Natación

«El cloro se te mete en la sangre»

El equipo absoluto posa en las instalaciones del CN Sunwood Churriana durante un entrenamiento. /ALFREDO AGUILAR
El equipo absoluto posa en las instalaciones del CN Sunwood Churriana durante un entrenamiento. / ALFREDO AGUILAR

Desde que se fundó el Club de Natación Sunwood Churriana han formado trece campeones de España, un subcampeón de Europa, un olímpico y una internacional

CAROLINA A. PALMAGRANADA

En 1999 Alejandro Mateos y Paco Olmos eran dos de los muchos diplomados preparándose las oposiciones para poder llegar a ser profesores de Educación Física. Tenían poco más de 20 años y siempre habían sido aficionados al deporte; lo de Alejandro era el ciclismo y a Paco le tiraba más el fútbol. Era para ellos la salida natural y, al fin y al cabo, era «un año para sacar oposiciones muy fácil, te llamaban para trabajar aún si no habías aprobado», recuerda Alejandro.

Pero el tiempo tenía algo totalmente diferente preparado para ellos. Fue ese mismo año en el que los dos jóvenes estudiantes se enteraron de que iban a construir una piscina municipal en su pueblo natal, Churriana, y no tardaron ni un segundo en darse cuenta de que ellos querían ser parte del proyecto. «Nos fuimos en busca del alcalde Vicente Valero y le dijimos que nos gustaría unirnos al equipo, pero no fuimos una vez, ni dos, ni tres. Estábamos ahí todos los días», rememora.

Por aquel entonces, el proyecto era casi una locura y obsesión del Ayuntamiento, que quería tener una piscina en el pueblo a pesar de no contar con nadie con los conocimientos necesarios para hacerse cargo de ella, y Alejandro y Paco no eran una excepción. De hecho, no se habían puesto un gorro de natación en su vida, así que todo esto les «vino un poco de pronto». Casi imposible de creer ahora, que ambos son entrenadores nacionales en un club con más de 150 miembros, entre los que destacan trece campeones de España, un subcampeón de Europa, un nadador olímpico y otra competidora a nivel internacional, además de los múltiples títulos que el club como tal ha logrado.

Nunca llegaron a ser grandes nadadores. De hecho al principio ni siquiera sabían las reglas básicas de la natación de competición y, de repente, pasaron a convertirse en fundadores y entrenadores, y coordinador y presidente respectivamente, del mejor club de natación de Granada y uno de los mejores del panorama nacional desde hace ya casi diez años. Pero empezaron «con los papeles en la mano, y seguimos formándonos hasta el momento».

Claves de éxito

Los casi 20 años del club no han sido realmente los mismos que tardaron sus fundadores en comenzar a conseguir logros y éxitos. De hecho no habían pasado ni dos años desde su creación cuando mandaron a su primera alumna a entrenar con Xavi Casademont, presidente de la Federación Andaluza de Natación. Cuando alguien ve un palmarés como el logrado por los dos naturales de Churriana, lo primero que se pregunta es, ¿cómo lo han hecho?

Según Alejandro Mateos, «la pieza clave fue el apoyo del Ayuntamiento, que nunca nos dijo que no y, desde el primer momento, nos entregaron las llaves de la piscina». Pero más que un solo culpable, en esto se podrían señalar a varios. El ya mencionado ayuntamiento y la concejalía; los padres, «que son unos benditos y sacrifican mucho por los entrenamientos de sus hijos»; sus familias, que así también lo hacen con ellos; y estos dos grandes entrenadores, que nunca llegaron a ser nadadores. Se lanzaron a la piscina, literalmente, porque nadie les dijo que sería imposible hacerlo. «Nunca hemos visto límites y, como no nos los han puesto, no creíamos tenerlos», manifiesta Alejandro.

Desde su creación, de hecho, el club y su crecimiento han estado marcados por esta filosofía. Más allá del momento en el que decidieron ser parte de un equipo de natación, a pesar de no tener ni idea en cuanto a la misma. Ese mismo año, en una de las reuniones del equipo inaugural que se encargaba de la construcción de la piscina, el alcalde de Churriana manifestó su deseo por que allí se instaurara un club de natación y, al final de la misma, Alejandro se dirigió a su amigo y nuevo colega Paco y le dijo: «vamos a hacerlo nosotros», y se pusieron manos a la obra.

El primer problema que encontraron fue la necesidad de contar con, al menos, un entrenador nacional dentro del club, para poder ser considerado como tal. Lo resolvieron de manera sencilla en el momento en el que Miguel Ángel García, entrenador con esta condición y profesor de Educación Física, fue destinado a Churriana.

«Somos lo que somos»

De esta manera, en octubre del 2000, Alejandro Mateos y Paco Olmos, junto al ayuntamiento del pueblo y su concejalía de Deportes, fundaron lo que a día de hoy se conoce como Club de Natación Sunwood Churriana, que cuenta ya con tres entrenadores nacionales, además de los múltiples en proceso de titulación y monitores, que hacen posibles las clases a un amplio número de alumnos. Llegados a este punto, como dice Alejandro, «dejarlo es imposible, se te mete el cloro en la sangre. Ya no es un proyecto más, sino que es tuyo, te pertenece. Además, somos muy competitivos, no podríamos dejarlo ni aunque quisiéramos».

Otro de los aspectos claves del éxito del club es la humildad de la que gozan sus dos fundadores, que también han sabido transmitir a cada uno de sus sucesores y discípulos. De la misma manera en la que han optado por no marcarse ningún tipo de límite a la hora de continuar creciendo, también han sabido darse cuenta de que «somos lo que somos, y ¿cómo suplimos las carencias de que no seamos nadadores o sepamos menos? Pues trabajando más. Yo tengo un déficit en algo, pues ya me buscaré la vida para que tú no tengas esa carencia», afirma el entrenador, que siguiendo esta regla ha permitido dejar volar a todos aquellos alumnos en los que supo ver un potencial mucho mayor de lo que él o Paco habrían podido exprimir.

Resultado de esto son casos como el de Víctor Martín, que comenzó en su club con ocho años y no alcanzó muchos méritos notables hasta casi finalizada su adolescencia. A pesar de todo, los de Churriana no dejaron de insistir ni un solo momento a Albert Tubella y Xavi Casademont, encargados de la RFEN y FAN respectivamente, para que le dieran una oportunidad al joven nadador del Padul. En 2011 se lo llevaron a competir a Suecia, donde el equipo español lo descubrió finalmente y lo fichó para seguir formándose en la residencia para deportistas Blume. Cinco años después, Víctor nadaba en las piscinas de los Juegos Olímpicos de Río. Hoy se encuentra de vuelta en casa, para seguir entrenando con aquellos que lo tiraron por primera vez a una piscina. Marcos Rodríguez es otro de los nadadores que se formó en Churriana y a día de hoy entrena en la Blume para poder llegar a los JJOO de Tokio. Y estos son solo y únicamente dos de los muchos ejemplos en la historia de un club que optó por nunca marcarse ni un límite.

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