Fútbol provincial

Los líos con los grupos y el escaso césped natural

El césped de la Ciudad Deportiva de Maracena. /RAMÓN L. PÉREZ
El césped de la Ciudad Deportiva de Maracena. / RAMÓN L. PÉREZ

Cada temporada surgen controversias por los arrastres en los descensos en estos niveles, donde sólo quedan cinco campos de hierba

Rafael Lamelas
RAFAEL LAMELASGRANADA

Uno de los asuntos más controvertidos que atañen a la regulación de las categorías es la composición en cuanto a número de equipos. La campaña pasada, el grupo IX de Tercera división, en el que estaban los granadinos, tuvo 22 conjuntos; en la División de Honor que les corresponde bajaron ocho de las escuadras en liza. Los arrastres que vienen de Segunda B ocasionan coyunturas. También hay reclamaciones, exclusiones o cuadros que al final no se inscriben y que alteran los emparejamientos, con grupos impares y jornadas de descanso.

Aunque las soluciones han variado en los últimos años y la normativa ha tenido puntos subjetivos que podían ser interpretados de una manera u otra, desde el verano de 2018 todo quedó por escrito en una circular a la que se tenían que ceñir los competidores. «A partir de julio ya se sabía quién subía y quién bajaba. Se crea una polémica estéril», constata Molina Maza.

El dirigente explica todo el proceso: «Cuando empieza la competición, afecta lo que viene de arriba. En este caso, de Segunda B. Si bajan equipos que le corresponda el grupo IX de Tercera, hay que hacerles hueco. En esta temporada han sido tres y no subió ninguno. Todo esto provocó que en principio tuvieran que bajar ocho a División de Honor. El grupo IX de Tercera era supernumerario, con 22 equipos, por lo que tenían que descender cinco en lugar de tres para reducirlo. Si hubiera subido el Linares, que estuvo a punto, habrían sido cuatro. Tres sí bajaban fijos. Tercera tiene que estar con 20 y la División de Honor con 18», repasa. En esta última subieron dos y descendieron ocho. El asunto se vuelve más complejo porque Melilla puede tener siempre un equipo, como sucede en la Primera Andaluza sénior.

Esta campaña, el grupo II de División de Honor tendrá al final 19 escuadras porque se ha sumado una granadina al encontrar una vía burocrática. «El Céltic de Pulianas había bajado, pero mandó un recurso por alineación indebida a Disciplina Deportiva, comité regido por la Junta de Andalucía, y le dio la razón. En la Federación, una vez pasado el 1 de julio, con temporada nueva en vigor, tenemos una resolución que dice que si Disciplina Deportiva nos obliga a esto, no bajamos a nadie, pero que se corrige al curso siguiente. En lugar de bajar cuatro, bajarán cinco», agrega.

En la Primera Andaluza se ha producido otra incidencia. El Campotéjar renunció a su plaza por motivos económicos. El primer candidato a sustituirlo fue el Atlético Ogíjares, que no sólo no aceptó, sino que renunció a su lugar también en Segunda Andaluza. El que sí parece dispuesto a aceptarlo es el Huétor Tájar B. Se oficializará esta semana si no hay inconvenientes.

Terrenos sintéticos

La provincia está salpicada de campos de fútbol en la mayoría de localidades, pero casi todos se han reciclado a césped sintético. Los únicos que mantienen la hierba natural, aparte del estadio Nuevo Los Cármenes y la ciudad deportiva del Granada, son el Municipal de Maracena, el estadio Constantino Navarro de Baza, el Escribano Castilla de Motril, el Francisco Bonet de Almuñécar y la ciudad deportiva Diputación, en Armilla –allí jugará el Cubillas, de División de Honor–. Oasis para practicar este deporte en la superficie en la que suelen actuar los profesionales, pero que resultan inviables para las economías de clubes o ayuntamientos, que suelen ser los propietarios.

Fue el motivo por el que algunas localidades renunciaron a ellos, como pasó en Guadix o Armilla, aunque hay otro motivo fundamental. «A mí me encanta el césped natural», defiende Molina Maza, «pero es muy complicado mantenerlo. Tendríamos menos instalaciones o estarían destrozadas, y esto es perjudicial para la rotación de esos campos, a los que se les puede dar más uso para la cantera o el fútbol aficionado. Nosotros lo tuvimos en Armilla y los costes anuales pueden alcanzar los 100.000 euros. El nuestro estaba muy bien; llegó a entrenar la selección española sub-21 allí. Tiene unas horas de uso máximas, que son unas 11, y no se puede ir más allá. En Maracena, cuando alternan el primer equipo y el Juvenil de Liga Nacional, se suele venir abajo. Como se pise más tiempo del indicado, se revienta, más en invierno», profundiza.