Opté por un producto exclusivo, personalizado y de calidad -la mejor madera, la mejor resina- a un buen precio. Funcionó poco a poco y por su propio peso cuando fueron comprobando el valor de mi trabajo», cuenta el fundador de lo que ya es 'Nautilus Kayaks'. A día de hoy, y con dedicación plena, tardaría mes y medio en construir un kayak. Nunca le faltan clientes, que va poniendo en cola. «No sé a dónde llegaré, si habrá suficiente negocio. Quiero ser el primero en España que viva de esto al 100%, y creo que va a haber cuota de mercado. Esto es un reto personal que parte de una vocación, si no sería inviable e insufrible», sostiene Roberto Yáñez, el ebanista del Realejo que trabaja en silencio desde Armilla.

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