Maneras de celebrar

Maneras de celebrar
Gaizka Mendieta
GAIZKA MENDIETA

El fútbol no deja de sorprenderme. Oxford Street en Londres repleto de ingleses celebrando la victoria contra Túnez como si hubieran ganado la Copa. Tráfico parado, cánticos, locura colectiva en el corazón comercial de Londres. ¡De no creer! ¿Qué ocurrirá si ganan la copa? Son más que capaces de tomar Buckingham Palace como 'fan zone' para una enorme noche de cerveza y excesos.

Irán, donde he podido disputar algunos partidos de leyenda en últimos años, vive el fútbol con una pasión enorme, nada que envidiar de 'las torcidas brasileñas' - pero cuando juegan en casa lo hacen sin mujeres en los estadios-. En Rusia son los mismos iraníes los que felizmente acceden al estadio con sus mujeres y celebran todo lo que rodea el mundo del fútbol de una manera realmente vistosa e impensable en su país.

No quiero entrar a comentar 'la dureza' que Alemania, Argentina y Brasil reciben a través de las redes sociales. Es realmente triste que este mundo digital y virtual permita que cualquier opinión se convierta en viral y sin mirar ni de dónde sale la opinión, ni de quien y mucho menos el daño que hace a todos los que amamos este deporte. ¿Dónde están los límites? Estoy seguro que los promotores de toda esta basura son los mimos que se apuntan a los éxitos cuando llegan.

Pero para celebrar, México, en noventa minutos sus jugadores han pasado de ser demonios a ser ángeles.

Creo que nadie se acuerda que México lleva 6 copas del mundo consecutivas - desde USA 94 - alcanzando los octavos de final de la competición. Eso sí, nunca accediendo a cuartos. Me recuerda a España hasta la Euro del 2008. Volvamos a la celebración de México. ¿Quién duda que, si pierden el próximo partido, volverán a ser diablos?

¿No se habrán precipitado un poco? Bueno, era Alemania.

Y así podríamos seguir hasta llegar a las 32 selecciones y a sus formas de celebrar el éxito o la de enfrentarse al fracaso.

Senegal celebra los goles y el triunfo con bailes colectivos, sonrisas generalizadas y alegría desbordada. Todo esto nos hace recordar que Africa está representada, por fin vemos a los africanos que tanta simpatía aportan al juego.

No tienen mucho que celebrar, pero los australianos lo harían con sus hijos, con los que van al estadio y que son los aficionados del futuro.

Y, que decir aquellos que buscan a sus familiares en las gradas, los mismo que luego logran viralizar el momento de gloria en sus redes propias y ajenas.

La Copa del Mundo es un menú completo de celebraciones.

Al otro lado de la moneda están los jugadores que puestos de rodillas en el terreno de juego nada más terminar el partido, con una seriedad que asusta, dan las gracias al cielo.

Menos mal que en la Copa del Mundo no tenemos jugadores que por respeto a su club anterior no celebran los goles con el club que le paga o aquellos que buscan una cámara para mandar un mensaje que es parte de su estrategia comercial.

Creo que de alguna forma echo en falta aquellas celebraciones, las que representan las viejas tradiciones del fútbol.

Pero quién busca a los aficionados que les apoyan desde el minuto uno al noventa. Ya no se celebran los goles con ellos - no lo entiendo. Celebrar un gol o el triunfo con los aficionados anónimos que se llevarán el recuerdo del momento para siempre y que recordarán el detalle del jugador hasta elevarlo a los altares.

Puestos a terminar las particulares celebraciones… olvidarme de Manolo «el del bombo» no sería justo.