Blanca Fernández Ochoa, una enamorada de Sierra Nevada

Blanca luce la medalla de Campeona de España en el 89 en Sierra Nevada /Archivo de IDEAL
Blanca luce la medalla de Campeona de España en el 89 en Sierra Nevada / Archivo de IDEAL

Junto a su hermano Paco, abanderaron la candidatura de la estación granadina en los Mundiales de Esquí de 1996

AMANDA MARTÍNEZ

Cuando conoció la noticia de que la Copa del Mundo tenía que aplazarse, Blanca lloró. Aquella joven nacida en Madrid y criada en Cercedilla, era la mejor esquiadora de todos los tiempos y conocía bien las pistas de Sierra Nevada. La primera vez que se deslizó por ellas la medalla de bronce de Alberville aún era un sueño inalcanzable en el que trabajaba con todas sus energías.

Es difícil de precisar cuándo fue la primera vez que Blanca probó la nieve granadina, pero fue aquí dónde consiguió uno de los primeros títulos de su trayectoria. Fue en 1975, cuando entre la niebla y la fina lluvia, se impuso a sus compañeras de la categoría benjamín y subió al podio como Campeona de España. Su hermano Paco ya se había colgado el oro olímpico de Sapporo'72 y había colocado a España en primera línea del deporte internacional en una época en la que en este país escaseaban deportistas de élite.

Fueron sus primeros descensos, los primeros obstáculos, las primeras luchas contra el contra el cronómetro. Aún no se había curtido en la nieve cuando fue elegida para descender simbólicamente, junto a Felipe de Borbón, en la inauguración de la Copa del Mundo de esquí que se celebró en el 77 en Sierra Nevada, una competición en la que participaron sus hermanos Paco y Juanma. «Nunca he visto a nadie trabajar como trabajaba Blanca», cuenta a IDEAL Eduardo Valenzuela, director de Montaña de Cetursa y director de Competición durante los Mundiales de Sierra Nevada de 1996. «Esquiaba muy bien. Y cuando competía era fuerte física e intelectualmente, pero tuvo poca suerte, menos mal que al final de su carrera consiguió la medalla en Albertville». En aquella olimpiada de 1992, Blanca se colgó el bronce y se convirtió en la primera mujer española en ganar una medalla en los Juegos de Invierno. Cuatro años antes se le había escapado el oro en Calgary. «Yo estuve allí», continúa Valenzuela. «Blanca ganó con autoridad la primera manga del eslalon gigante, hizo una bajada magnífica. Sin embargo en la segunda manga se perdió el control y se cayó. Si hubiera sido más conservadora se habría asegurado un segundo o tercer puesto, pero ella salió a ganar, fue al máximo». Rozó el oro y todo el país se cayó con ella en aquella pista canadiense. La familia Fernández Ochoa se había ganado el respeto y la admiración de un país que apenas sabía de esquí.

En el 95, tras conocer la suspensión del Mundial, en la inauguración del Campeonato del Mundo del 96 y en una competición en Sierra Nevada / Archivo de IDEAL

«Blanca es una mujer encantadora y casi mejor esquiadora que su hermano», cuenta Jerónimo Páez, que fue consejero delegado de Cetursa y presidente de Sierra Nevada'96. «Paco y Blanca eran muy 'andaluces'. A Sierra Nevada venían mucho porque la consideraban una estación muy acogedora. Siempre se sintieron muy arropados y la hicieron suya». Mucho más cuando Paco Fernández Ochoa fue fichado como asesor del Mundial de Esquí de Sierra Nevada y su hermana Blanca ejerció de estrecha colaboradora de aquella cita deportiva que trabajaron como un empeño personal. Los dos hermanos, presentaron la gala de inauguración de Sierra Nevada'96. «El nombre de la familia Ochoa fue muy importante, sobre todo para la consecución de la nominación de Sierra Nevada como sede del Campeonato del Mundo de Esquí de 1995 (luego 96)», continúa Páez. «Yo no conseguí aquella nominación, no lo tenía nada claro en Montreux , conocía todas las dificultades. El éxito fue de Paco Fernández Ochoa y Blanca formaba parte de su equipo». El nombre de la Familia Fernández Ochoa fue fundamental para vender la Sierra que, a nivel internacional se consideraba una «una sierra «africana», comenta Páez con una sonrisa. Blanca ya apoyó la candidatura de la estación 'Solynieve' de cara al Mundial de 1993 que finalmente se celebró en Morioka.

«Ella no trabajó directamente, porque en aquellos tiempos solo entrenaba», cuenta Valenzuela. «Llevaba una vida durísima, pero el caso de Blanca no he visto a nadie trabajar de esa manera. No se saltaba el entrenamiento un día. Vivía trabajando, el trabajo era su vida».

Entonces parte del patrocinio que recibió llegó desde la estación granadina. Páez pensaba que parte del trabajo de la estación era el de ayudar a que los deportistas españoles tuvieran buenos resultados. «Blanca hacía sesiones de temporadas largas en Sierra Nevada le preparábamos la pista, para que estuvieran en las mejores condiciones posible», recuerda Eduardo Valenzuela.

La primera dama blanca

Los años ochenta fueron los de más actividad en la carrera deportiva de Blanca. Los éxitos deportivos se sucedían, algunos de ellos, con la montaña granadina como protagonista. Participaba en torneos, solía competir en el 'Trofeo Ardilla' que organizaba por el Club Sociedad Sierra Nevada en los que participaban figuras como Alberto Tomba. También consiguió algunos títulos aquí en Granada, como los campeonatos de España en el 85, que compitió junto a su hermana Lola y revalidó el título nacional, o en 1989, cuando consiguió el Campeonato de España de esquí en la modalidad de slalom y en el gigante. Entonces era la esquiadora a batir.

Fuera de pistas se sucedían los homenajes. En 1993 la Universidad de Granada le concedió su máximo galardón por sus «méritos humanos y deportivos». Era el primero que concedía a un deportista, y lo recibió emocionada porque consideraba que «por fin» una universidad le daba al esquí la importancia que se merecía. Al año siguiente, el premio recayó en Miguel Induráin.

Cuando dejó el esquí profesional se la seguía viendo por aquí, muchas veces acompañada por su familia. A mitad de los noventa, María José Rienda tomó el relevo de Blanca en el trono del esquí nacional femenino, ella trabajó un tiempo como asesora de Rafael Cortés Elvira, secretario de Estado para el Deporte, tenía 30 años y ya se había retirado de la competición. La larga experiencia de Blanca en la alta competición, su espíritu de lucha y su popularidad, determinaron la designación para este puesto.

Blanca siempre ha estado relacionada con el esquí. Ese apellido pesa mucho en el deporte blanco español. En 2018 siguió de cerca la medalla olímpica de Regino Hernández, cuya actuación le «puso los pelos de punta».

«Teniendo la Sierra tan cerca como la tenéis deberíais disfrutarla al máximo. Sobre todo los jóvenes. La juventud debería vivir la Sierra de cerca, sentirla como algo suyo», dijo en una ocasión a este periódico.

Ella es la primera dama blanca de esta montaña.