Pole Sport

Colgadas del Pole Sport

La escuela Bodywave Jaén estuvo en el Campeonato de España de Tarragona. /MANUEL LENDÍNEZ
La escuela Bodywave Jaén estuvo en el Campeonato de España de Tarragona. / MANUEL LENDÍNEZ

La variante deportiva de este estilo de danza no deja de ganar adeptos | Rouse de la Cruz, una jienense apasionada de este deporte, nos habla de él y de cómo lo enseñan en su escuela Bodywave

JESÚS MUDARRAJAÉN

Puede que muchos de ustedes al oír hablar de Pole Dance (baile en barra) evoquen en su menta rápidamente escenas de mujeres contoneándose con no poca sensualidad para agrado del público, pero hace tiempo que este estilo de danza, que tanto protagonismo ha tenido en películas y fantasías varias, dejó de tener únicamente una connotación provocativa.

Hace más de 20 años que este baile (al margen de que en algunos ámbitos siga manteniendo su propósito original) derivó en una práctica deportiva que no para de crecer en adeptos. El Pole Sport, que es como se denomina, es una es una actividad que mezcla baile y acrobacia ejecutados alrededor de una barra vertical, realizando movimientos que resultan de gran dificultad si no se poseen unas cualidades físicas determinadas. El objetivo de este deporte es ofrecer una coreografía combinando la dificultad de los giros, elementos de fuerza, flexibilidad e inversiones con movimientos y aspectos artísticos de forma elegante.

Está reconocido oficialmente como un deporte, y no solo eso, sino que la International Pole Sport Federation está luchando para que su disciplina sea olímpica más pronto que tarde. No es de extrañar este deseo si tenemos en cuenta que las figuras que hacen los deportistas colgados de una barra de cuatro metros de alto y 45 milímetros de ancho tienen poco que envidiar a las que podrían apreciarse en cualquier competición de gimnasia rítmica o calistenia. Una mezcla de ambas podría resultar en el Pole Sport, un deporte aconsejado además para todos los públicos.

Pole jienense

Así lo asegura al menos una jienense que hace años que se enamoró de este deporte y ha hecho de él su profesión y su pasión. Rouse de la Cruz es a sus 31 años de edad la propietaria de una escuela que enseña este deporte en Jaén capital y que cuenta con alrededor de 150 alumnas a las que forma no solo para ofrecer exhibiciones a las que merece y mucho la pena asistir, sino también para competir. Y no le está yendo nada mal.

Rouse ha estado ya en tres campeonatos de España y ha conseguido en el último de ellos, celebrado en Tarragona a final de febrero de este año, que su academia Bodywave sea la tercera que más alumnas ha presentado a competición. Fueron 14 en total las chicas que viajaron hasta tierras catalanas para medirse con las mejores bailarinas de nuestro país y el resultado fueron seis medallas que viajaron en el autobús de vuelta para Jaén.

¿Cómo se compite? Pues no le falta complejidad al asunto. Si ya les puede resultar extenuante pensar en una coreografía en la que los movimientos se coordinen a la perfección con la música y hacerlo además colgado de una barra de acero, imagínense hacerlo durante cuatro minutos y con la atenta mirada de 12 jueces observándole.

Para que se hagan una idea, un ejercicio de gimnasia rítmica de unas Olimpiadas dura un minuto y medio, lejos del tremendo esfuerzo que debe realizar un bailarín de Pole Dance en una rutina en la que no puede pasar más de 40 segundos en total sin tocar la barra y en la que tiene que incorporar de forma obligatoria cuatros figuradas que tienen su dificultad en la fuerza y cuatro en la flexibilidad.

Deporte audiovisual

Todo esto lo ha ido aprendiendo a base de dedicación, tiempo y formación Rouse, que ahora se encarga de transmitírselo a sus pupilas con la confianza de saber que el trabajo está dando sus frutos. Ella es una de las que compite a la vez que instruye a sus alumnas y además de prepara concienzudamente los torneos en los que participan.

