Mundial 2018

Rusia 2018

El fútbol se acerca a casa

Southgate, con su chaleco ya característico./Reuters
Southgate, con su chaleco ya característico. / Reuters

Delirio inglés por una campaña rusa guiada por un general bondadoso y con chaleco

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

En la saga de padecimientos ingleses en las competiciones internacionales desde 1966, hay dos relativamente recientes que fueron inexcusables. La segunda parte del partido contra Islandia en la Eurocopa de hace dos años fue el más asombroso. El equipo en el campo y el cuerpo técnico en el banquillo perdieron la conexión cerebral con el planeta tierra y flotaron atontados hacia la humillación. La noche del 21 de noviembre de 2007 fue distinta. Inglaterra perdió contra Croacia en Wembley por fallos de un portero neófito y el desorden general, pero perder contra los croatas no es humillante para nadie que conozca la historia del fútbol. Lo que indignó a los hinchas fue la estampa del entrenador, Steve McClaren, protegiéndose con un paraguas de golf de la lluvia que caía sobre Wembley.

Los héroes británicos son gaiteros que avanzan con falda y un cuchillo hacia el fuego enemigo tocando baladas que evocan al terruño y allí estaba McClaren preocupado porque el chaparrón desnudase su incipiente calvicie mientras la patria del fútbol yacía en el césped sagrado. Es lógico que con tal antecedente otra prenda, el chaleco de Gareth Southgate, se haya convertido ahora en icono nacional.

Hinchas o presentadores de televisión visten chalecos; hay llamamientos para que hoy se luzcan en las gradas de Moscú y en las calles inglesas; en Marks & Spencer, que provee el vestuario de la selección, se han agotado las existencias, a unos 70 euros la unidad; hinchas del Leeds habrían enviado un chaleco a su nuevo entrenador, Marcelo Bielsa. Ponerse un chaleco para ver un partido de fútbol, con una temperatura de más de 20 grados, es el nuevo estoicismo inglés.

Pero la adoración por el seleccionador no se limita a su porte. Se elogia ante todo su extraordinaria estatura moral. Un usuario humorista de Twitter, 'Phlegm Clandango', publicó tras la victoria de Inglaterra contra Colombia este mensaje: «He bebido una cerveza y estoy emocionado, pero sinceramente pienso que, si me lo pidiese, yo le prestaría a Gareth Southgate mi taladro».

Uno de sus seguidores, Paul Smith, le respondió: «Sabes que te lo devolvería en mejor estado y probablemente te regalaría una botella de vino para agradecértelo».

Southgate fue a consolar a los futbolistas colombianos tras la tanda de penaltis y fue fotografiado en un gesto especialmente cariñoso con Mateus Uribe, que falló el suyo. Inglaterra ganaba y además era amistosa con los rivales.

Smith creó el 'hashtag' «#GarethSouthgateWould» y Clandango emitió uno de los primeros mensajes asociados sobre las cosas buenas que el entrenador inglés haría: «Te llevaría al aeropuerto y no te pediría dinero para la gasolina». Southgate 'compraría una botella de agua y la dejaría libre en el océano' o «pondría mantequilla en un lado de la tostada y usaría otro cuchillo en el otro lado para no dejar migas en la mantequilla», son ejemplos de los miles de mensajes publicados.

Saludos imprevistos

El laborista Harold Wilson mantuvo que la derrota de la selección inglesa en el Mundial de México en 1970 le fastidió unas elecciones y ahora se ha escrito que en realidad los ingleses no querían el 'Brexit' sino esto, jugar bien en un campeonato internacional de fútbol. El tono vital del país es tan optimista que la irrupción del gamberrismo alcohólico ha provocado una reacción insólita.

Unos idiotas invadieron borrachos los grandes almacenes Ikea tras la victoria contra Suecia y se tiraron en las camas y dañaron muebles. Otros rodearon una ambulancia en Londres, saltaron sobre la carrocería y la destrozaron. Y un taxi, en Nottingham. Se han organizado colectas populares por hinchas de fútbol para comprar una nueva ambulancia y un vehículo para el taxista arruinado.

El día en que cayó Alemania, transeúntes varones con los que te cruzabas en la acera te sonreían y decían 'hi', hola, contra todos los precedentes. Los parroquianos de los pubs, en este julio caluroso, cantan en la calle tras cada victoria, especialmente el 'football is coming home', el fútbol regresa a casa, himno popular del Euro 1996, en el que Inglaterra (tras eliminar a España con ayuda de un arbitraje risible) cayó en semifinales, por penaltis, ante Alemania. Soutghate falló el penalti decisivo.

Fotos

Vídeos