Solidaridad: Bouhaddouz y Sánchez

Es obligado compadecerse de los futbolistas que hunden sin querer a sus equipos

Bouhaddouz se lamenta tras el gol en propia meta ante Irán./Afp
Bouhaddouz se lamenta tras el gol en propia meta ante Irán. / Afp
JON AGIRIANO

Los Mundiales tienen tanta trascendencia que es obligado entender la enorme presión que soportan los jugadores. Y no solo entenderla sino preocuparse por ella. Hablamos, sobre todo, del impacto brutal que tienen los errores de bulto. Nos referimos, por tanto, a aquellos futbolistas que, en un momento crucial, ante los ojos del mundo, han tenido la mala suerte de cometer un error grosero que acaba hundiendo a su equipo y saben que ese estigma les va a perseguir siempre.

En España hay dos casos paradigmáticos. Por un lado, Julio Cardeñosa, futbolista finísimo, leyenda del Betis, a quien, sin embargo, se le recuerda sobre todo por aquel gol cantado que falló ante Brasil en el Mundial de Argentina. Hagan ustedes la prueba y busquen Cardeñosa en Google. Tras la primera mención de la Wikipedia y una segunda relativa a un pequeño municipio de Ávila, ya vienen los vídeos de aquel error en el estadio Mar de Plata el 7 de junio de 1978. El segundo caso es el de Julio Salinas. Aunque su fallo ante Pagliuca en el Mundial de EE UU no ha tenido tanto recorrido como el de Cardeñosa, ahí sigue todavía, vivito y coleando en el recuerdo.

Es obligado, por tanto, solidarizarse con los villanos de este Mundial. Cómo no compadecerse de Aziz Bouhaddouz. Toda su vida deseando ser internacional con Marruecos, país del que emigró con sus padres a Alemania siendo un niño. Lo logra hace dos años, ya con 29. Y llega a Rusia rebosante de ilusión. Siendo delantero, seguro que sueña con marcar un gol, a ser posible el de la victoria. Y Bouhaddouz va y lo marca sí, pero en su propia portería en el tiempo de descuento, provocando la derrota de su equipo. Y cómo no pensar ayer en el colombiano Carlos Sánchez, autor del segundo penalti más rápido de la historia de los Mundiales y uno de los más tontos. A los 2 minutos y 59 segundos, sacó el brazo a pasear vaya usted a saber por qué. Penalti, expulsión y Colombia que acaba perdiendo con Japón 1-2 tras jugar con uno menos casi todo el partido. Confiemos en que su apodo -La Roca- sea por algo.