Sus estudios en Realización de Audiovisuales le han servido para manejarse como pez en el agua en la creación de coreografías en la que también usa su dilatada experiencia como bailarina. La música es parte fundamental de los espectáculos que ofrecen en las competiciones, pero van más allá. En Tarragona combinaron la música y los movimientos de los deportistas con un argumento que se transmitió al público en forma de proyecciones, consiguiendo que no solo se agradase la vista de los asistentes, sino que también se envió un mensaje a los mismo.

Esta formación y experiencia que acumula Rouse están haciendo que su escuela esté cada vez más demandada. «Podría mentir y decir que me costó mucho esfuerzo que la escuela se llenase de alumnas, pero lo cierto es que no me he tenido que preocupar de ir a la calle a por ellas. Comencé hace cuatro años con diez alumnas de mi entorno, que sabían a lo que me dedicaba, y poco a poco se ha ido extendiendo hasta los alrededor de 150 alumnos que tengo actualmente», explica ella misma.

Para hombres y mujeres

Reconoce que aunque la inmensa mayoría de los que lo practican son mujeres, cada vez son más lo chicos que se interesan en esta actividad. «Nosotros tenemos tres alumnos en nuestra escuela, pero cuando vas a los campeonatos de España ves a hombre hacer unas figuras espectaculares sobre las barras», afirma.

Y va más allá a la hora de ofrecer argumentos que inciten a los hombres a practicar este deporte: «Una de las cosas que he observado haciendo Pole Sport es que el cuerpo de los hombres cambia de una forma diferente a cuando realizan otro tipo de ejercicios. El trabajo que están acostumbrados a hacer no tonifica igual que esto. Esta es una actividad muy isométrica, en la que se ejercita todo a la vez, y eso hace que queden cuerpos muy bonitos. Mientras que estás subido en la barra estás apretando como si no hubiese un mañana para no caerte, pues se te queda un cuerpazo».

Pero los beneficios no iban a ser solo para el género masculino. El Pole Sport es una disciplina en la que se necesitan fuerza, flexibilidad y resistencia, capacidades que no necesariamente se tienen que haber trabajo con anterioridad para practicarlo. Rouse nos cuenta cómo este deporte ayuda a personas que no habían estado vinculadas a la actividad física a sentirse mejor consigo mismas y a ganar en calidad de vida.

«Mi deporte además está muy guay porque trabajo con muchas mujeres que han olvidado o nunca han experimentado lo que es hacer deporte. Los chicos siempre tienen un partido con los amigos o jugar al pádel, pero hay muchas mujeres de una determinada edad que nunca han hecho deporte. Yo trabajo con algunas madres no tienen condición física y están flipando porque el deporte les genera un bienestar increíble. El Pole Dance es un deporte muy asequible para la mujer», añade la jienense.

Superación

Sean mujeres o hombres, las personas que se enfrentan por primera vez al Pole Sport se encuentran con la impresión que causa a una barra a la que hay que subirse sin saber cómo. «Lo primero que experimenta la gente que viene a mis clases, al ver la dificultad, es pensar que no van a ser capaces de hacerlo y luego cuando lo consiguen lo 'flipan'. Cuando ven los resultados tienen una descarga de adrenalina y se enganchan», añade Rouse.

El progreso está garantizado siempre y cuando al frente de nuestra formación esté una persona que cuente con la titulación adecuada y sepa transmitirnos lo necesario para que aprendamos con la seguridad necesaria para evitar lesiones.

La propia profesora jienense advierte de la necesidad de que la persona que enseñe este deporte tenga una formación adecuada. La altura a la que se ejecutan algunas figuras, la fuerza necesaria para ello y la complejidad de los movimientos que hay que hacer para elaborarlas hace que sin una buena preparación o sin los consejos de un profesor experto puedan aparecer las lesiones.

Rouse asegura que en todo el tiempo que lleva practicando su deporte solo se ha lesionado una vez (culpa de una caída) pero que sí que es consciente de que hay mucha gente que comete imprudencias. «Se de niñas que han venido contando que cuando han hablado del Pole Sport en el colegio otras niñas les han contando que sus padres les han puesto una barra en su casa para que aprendan por su cuenta y eso es una temeridad. Yo he tenido que formarme mucho, porque al final tratamos con personas que tienen su vida y su trabajo y no se pueden permitir por un hobby lesionarse un codo o una muñeca», nos cuenta.

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