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El adiós del presidente del mejor Villacarrillo

Francisco Martínez en la presentación de un jugador./
Francisco Martínez en la presentación de un jugador.

Francisco José Martínez deja la entidad celeste después de diez años al frente | Bajo su mandato el club firmó dos ascensos a categoría nacional, llegando incluso a rozar el play off a Segunda B

DIEGO J. GONZÁLEZVILLACARRILLO

«Después de diez años al frente de este club, me veo en la obligación de dar un paso atrás. Jamás pensé que tendría que dejar mi cargo después de poner en riesgo la estabilidad económica de mi familia...». Mediante un escueto y totalmente inesperado comunicado en sus redes sociales, el Villacarrillo CF anunció la marcha de su presidente, Francisco José Martínez.

Recién iniciada su decimosegunda temporada al timón de la nave celeste, justo horas antes del debut del equipo en casa y, para más inri, en la semana grande de la localidad, el club campiñés oficializaba la dimisión de su máximo dirigente, dejando perplejos a los aficionados del equipo de Las Villas. El partido contra el Torremolinos quedó relegado a un segundo plano; las conversaciones en el Veracruz versaban únicamente sobre la dimisión de Francis. «¿Y ahora qué?», solía concluirse en los corrillos del graderío.

Martínez cogió las riendas de un club desnortado allá por 2008, refundado dos años antes y que vagaba por el antiguo grupo oriental de la Regional jienense. En sólo cuatro campañas lo elevó a categoría nacional, luego de lograr tres campeonatos. Su ambición erigió al Villacarrillo CF en un referente futbolístico no sólo a nivel provincial, sino autonómico, llegando incluso a rozar los play-off de ascenso a Segunda División B en 2013, entonces con Alberto Lasarte en el banquillo.

Durante su mandato, el Veracruz acogió a más de 2.500 espectadores ante el Linares

Sin embargo, los escasos apoyos públicos y privados en el entorno de un pueblo de menos de 10.000 habitantes con un limitado tejido empresarial y reacio al desafío, conllevaron reducciones presupuestarias que abocaron al equipo al descenso tras tres años en Tercera. El fútbol, sobre todo a estos niveles, es cuestión de ciclos. Y el del glorioso Villacarrillo de Francis languidecía poco a poco.

No obstante, dos años después, en mayo de 2017, el conjunto celeste volvería a subir a categoría nacional, esta vez sin la fastuosidad del primer ascenso, mas logrando un retorno impensable para muchos. Desgraciadamente, el Villacarrillo no logró mantenerse en el mortífero Grupo IX de 22 equipos y actualmente se halla en División de Honor, lejos de las aspiraciones de antaño.

En clubes tan humildes como el celeste, las gestiones importantes las llevan a cabo dos o tres personas, lo que equivale a afirmar que un presidente puede representar media entidad. Es el caso del Villacarrillo CF y de Francisco José Martínez. Quebraderos de cabeza, presiones, dificultades para cumplir con los compromisos; cuadraturas de círculos para confeccionar presupuestos, reinvenciones obligadas. Un día a día complicado para un enamorado del fútbol que fue paulatinamente padeciendo en sus carnes el dolor que acarrea la pasión.

Me encontré con Francis en el descanso del encuentro del domingo y le expresé lo que todos los allí presentes se preguntaban: «¿por qué?». Muy afectado, tomando aire y ganando tiempo para prepararse una respuesta concisa y coherente, me contestó que había reparado de una vez por todas en la deriva económica a la que el fútbol le estaba llevando, no sólo a él, sino a su familia. No podía más, le estaba costando el dinero mantenerse al frente del club. Ojos vidriosos, voz entrecortada; profunda desazón por abandonar algo indisociable de su vida y preocupación por su futuro y el de la entidad.

Logros

Pero momento también para sacar pecho por lo logrado: evocó aquel partido frente al Linares ante 2.500 espectadores, el posterior ascenso; los equipos que desfilaron por el Veracruz y los futbolistas que ahora vemos por televisión. Planteó si Villacarrillo volvería a vivir momentos así, y mi negativa fue rotunda. Nunca más se abarrotará el Veracruz; nunca más tantos campiñeses arroparán a su equipo a domicilio; nunca más el Villacarrillo llegará tan alto.

Se va el artífice de exportar el nombre de un pueblo por los rincones de Andalucía y de permitir soñar cada domingo a centenares de villacarrillenses, aunque seguramente no será homenajeado ni su nombre lucirá en ninguna placa.