LEB Oro

El diapasón para marcar el ritmo idóneo en pista

El diapasón para marcar el ritmo idóneo en pista

Su sobriedad en la toma de decisiones le conceden galones de comandante cuando pisa la cancha, al imprimir intensidad atrás y ser letal en los lanzamientos de tres

JUANJO MARTÍNGranada

Los entrenadores suelen meditar largo y tendido a la hora de contratar a su principal director de juego, el encargado de trasladar las instrucciones del técnico desde el banquillo y de dirigir a sus compañeros a ambos lados de la cancha. No se trata de una elección baladí ante la enorme responsabilidad que conlleva, si bien Pablo Pin está muy tranquilo en ese sentido desde que hace tres años aterrizó Carlos de Cobos en el Covirán. El base, nacido en Sao Paulo pero criado desde pequeño en Málaga, se ha convertido en un seguro de vida para el 'míster' nazarí, quien le ha confiado ciegamente las llaves de un equipo que ha sabido conducir desde LEB Plata hasta lo más alto en Oro.

'Carlinhos' destila una veteranía superior a la de otros jugadores que acaban de rebasar la treintena. A sus 31 años, el hispano-brasileño cuenta con un sinfín de batallas a sus espaldas, por lo que sabe en todo momento qué hacer para cumplir los objetivos del colectivo, al que siempre pone por delante. Esa ha sido su eterna prioridad, por mucho que haya evolucionado De Cobos desde su llegada a Granada.

El aficionado al baloncesto de la segunda categoría nacional recordaba a un espigado base que distribuía bien la bola, pero no conocía la faceta más afilada del jugador. Sin embargo, desde que se integró en la disciplina rojinegra, el '1' ha experimentado una metamorfosis que ya se vislumbró en los 'play offs' de Plata que disputó con el Clínicas Rincón. Aun así, no fue hasta que se enroló en el cuadro nazarí cuando terminó de explotar su casi inexistente vena anotadora. 'Carlinhos' se había prodigado poco en su carrera con los lanzamientos exteriores, pero eso cambió en el momento en que se puso a las órdenes de Pin. Su porcentaje en triples creció hasta rondar el 40% de eficacia, una auténtica barbaridad teniendo en cuenta sus pobres antecedentes.

Esa puntería exhibida justificaron la apuesta para que De Cobos tuviese carta blanca para mirar el aro cada vez que quisiera. Su sobriedad le impulsa a un fuerte autocontrol para no abusar de esa bula, por lo que sólo arma el brazo cuando ve realmente un resquicio en la defensa o tiene uno de esos días en los que contempla el aro como una inmensa piscina, como le sucedió ante Araberri (7/8 en triples). Otras veces no necesita estar tocado por una varita y le basta con un golpear una vez desde fuera en un momento clave. Así lo hizo frente a Bilbao en el Palacio, un partido en el que llevaba 1/5 en tiros de tres y en el que selló el triunfo con un triple que rompió la 'zona' plantada por Mumbrú y puso al Covirán con cuatro puntos de ventaja en el último minuto. En el resto de choques no se obcecó y optó por circular el balón cuando le faltó esa inspiración tiradora.

Empero, la acerada muñeca de 'Carlinhos' no deja de ser el ingrediente extra para un jugador cuya principal virtud reside en su innato liderazgo y en su maestría defensiva. Pertinaces anotadores como Robinson (Araberri), Vasturia (Palencia), Font (Barça B) o Zamora (Ourense) saben bien cómo se las gasta en defensa. Al malagueño poco le asusta la envergadura de su oponente gracias a su 1'92 de altura, lo que le habilita para cubrir a la amenaza exterior del adversario de turno, con independencia de la posición que ocupe. Desde bases a aleros, el capitán sabe que mientras esté en cancha le toca 'bailar' con la estrella rival, a la que suele neutralizar gracias a su intensidad y buenas lecturas del juego. Ese don para 'secar' a su objetivo marca el ritmo en pista trasera al que debe carburar el resto del quinteto granadinista, que se mueve bajo la cadencia establecida por 'Carlinhos'.

El son perdió algo de armonía en los 'play offs' ante Palma, al que llegó ya castigado en el plano físico. Sus 16 puntos en el segundo encuentro fueron el único destello en una eliminatoria en la que, pese a todo, defendió bien al escolta Biviá. Tras renovar por otra campaña más, el Covirán seguirá danzando de este modo al paso que fije el diapasón por excelencia de los nazaríes.