Mundial 2018

Rusia 2018

Francia-Croacia: combate de ideales en Luznhiki

La nueva generación del fútbol croata, tras apear 'in extremis' a Dinamarca, Rusia e Inglaterra, en la imagen, ha dado alas al sueño truncado en el Mundial de 1998./REUTERS
La nueva generación del fútbol croata, tras apear 'in extremis' a Dinamarca, Rusia e Inglaterra, en la imagen, ha dado alas al sueño truncado en el Mundial de 1998. / REUTERS

La final cierra mañana el Mundial de Rusia enfrenta dos maneras de entender una selección y de buscar la victoria

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

Liberté, Egalité, Mbappé'. Es el eslogan que lucía la camiseta de un aficionado francés tras el 1-0 sobre Bélgica que dio a su selección el pase a la final. La fiereza de Croacia, suavizada por su dominio del juego, chocará mañana (estadio de Luzhniki, 17.00 horas, Tele 5) con el secular espíritu galo, simbolizado por una selección de relumbrón mediático y descomunal potencia física, en la que sólo cuatro jugadores son de padre y madre franceses (el capitán Lloris, Pavard, Giroud y Thauvin). Un colectivo construido por el tándem que forman el entrenador vasco Didier Deschamps, originario de Bayona, y su gran amigo bretón, Nöel Le Graët, de 76 años, presidente de la Federación Francesa de Fútbol.

Un hombre singular este último, conocido por las siglas NLG, fundador del grupo agroalimentario de su propiedad y expresidente del club de Guingamp, población de la que fue alcalde socialista. NLG y Deschamps llegan a la gran cita de Moscú unidos por una relación que está por encima de la habitual entre jefe y subordinado. El técnico de los 'Bleus' se volcó en invierno con su presidente cuando éste tuvo que tratarse de una leucemia, y ambos cultivan un concepto de la lealtad y una filosofía de vida que los ha llevado a ellos y a su selección a las puertas del éxito en Rusia 2018. NLG suele presenciar a los entrenamientos de Francia en la concentración de Istra, a 60 kilómetros de Moscú, y según lo retrató 'Le Monde', disfruta con el olor del césped recién regado. Para él y Deschamps nada es imposible si se aplican a partes iguales el pragmatismo y el culto a la victoria, sea cual fuere el resultado con el que se consiga.

Cauterizar la herida de 2016

Esa bandera, la del triunfo como único escenario, sólo exhibe un descosido. La derrota de Francia en su propia casa ante Portugal en la final de la Eurocopa de 2016. Deschamps insiste a todo el que quiere escucharle que esa herida no ha cicatrizado y sólo la puede cauterizar un gran triunfo. La oportunidad de anotárselo la brinda mañana la representación futbolística de un país mucho más joven que el francés, con 4,3 millones de habitantes y 800 futbolistas profesionales, pero con un ego patriótico y deportivo tan inflamado o más.

De nuevo aparece aquella Croacia que, con poco más de un lustro como estado independiente, tras la sanguinaria guerra de los Balcanes, cayó en las semifinales del Mundial de 1998 ante los anfitriones Bleus. Eran los Zidane, Thuram, Blanc y compañía que acabaron proclamándose vencedores y reformularon la identidad francesa con el famoso lema 'Black, blanc, beur' (negro, blanco, árabe), un estandarte observado hoy en Francia con más escepticismo tras las revueltas de las 'banlieues' (barriadas) y los atentados del radicalismo islámico, pero que Deschamps ha modernizado con la foto de los Mbappé, Griezmann (su padre es de origen alemán), Umtiti, Matuidi, Kanté, Varane, Lucas Hernandez...

A la gestación del original de esa instantánea, aquella que la sociedad francesa se hizo de sí misma al llevarse el Mundial de 1998 les tocó asistir como convidados de piedra a los entonces internacionales croatas Davor Suker, Jarni y Boban, condenados a digerir la derrota en semifinales de un país menos diverso, pequeño y recién llegado al concierto internacional. Dos décadas después, Suker preside la Federación de Fútbol de Croacia, y desde ese sillón opone a su homólogo francés Nöel Le Graët otro brillante equipo del Este curtido en las mejores ligas del Oeste, conceptos geopolíticos que vuelven a tener sentido. Es el combinado que forman Modric, Rakitic, Mandzukic, Subasic, Vrsaljko, Perisic, Strinic, Vida... Nombres para saldar cuentas con Deschamps, ya que este fue el capitán de la Francia que hizo trizas el sueño de Suker como jugador.

Para dar curso a la revancha, los croatas tienen una herramienta en su ADN: competir, luchar, términos que en el griego antiguo hablado en otro tiempo en los Balcanes se expresaban con el vocablo 'agon', del que procede precisamente 'agonía'. Agonizar es lo que ha hecho la talentosa Croacia en este Mundial en el que los observadores están dando por sentado que las tres prórrogas que ha tenido que superar después de la fase de grupos (en las eliminatorias con Dinamarca, Rusia y por último Inglaterra) le pasarán factura en la final. No les faltan razones, pero cabe preguntarse si en vez de ser un lastre, esas prórrogas son el síntoma de una actitud indomable, del hambre de triunfo de un conjunto que, además de ofrecer un espectacular rendimiento con una docena de jugadores, desarrolla buen fútbol. Y ese es el único reproche que los franceses le hacen al equipo-apisonadora que ha diseñado Deschamps.

Chocarán en Luzhniki dos ideales. El de la selección francesa se basa en el físico y el colectivo, y el de la croata se traduce en el aprecio al balón. Los galos ceden la iniciativa y noquean con el puño de Mbappé, mientras que Modric y Rakitic prefieren ser ellos los que mueven la pelota, aunque su equipo flojee en defensa. ¿Pero quizá les está beneficiando esa suerte que en última instancia bendice a los que van a ser vencedores?

A Croacia le ha tocado el lado bueno de las eliminatorias del Mundial, mientras que Francia ha tumbado a rivales más duros (una triste Argentina, una buena Uruguay y una Bélgica sólida y brillante). Es favorita, pero Deschamps es consciente de que los hombres de Zlatko Dalic, técnico croata, han sabido reaccionar con los partidos cuesta arriba y no se rinden. Los puntales del equipo balcánico están en la treintena y es su última oportunidad para coser una estrella en la camiseta (ganador de un Mundial).

Francia es más joven -la edad media de sus jugadores es de 26 años-, pero tiene figuras acuciadas por la presión. Son los 'grognards' (veteranos), los 'líderes de la cordada', según la expresión acuñada en política por el presidente de la República, Emmanuel Macron, que acudió a desayunar a la concentración de su selección antes de que partiera a Rusia. Esos líderes llevaron el peso de la victoria sobre Bélgica y son repetidores de Brasil 2014: Hugo Lloris, Varanne, Matuidi, Giroud, Griezmann, y Pogba. A ellos se suman Kanté y Umtiti, que estuvieron en la triste Eurocopa 2016. Todos deben sanar aquella herida.

Fotos

Vídeos